3ª, 21- Virtudes 7 Virtud de la Humildad.

1 3ª, 21- Virtudes 7 Virtud de la Humildad ...
Author: José Ignacio Macías Belmonte
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1 3ª, 21- Virtudes 7 Virtud de la Humildad

2 Las virtudes son como los brazos y pies que ayudan a crecer la gracia.Las virtudes cristianas se pueden considerar o todas en conjunto, ya que todas están como ensambladas, o se pueden considerar diferenciándose unas de otras. Hemos tratado sobre las 4 cardinales, en las cuales se pueden considerar otras varias virtudes. De todas ellas vamos a fijarnos en la Humildad.

3 La virtud de la humildad es muy importante en la vida cristianaLa virtud de la humildad es muy importante en la vida cristiana. Sobre su importancia han hablado mucho los santos. Por ejemplo: San Francisco de Sales decía que era necesaria en cada instante para todos, aun para los más perfectos. Para este santo, como para otros, era considerada como el fundamento o el quicio de la santidad. Y es como el primer paso que hay que dar en este camino de la perfección.

4 San Agustín decía: «¿Quieres levantar un gran edificio de santidadSan Agustín decía: «¿Quieres levantar un gran edificio de santidad? Piensa primero en una sólida base de humildad, porque cuanto mayor sea el edificio, más hondos han de ser los cimientos». Y ponía otro ejemplo: El árbol que no profundiza sus raíces, no puede tener gran corpulencia y resistir la furia del temporal. Por eso es importante para progresar en la perfección que no haya soberbia, orgullo, amor propio.

5 Santo Tomás de Aquino decía que aquel que no es humilde, aunque haga milagros, no es perfecto, porque le falta la solidez. En la Sda. Escritura, en el libro del Eclesiástico se dice: «Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor» (3, 17-18). Después en el vers. 2 dice: «Porque grande es el poder del Señor y es glorificado por los humildes».

6 Como el Eclesiástico parece dirigido a gente materializada, se podría entender en sentido aún material, como que es bueno rebajarse para que luego le respeten y le tengan por más. Algo así como cuando Jesús, invitado a una comida por un fariseo, les dijo a los presentes que era mejor buscar el último puesto para que le ofrezcan uno mayor. Esto aún no es verdadera virtud, pero puede ser un buen ejemplo.

7 La humildad verdadera es hacerse pequeño, como cuando decía Jesús: «Todo el que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado». Por eso hay que entender bien lo que es la virtud de la humildad. Aquí se habla de hacerse pequeño o bajo. No de hacer una farsa o representación, algo que se lo parezca en el sentido externo.

8 La verdadera humildad es sobre todo imitar a JesucristoLa verdadera humildad es sobre todo imitar a Jesucristo. Nadie ha sido tan humilde como Jesús, quien siendo Dios se hizo hombre por nosotros. San Pablo en la carta a los filipenses: «Cristo Jesús, a pesar de su condición divina…, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo…, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz».

9 Cristo se rebajó Automático

10 se rebajó

11 a pesar de su condición divina

12 se despejó de su rango

13 y tomó la condición de esclavo

14 pasando por uno de tantos

15 pasando por uno de tantos.

16 Y así actuando como un hombre cualquiera

17 como un hombre cualquiera,

18 se re- ba- jó incluso a la muerte

19 y a una muer-te de cruz. Hacer CLIK

20 Luego, dice san Pablo, que por eso Dios lo ensalzó hasta la mayor gloria posible. También a nosotros nos enaltecerá si sabemos ser verdaderamente humildes. La virtud de la humildad cristiana tiene diversas direcciones. Vamos a considerarla: hacia el superior, que especialmente es Dios, hacia el igual y hacia el inferior.

21 Al considerar nuestra relación personal con Dios, no es humildad cristiana el sólo rebajarse ante la infinita grandeza de Dios, sabiendo que nosotros somos puras creaturas. El reconocer que Dios es el dueño de todo no es sólo cristiano, sino de otras religiones que admiten a Dios como ser supremo. La humildad cristiana tiene su sentido cuando se trata de rebajarse ante el igual o el inferior, que es lo que hizo Jesucristo.

22 La humildad cristiana es la imitación interior espiritual del gran gesto de Cristo, que renunciando a su grandeza y majestad, viene hacia los hombres para hacerse débil y con alegría esclavo de sus criaturas. Y, ya que todas las virtudes están unidas a la caridad, la humildad de Jesús es como un anonadamiento de la caridad de Dios.

23 Para nosotros la humildad es la respuesta fiel a la gracia, el don con que Dios nos galardona, y al mismo tiempo es la realización conjunta con la caridad de Dios, que le llevó a inclinarse y a desposeerse en servicio de los demás. Esto para que nosotros busquemos también el servicio de los demás, no por el hecho de rebajarse sin más, sino por imitar a lo que hizo Jesucristo.

24 El tender a humillarnos es estar en la verdad, como decía santa TeresaEl tender a humillarnos es estar en la verdad, como decía santa Teresa. Por eso no hay que hacer cosas falsas. Es que hay gente falsa que inclina la cabeza, busca estar en el último lugar, llevando los ojos bajos y diciendo que es el peor de todos. Suele ser esperando que le digan: No, no ¿cómo vas a ser el último y el peor? Todo eso es refinamiento del amor propio que no sabe cómo hacer para que le alaben.

25 La verdadera humildad es la que brota de un corazón lleno de amor y que busca parecerse cada vez más a Jesucristo. Para que haya verdadera humildad debe haber amor verdadero, como el de Jesucristo que se humilló o se rebajó por amor hacia nosotros. Fue un amor desbordante el que le trajo a la tierra. El orgullo quiere tener una grandeza usurpada; pero el alma realmente grande se inclina hacia los pequeños.

