1 1 32 Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo [email protected] Traducción y Adaptación de Vers le Dimanche editado por Christ Source de Vie, Toulouse HACIA EL DOMINGO DE LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO Para Orar Cada Día el Evangelio del Domingo Próximo Del Lunes 23 al Domingo 29 de junio de 2014 Hacia el Domingo de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo Orar en el Corazón del Mundo con el Papa Francisco: Por los desempleados Una manera de pedir Confianza Orar en la Casa: Pedro y Pablo juntos Hacia el Domingo de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo Evangelio de Jesucristo según san Juan Capítulo 21, versículos 15-19 “Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras». De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».
2 5 76 4 M AR 24 M IÉ 25 L UN 23 J UE 26 En tres ocasiones pregunta Jesús a Pedro, “¿Me amas?”. Una insistencia como esta nos sorprende. Se trata de experimentar la solidaridad sin falla de Pedro a Jesús, su apego total: conviene amarlo “más que estos”, es decir, más que los otros discípulos, para conducir al rebaño. Jesús, que se había declarado a sí mismo el “buen pastor” (Jn 10), está transmitiendo la responsabilidad de guiar a sus ovejas al primero de los discípulos. ¿Y si yo me atreviera a dirigirme a Jesús diciendo, como Pedro, “tú lo sabes todo, sabes que te quiero”? Pescador un día Amor, amor, amor Pedro está herido; “Tú lo sabes todo” dice a Jesús, como si sintiera que comienza a estar bajo un interrogatorio con esta pregunta idéntica planteada tres veces. Quizá haya olvidado que, durante la Pasión, él mismo negó al enviado del Padre también en tres ocasiones. Saboreo lo inaudito de esta escena: Cristo instala como “líder” pastoral a “Simón, hijo de Juan” (así había llamado al primero de los discípulos en el capítulo 1 del Evangelio), es decir, al mismo hombre que había previsto lo negaría. Medito esta iniciativa de Jesús y me pregunto: puesto que mi estado de pecador no es un freno para servir a la Iglesia, ¿cuál es la misión que se me confía? La Iglesia celebra el nacimiento de san Juan Bautista, la “voz que grita en el desierto” (Jn 1, 23). Recordar al último profeta, primo de Jesús, me une más a todos los discípulos que lo frecuentaron más o menos de cerca. Así sea yo tan “familiar” de Jesús como Juan Bautista, o que tan solo lo conozca desde hace poco tiempo, comparto la misma intimidad. Sin embargo observo como Pedro se desprende del grupo y se acerca más a Jesús… ¿para una mayor familiaridad? Familiares de Jesús Después de comer En esta época del año en que tenemos los días más largos, y están pr iniciarse vacaciones, quizá tengo o tendré la oportunidad de comer al aire libre. En este primer día de la semana, me inspiro con el clima de tranquilidad para sumergirme en esta escena “después de la comida” al borde del lago. Contemplo la quietud del Resucitado y de los discípulos.
3 9 1110 V IE 27 Orar en el Corazón del Mundo con el Papa Francisco El “Sígueme” de Cristo culmina la narración. El día de hoy, la Iglesia festeja el Sagrado Corazón de Jesús. Ejercicio sencillo del día: encuentro una imagen de Jesús con el corazón en llamas (puedo encontrarla fácilmente en internet e imprimirla). En tres ocasiones a lo largo del día vuelvo a mirar esta imagen, la contemplo repitiendo la palabra: “Sígueme”. ¿Qué es lo que -en mi vida hoy en día- implica seguimiento de Cristo? ¿Qué me aleja de ello? Sin temor, ejerzo una mirada de discernimiento y de clasificación sobre la vida que llevo. D OM 29 8 Seguir Oremos: para que los desempleados obtengan el apoyo y el trabajo que necesitan para vivir con dignidad. Con Pedro y Pablo, hacer Iglesia Entregarse S ÁB 28 A la independencia del joven capaz de vestirse por sí mismo e ir adónde quiera, Jesús opone el estado del viejo que depende de otro hasta la muerte, estado al que tememos todos. La alegría de recibir una misión, en la Iglesia, no viene sin el peso de la cruz. Mi alegría más profunda, la de dar gloria a Dios, pasa por el consentimiento de depender de los demás, de entregarme a ellos. Esto cuesta trabajo si no hay un compromiso de mi parte: puedo meditar sobre el misterio de amor que une a dos esposos, cuando realizan la libre elección de “entregarse” uno al otro el día de su matrimonio. San Pedro y san Pablo. Celebrados juntos por la Iglesia universal. Estos apóstoles encarnan la diversidad de los carismas, tan bien descrita por el segundo en sus cartas pastorales. Pedro negó a Cristo antes de que Cristo le pidiera que guiara a sus seguidores. Pablo persiguió a los cristianos: la representación de los dos santos no es precisamente resplandeciente. Sin embargo, como Pablo lo describe a los Gálatas en la Segunda Lectura, todos nosotros somos separados “desde el seno materno”. La Iglesia no es otra cosa que el conjunto de bautizados que, como Pedro, han oído el “sígueme”. Reunidos por Cristo, alabemos la unidad del cuerpo que formamos y confiemos muy especialmente al Señor a nuestro Papa Francisco, 265° sucesor de Pedro.
4 13 1514 ORAR EN LA CASA 12 O RAR EN LA CASA Pedro y Pablo. No Pedro sin Pablo ni Pablo contra Pedro, sino Pedro y Pablo. Dicho de otra manera, paganos y judíos, Roma y el resto del mundo, la comunidad y la dispersión, la estabilidad y el movimiento… Todo lo que podría oponerse, la Iglesia lo reúne en una sola y misma fiesta. Nunca uno sin el otro. Cada noche, en la casa, solo o en familia o con amigos, oro tratando de unir lo que habitualmente está separado en el mundo, en nuestra ciudad, en nuestro país. Por ejemplo, ¿uno quiere orar por los pobres y los humildes? Que el otro pida por los ricos y los grandes. ¿Uno quiere orar por quienes sufren? Que otro interceda por quienes hacen sufrir. De manera verbal o escrita, que nuestra oración una en un mismo impulso lo que nuestra razón tiende a oponer y separar. “Te llevará a donde no quieras” San Juan 21, 18 “Toma, Señor y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Tú me lo diste. A ti, Señor, lo devuelvo. Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad. Dame tu amor y gracia que eso me basta”. (San Ignacio de Loyola) Una manera de ofrecerse a Dios en la confianza
5 17 1918 16 ________________________________ ________________________________ _______________________________________________ _______________________________________________ _______________________________________________ Es de las frases de Jesús que nos gusta oír decir a otros y que no esperamos verdaderamente oír respecto a nosotros mismos. Así sucede con el anuncio que Jesús hace a Pedro: “cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. ¿Quién no está tentado a pensar: es perfecto para san Pedro, o para quienes dan todo a Jesús, pero esto no me concierne para nada (e incluso rezo para nunca escuchar que se me diga esto)? ¡Error fatal! Ser llevados por otro adonde no queremos ir no es exclusividad de los grandes santos. Sencillamente es lo propio de todos los bautizados. La vida humana, cuando se sumerge en el gran movimiento vital que viene unido a la muerte de Jesús para resucitar con él, se abre a espacios nuevos: el de la esperanza donde todo parecía ya perdido, el de la alegría que hay en dar más que en recibir, el de la ternura donde el rigor es demasiado grande, el del perdón donde el juicio lo ha roto todo… Y ustedes, ¿adónde no quisieran que los llevara el Espíritu? Paradójicamente, déjense atrapar por una vida más grande deseándolo ardientemente.