1 1 32 Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo [email protected] Traducción y Adaptación de Vers le Dimanche editado por Christ Source de Vie, Toulouse HACIA EL DOMINGO DE LA ASCENSIÓN Para Orar Cada Día el Evangelio del Domingo Próximo Del Lunes 2 al Domingo 8 de junio de 2014 Hacia el Domingo de Pentecostés Orar en el Corazón del Mundo: Por Europa Una manera de contemplar para amar: 7/7 Orar en la Casa: El canto del Espíritu Hacia el Domingo de Pentecostés Evangelio de Jesucristo según san Juan Capítulo 20, versículos 19-23 “[Después de la muerte de Jesús] Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
2 5 76 4 M AR 3 M IÉ 4 L UN 2 J UE 5 La resurrección de Jesús no es una historia “mágica” en el sentido de que haría olvidar los días de la Pasión, esos días de sufrimiento y de entrega total. El resucitado sigue siendo el crucificado pues Jesús muestra a los discípulos sus manos y su costado. Y recordamos el encuentro una semana más tarde con Tomás, invitado a meter la mano en las heridas de Jesús. Es una paradoja de nuestra tradición: la cruz que recuerda la muerte ignominiosa del inocente es el signo fuerte de nuestra fe. Doy gracias al Señor por su victoria sobre la muerte y por esta vida ofrecida por amor a mí. 5 La paz ofrecida (bis) La vida ofrecida “Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes!’”. Para mí también, es necesario oír de nuevo esta invitación e incluso oírla diariamente. Pues frente a los azares de la vida, a los conflictos que atravesamos o a causa de la fatiga, la paz del corazón se pierde fácilmente. Pero esta segunda vez, la paz se ofrece ligada a un envío en misión. Y Jesús nos recuerda que él los envía porque él mismo ha sido enviado por el Padre. Entonces, la paz proviene del Padre. Pido al Padre recibir su paz una vez más el día de hoy y poder compartirla con las personas a quienes encuentre. Aunque las puertas de su casa estén cerradas con cerrojo a causa del miedo, Jesús toma la iniciativa de venir hacia ellos. Fuerza las puertas de su encierro: “llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»”. Las primeras palabras del resucitado a sus discípulos son amables y llenas de consuelo. Esto los llena de alegría. Jesús los invita a recibir esta paz que continuamente compartió con quienes encontraba por el camino. Pido esta gracia al Señor: recibir a lo largo de todo el día la paz que quiere ofrecerme. La paz ofrecida Miedos que ofrecer Ese domingo fue para los apóstoles un día muy particular, bastante desestabilizante. En efecto, numerosos acontecimientos se sucedieron: sepulcro vacío, aparición de un ángel a las mujeres, encuentro de Jesús con María Magdalena, discípulos de Emaús… Son acontecimientos fuera de lo común y que habrían podido darles confianza. Sin embargo, siguen habitados por el miedo. Puedo pensar en todos los momentos en que el miedo me paraliza, a pesar de los signos de esperanza que recibo. Confío al Señor mis miedos así como los de nuestro mundo.
3 9 1110 V IE 6 Orar en el Corazón del Mundo con el Papa Francisco En este día de la Resurrección, los discípulos tienen una experiencia plenamente trinitaria: Jesús mismo viene a su encuentro, los envía en nombre del Padre y les da al Espíritu Santo. Jesús no actúa nunca solo: introduce a los discípulos a su propia experiencia al centro de la Trinidad. ¿Cómo recibo esta realidad trinitaria en mi vida? Pido al Espíritu que me conduzca en los encuentros y actividades de este día. D OM 8 8 Espíritu Santo ofrecido Oremos:para que Europa vuelva a encontrar sus raíces cristianas a través del testimonio de fe de los creyentes. “Vayamos en la paz de Cristo” El perdón ofrecido S ÁB 7 Jesús da una gran responsabilidad a los discípulos: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. ¿Cómo se puede retener los pecados? ¿Acaso la misericordia de Dios no es primordial y para todos? Sí, evidentemente. Pero los apóstoles no son “distribuidores” ciegos de perdón: un discernimiento, un diálogo se impone cada vez para reconocer si el perdón que Dios ofrece siempre se recibe en verdad y con un arrepentimiento sincero. El día de hoy, me preparo a recibir el perdón. En la misa, el sacerdote dice varias veces “El Señor esté con ustedes”. Esta fórmula no es insignificante. Nos recuerda la iniciativa del Señor que viene a nuestro encuentro como en el primer día. Esta fórmula es a la vez una toma de conciencia (“Él está entre nosotros”) y una petición (“Ven, Señor”). Y luego, justo antes de la comunión y al momento del envío, la fórmula cambia. Se nos dice “La paz esté con ustedes” y “Vayan en la paz de Cristo”. Estas fórmulas expresan lo mismo: la presencia del Señor siempre va acompañada por la paz que es el signo de la presencia del Espíritu. Elijamos esta semana buscar la presencia del Señor y ser espirituales. Seamos artesanos de su paz a nuestro alrededor.
4 13 1514 ORAR EN LA CASA 12 O RAR EN LA CASA Soplo imprevisible, dice el himno que se canta en nuestras iglesias. Entonces, ¿por qué no pasar la semana tarareando este canto: puede ser una manera de prepararse a recibir un soplo nuevo en la casa, un soplo que fortalece desde el interior. Más concretamente todavía, démonos cuenta de todo lo que el soplo de nuestra boca puede aportar en una casa: remover polvo para volver una superficie brillante, hacer que descienda la temperatura para degustar un té o saborear un platillo acabado de salir del horno sin quemarnos, aliviar un golpe que hace llorar a un niño, apagar las velas de un pastel de cumpleaños de una sola vez para que se nos cumpla un deseo, etc. El soplo de nuestra boca produce maravillas como el del Espíritu Santo. Una verdadera oración con los labios, sin una sola palabra. “Sopló sobre ellos y añadió ‘Reciban…” San Juan 20, 22 Puedo terminar considerando cómo Dios trabaja para mí en todas las cosas creadas sobre la faz de la tierra. Él se comporta como alguien que trabaja para dotarme de todos sus bienes. Reflexiono considerando que, por mi parte, puedo ofrecer y dar. Una manera de contemplar para llegar al amor (7/7)
5 17 1918 16 ________________________________ ________________________________ _______________________________________________ _______________________________________________ _______________________________________________ Jesús había expirado su último aliento en la cruz. Tres días después, un soplo nuevo lo habita sin por ello borrar las huellas de la muerte: sus manos todavía están atravesadas y su costado traspasado, para siempre. La vida nueva no borra las huellas de los golpes mortales. Los asume y triunfa sobre ellos. El soplo nuevo que anima a Jesús es el que ninguna herida mortal puede vencer. La vida ganada, de una vez por todas. Y Jesús no confisca esta hermosa victoria. Muy por el contrario, la comparte y la da a sus amigos. Este soplo nuevo que recibió de su Padre, lo da a los discípulos… soplando sobre ellos. El Espíritu Santo da la vida, como nos lo recuerda el Credo. Es un soplo contagioso: su fuerza vital se expande sobre todo el universo, sobre toda carne. Nada de lo que vive escapa a la vitalidad nueva que ofrece. E incluso lo que ya está muerto puede renacer a la vida gracias a él. Preparémonos pues a recibir un gran golpe de viento, pero no como el que desencadena al mar y se traga a la tierra. El Espíritu Santo no devora nada: nos invade desde el interior para devolver aliento a nuestra vida.