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2 La conversión de San Pablo es un verdadero kairós de ayer, de hoy y de siempre. En Pablo puede mirarse cualquier hombre o mujer de cualquier cultura, tiempo y de cualquier edad, para descubrir cómo puede una persona apasionarse por una causa noble, cómo ser amigo a tiempo y a destiempo, y como sentirse servidor incansable del Evangelio. [ ] [ ] Este domingo correspondería al 3ro del Tiempo Común (Ordinario), pero como es 25 de enero, día de la conversión de San Pablo, la Iglesia ha preferido centrar en este gran acontecimiento la liturgia del día para realzar el año paulino. El libro de los Hechos de los Apóstoles, nos pone ante el itinerario de la conversión de Pablo. El Señor se le atravesó en el camino y lo cambió totalmente. De perseguidor según la pauta de su ley, hasta el punto de la inmisericordia, lo transformó en el hombre de la Ley del Amor y de la Reconciliación. Pablo, envuelto en la Luz Divina fue introducido en el misterio de Dios, como sucede en toda conversión. Y entrar en este misterio divino comienza por una serie de cambios y movimientos de la mente y el corazón en los que convergen el hoy y el ayer de nuestras vidas, para interrogarnos por el hacia dónde de nuestro rumbo. El esplendor de la luz cegadora hace que todo se vuelva pregunta, se vuelva búsqueda. Se juntan alegrías y tristezas, consolación y desolación. Hasta que el convocado emprende por sí mismo los primeros pasos del discernimiento, aprendiendo a distinguir lo que es de Dios y lo que no lo es.
3 En toda conversión intervienen muchos aspectos y personas. Y Pablo también lo ha vivido así. Él ha estado acompañado por grandes hombres como Ananías, que le revela la compasión de Dios [ ananías = hănanyă = compasión ], devolviéndole la visión y mostrándole lo que quiere de él. Y no puede ser de otro modo porque la intervención de los hombres y mujeres de Dios sólo puede ser primordialmente misericordia y compasión. Por eso Pablo experimenta en carne propia, 1°) la mediación divina, 2°) los multiformes medios de la actuación del cielo, 3°) la poderosa fuerza de la amistad, y 4°) la gran capacidad de engendrar en la fe que tiene la Palabra. Por eso, a partir de este momento, Pablo se apropiará de estos cuatro modos como sus mejores instrumentos para vivir como testigo, para servir como apóstol, para desarrollarse como mensajero, y para ganar multiculturales hombres y mujeres para Dios. [ ] El camino de conversión experimentado por Pablo no ha sido a escondidas. La gracia de la fe y del amor de Dios no puede ocultarse. No puede quedarse en la penumbra. Si somos puestos ante la luz cegadora de Dios es para que saboreemos a fondo que Dios es Dios, y para que gustemos internamente de su presencia que nos llena, nos saca y nos lanza. “No hay tiempo que perder”, se dirá Pablo en todo momento, incluso hasta el fin de su vida. Eso lo ha aprendido de Ananías, quien enérgicamente y de forma tierna a la vez, le dice: ¿qué esperas? levántate, recibe el bautismo, reconoce a Jesús como tu Señor, queda limpio de tus pecados y vete a anunciar el Evangelio. Y es así porque tanto fuego en el alma, tanta alegría en el corazón y tanta vida en las entrañas, no puede quedar dentro ni puede derrocharse en sí mismo. Toda esa gracia divina no es sino para que fecunde el mundo.
4 En aquellos días Pablo dijo al pueblo «Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí, en Jerusalén; fui alumno de Gamaliel y aprendí a observar en todo su rigor la Ley de nuestros padres y estaba tan lleno de fervor religioso, como lo están ustedes ahora. Perseguí a muerte a la religión cristiana, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y me dirigí hacia allá en busca de creyentes para traerlos presos a Jerusalén y castigarlos. Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo le respondí: Señor, ¿quién eres Tú? Él me contestó: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: ¿Qué debo hacer, Señor? Y el Señor me respondió: Levántate y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer. Como yo no podía ver, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano hasta Damasco. Allí, un hombre llamado Ananías, varón piadoso y observante de la ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: Saulo, hermano, recobra la vista. Inmediatamente recobré la vista y pude verlo. Él me dijo: El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque deberás atestiguar ante todos los hombres lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados. Palabra de Dios. [ ]
