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2 1. María socorre al pecador que abandona el malCuando un pecador recurre a María con deseo de enmendarse, encuentra a esta buena madre de misericordia pronta a abrazarlo y ayudarle, mejor de lo que lo hiciera cualquier otra madre.
3 y entonces podrá confiar en ser aceptado por hijo.Pero quien aspire a ser hijo de esta madre maravillosa es necesario que primero deje el pecado, y entonces podrá confiar en ser aceptado por hijo. Dice san Pedro Crisólogo, “que reniega de su madre quien no imita sus virtudes”, lo es que quien se porta al contrario de María niega con sus obras querer ser su hijo.
4 María llena de amor, ¿y él odiando al prójimo? María humilde, ¿y él quiere ser soberbio? María purísima, ¿y él deshonesto? María llena de amor, ¿y él odiando al prójimo? Da muestras de que ni es ni quiere ser hijo de tan santa madre. “Los hijos de María han de ser sus imitadores en la castidad, en la humildad, en la mansedumbre, en la misericordia”.
5 El pecador, aun cuando no haya roto las cadenas del pecado, si se obstina en salir del pecadoy por eso busca la ayuda de María, esta madre no dejará de socorrerlo y tornarlo a la gracia de Dios. Si se encuentra encadenado por cualquier pasión que lo hace esclavo del infierno y al menos se encomienda a la Virgen y le suplica con confianza y perseverancia que lo saque del pecado, sin duda que esta buena madre le tenderá su poderosa mano, lo librará de las cadenas y lo conducirá a esta de salvación.
6 y obras que se hacen en pecado son pecado.Es herejía condenada por el Concilio de Trento decir que todas las oraciones y obras que se hacen en pecado son pecado. Dice san Bernardo que las plegarias en boca del pecador, si bien no son hermosas porque no van acompañadas de la caridad, sin embargo son útiles y provechosas para salir del pecado.
7 “Todo el que pide, recibe” (Lc 11, 10).Lo mismo hay que decir de las plegarias que se dirigen a la Madre de Dios.
8 2. María acoge la súplica del pecador como madre misericordiosaSi el que ruega, dice san Anselmo, no merece ser oído, los méritos de María, a la cual se encomienda, harán que sea escuchado.
9 por sus méritos, lo que se pide a Dios. con intención de enmendarse.Por eso san Bernardo exhorta a todos pecadores a que rueguen a María y tengan gran confianza al suplicarle: porque si el pecador no merece lo que pide, ciertamente se concederá a María, por sus méritos, lo que se pide a Dios. La benignísima Señora no quiere otra cosa del pecador sino que se encomiende a ella con intención de enmendarse.
10 no mira los pecados que tiene, sino la intención con que viene.Cuando María ve a sus pies a un pecador que viene a pedirle misericordia, no mira los pecados que tiene, sino la intención con que viene. Si viene con buena intención, aunque haya cometido todos los pecados del mundo, lo abraza y la benignísima madre no se desdeña de curarle todas las llagas de su alma.
11 3. María intercede eficazmente por los pecadores¡Ojalá que todos los pecadores recurrieran a esta dulce madre! ¡Todos se verían perdonados por Dios! “¡Oh María, al pecador despreciado por todo el mundo, tú lo abrazas con maternal afecto y no lo abandonas, sino que consigues reconciliarlo con el Juez!”
12 y vengarse de él para reparar el honor de su Dios despreciado.El pecador, mientras permanece en su pecado, es despreciado y aborrecido de todos; hasta las criaturas inanimadas; el aire, el fuego y la tierra parecen que quisieran castigarlo y vengarse de él para reparar el honor de su Dios despreciado. Pero si este infeliz acude a María, ella lo abraza con amor de madre y no descansa hasta que con su poderosa intercesión lo reconcilia con Dios y lo pone en su gracia.
13 4. María merece toda nuestra confianza¿Quién podrá explicar, la bondad, la misericordia, la fidelidad y la caridad con que esta nuestra madre nos protegerá cuando pedimos su ayuda? Postrémonos, pues, ante esta buena madre, abracémonos a sus sagrados pies para que nos bendiga y nos acepte por hijos.
14 junto a su imagen deseo morir y me salvaré”.¿Quién puede desconfiar de la bondad de esta Madre? Decía san Buenaventura: “Aunque tuviera que morir, en ella esperaré; y puesta en ella toda mi confianza, junto a su imagen deseo morir y me salvaré”.
15 pero aun cuando parezca que me abandonas y me dejas morir, Señora mía, yo, con toda razón, merezco que me deseches de tu presencia y me castigues según mis culpas; pero aun cuando parezca que me abandonas y me dejas morir, no perderé la confianza en que tú me has de salvar.
16 se han salvado todos por tu poderosa intercesión.Confío absolutamente en ti, y con tal que tenga la dicha de morir ante tu imagen, encomendándome a tu misericordia, tengo la plena seguridad de no condenarme y de llegar a alabarte y bendecirte en el cielo en compañía de tantos siervos tuyos que al morir, y llamándote en su ayuda, se han salvado todos por tu poderosa intercesión.
17 ¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María! ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA ¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María! Al verme tan vil y cargados de pecados, no debiera atreverme a acudir a ti y llamarte madre. Merezco, lo sé, que me deseches, pero te ruego que contemples lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí; y después me deseches si puedes. Soy un pecador que, más que otros, ha despreciado la divina Majestad; pero el mal está hecho. A ti acudo que me puedes auxiliar; ayúdame, Madre mía, y no digas que no puedes ampararme, pues bien sé que eres poderosa y obtienes de tu Dios lo que deseas. Si me dices que no puedes protegerme, dime al menos a quién debo acudir para ser socorrido en mi desgracia y dónde poder refugiarme o en quién pueda más seguro confiar. Tú, Jesús mío, eres mi padre; y tú mi madre, María. Amas a los más miserables y los andáis buscando para salvarlos. Yo soy reo del infierno, el más mísero de todos. Pero no tienes necesidad de buscarme; ni siquiera lo pretendo. A vosotros me presento con la esperanza de no verme abandonado. Vedme a vuestros pies. Jesús mío, perdóname. María, madre mía, socórreme.
18 San Alfonso María de LigorioLAS GLORIAS DE MARÍA - Dios te salve, Reina San Alfonso María de Ligorio
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