5 Al final, rezo el Padrenuestro, saboreando cada palabra.
6 Me sereno para esta cita con Dios. Me acomodo con una postura que implique todo mi ser. Al ritmo de la respiración doy lugar al silencio. ( Una y otra vez repito este ejercicio ) [ ]
7 [ Sigo adelante ] NOTA: La oración preparatoria me ayuda a experimentar libertad de apegos. La repito tantas veces como quiera, dejando que resuene en mí. NOTA: Este paso merece hacerlo con esmero. Le dedico unos 10 minutos.
8 Señor, que tu Palabra me sane y me lance a construir el Reino [ ]
9 La Luz cegadora de Dios se manifiesta de múltiples maneras porque el Espíritu Santo se comunica con cada uno según las propias circunstancias personales. Su luz no mengua al repartirla. Pero lo que sí es común a toda persona son los cambios y movimientos de la mente y del corazón que hacen converger el hoy y el ayer de la propia vida, provocando las interrogantes sobre el hacia dónde de nuestro rumbo. Que la luz cegadora de Dios que envolvió a Pablo nos muestre el rostro vivo de Jesús, y que al mirarlo sepamos descubrirnos amados y llamados a ser sus amigos y amigas para comunicar su alegría en la tierra.
10 [ ] La compasión de Dios es lo propio del amigo y amiga en el Señor. Es el fundamento y distintivo de tal amistad. Por eso hay que cultivar insistentemente el modo de ser compañeros y compañeras, para saber escuchar el dolor y la alegría ajena, para sostener al que se cae y alertar al que va de prisa, y para despertar en todos, nuevas pasiones por el Reino. Que aprendamos como Pablo a ser mediación de la compasión divina a través de la poderosa fuerza de la amistad que engendra nueva vida en la fe por la Palabra.
11 Dios mira hoy el mundo en el que habitan tan diversas personas a las que hay que comunicar con gozo y con fidelidad creativa la Buena Nueva de la Salvación. Por eso sigue diciendo: ¿qué esperas? Levántate, llénate del fuego de Jesucristo y comienza a llenarlo todo de Evangelio. Que nos hagamos audaces como Pablo, y así podamos re-crear (hacer de nuevo) nuestros encuentros familiares, nuestras comunidades cristianas y religiosas, y nuestros lugares de trabajo. Que comuniquemos sin miedo la fe, la esperanza y el amor. [ ]
12 [ Comienza el Cierre de la oración ] NECESITO DE TU ESPÍRITU Señor, ¡necesito de tu Espíritu!, de aquella fuerza divina que ha transformado tantos, haciéndoles capaces de gestos extraordinarios de entrega generosa a tu pueblo. Sintiendo el reto de la misión que me encomiendas, desearía yo, una acción muy profunda tuya en mi alma, que me concediera los tesoros de los dones que repartiste a tantos hombres y mujeres: de sabiduría e inteligencia, de consejo y fortaleza, de conocimiento y temor de Dios, que fue el ideal de tantas almas santas de esta tierra. Dame lo que diste a los Profetas. Que, aunque mi ser pequeño proteste, me vea forzado a hablar por la seducción soberana de tu Evangelio. Dame aquel Espíritu que lo escruta todo, lo sugiere todo y lo enseña todo. Aquel Espíritu que transformó a los débiles pescadores de Galilea en las columnas vivas de tu Iglesia, por el sencillo testimonio de su amor por sus hermanos. Aquel Espíritu que transformó la terquedad indómita de Pablo en la ruta de Damasco, colmándole de gracia su existencia para convertirlo en apóstol de tu Cristo. Y esta efusión vivificante será como una nueva creación de corazones transformados, de una sensibilidad receptiva a la voz que nos viene de nuestro Padre, de una fidelidad espontánea a su Palabra. Y así nos hallarás más fieles, más disponibles y más compañeros, para servir alegres a tu pueblo sediento de tu Reino. (Cf. Pedro Arrupe – “ Veni, creator Spiritus ”)
13 Para centrar la experiencia vivida en la Oración, respondo en forma sencilla las siguientes interrogantes: [ Termino con la oración siguiente ]
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