26 El amor no podía dar un salto más atrevido que el dado por Dios en la encarnación y en el llamamiento hecho a los pecadores para trabar amistad con Él. Dicho de otra manera, Dios manifiesta la altura y profundidad de su amor al inclinarse hacia nosotros. Podemos ver su anonadamiento en toda su vida: su nacimiento, destierro, persecución, vida oscura de Nazaret, hasta llegar a la muerte.

27 Por ese amor, que le lleva al anonada-miento se comprende su respuesta a la proposición del demonio: Tírate de lo alto del templo para que todos te adoren. O su silencio ante la proposición de los judíos al pie de la cruz: Baja de la cruz y creeremos en ti. Su misión no era humillar a los demás sino ser su servidor.

28 Humillarse era también obedecer a su Padre celestialHumillarse era también obedecer a su Padre celestial. La humildad y la obediencia van siempre juntas. Así lo manifiesta san Pablo en su famosa proclamación: «Se anonadó… y fue obediente hasta la muerte». También la Virgen María decía: «Dios ha mirado la humildad de su sierva». Dios busca a los sencillos y humildes: «Derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes».

29 Nosotros seremos grandes cuanto más imitemos a Jesús: Imitar a Jesús que se hizo hombre por amor, que vino a la tierra y vino a servir, que está en medio de nosotros para seguir sirviendo, para que nosotros aprendamos a servir de verdad humildemente.

30 En medio de vosotros estáAutomático

31 En medio de vosotros

32 Nacido de la Virgen María.

33 nacido de la Virgen.

34 Viene a servir,

35 Viene a reinar,

36 Viene a morir,

37 viene a conseguir la paz.

38 Viene a servir,

39 viene a reinar,

40 viene a morir,

41 viene a conseguir la paz.Hacer CLICK

42 Nosotros tenemos más motivos de humillarnos que JesúsNosotros tenemos más motivos de humillarnos que Jesús. El principal es el hecho de que somos pecadores. Y por medio del pecado se establece una distancia enorme o profunda entre Dios y el hombre. Pero se da la realidad de que hemos sido levantados de la postración del pecado hasta poder llegar a la amistad amorosa con ese Dios que es Santísimo.

43 Esta realidad nos debe llevar a una gran humildad y un gran agradecimiento. La humildad debe proceder de ver que no somos dignos de tanto amor y tanta grandeza como es el poder vivir en gracia, que es estar unidos a la naturaleza divina. Esa humildad, que al mismo tiempo está unida con el agradecimiento, es confiada y alegre. Quiere decir que no debemos estar tristes, porque Dios nos ha levantado, pero sí humildes.

44 Por eso lo importante de la humildad es ponernos en el puesto que Dios nos ha colocado y no creernos más o hacernos más. Siempre siguiendo a Jesús que decía: «Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón». Esto es porque tenemos un deseo desordenado de subir, de ponernos por encima de los demás. Claro, para estar en el puesto que nos conviene hay que tender a bajar, por aquello que decíamos del arbolito: Hay que orientarlo hacia lo contrario para que quede en el medio.

45 Así que mirando a la humildad en la práctica, consideramos lo del arbolito, para que quedemos en la «verdad». Pero de hecho, si sólo buscamos estar en la verdad, es muy fácil que nos desviemos y querer ponernos por encima de los otros. Ante esto hacemos algunas reflexiones. Una es el recordar lo que dijo Jesús: «No juzguéis y no seréis juzgados». Muchas veces juzgamos al prójimo diferente a lo que es.

46 Y muchas veces juzgamos mal al prójimo, porque el mismo instinto por el que vemos lo bueno nuestro, tendemos a rebajar al prójimo. Pocas veces sobreestimamos los dones que Dios le da. Nosotros sabemos que somos pecadores; pero ¿quién soy yo para juzgar de los sentimientos interiores del otro? Sólo el verdadero humilde es capaz de apreciar digna y noblemente las cualidades y ventajas del prójimo.

47 El alma humilde se olvida de sí misma y en Dios y por Dios se alegra de todo bien. En las ventajas que ve que le lleva otra persona no ve un perjuicio propio sino que debe ser un motivo para una mayor alabanza de Dios. Y este hecho de ser humilde, o verdadero, le hará crecer en méritos y puestos ante Dios, que es lo que vale.

48 Hay asuntos materiales, como el deporte, que se deben considerar como lo que es: un juego. Sin embargo ¡Cuánto pecados se cometen por causa de los deportes! Pero también la envidia y el ansia de ser más se mete en los asuntos religiosos. Cuando se trata de la gloria de Dios, uno debería estar contento con que se fomente, sea por quien sea. Sobre todo sabiendo que no da más gloria a Dios quien más se mueve sino quien tenga más amor.

49 La humildad, que es la verdad, requiere conocerse lo mejor posible a sí mismo y apreciar bien las cosas. Para todo ello necesitamos, no sólo las virtudes sino los dones del Espíritu Santo, especialmente el de sabiduría, entendimiento y ciencia. Por eso se lo pidamos al Espíritu Santo. Necesitamos conocernos mejor para poder hacer bien el acto de penitencia y arrepentirnos de los pecados.

50 Para tener la humildad, hay que evitar lo contrarioPara tener la humildad, hay que evitar lo contrario. Contraria es la vanidad: cuando se mira nada más las cosas externas, la hermosura corporal, el rango, las riquezas. El vanidoso busca la complacencia de sí mismo, los aplausos, la gloria. Todo esto lleva a apartarnos más de Dios, del verdadero amor. Lo contrario de la vanidad se llama modestia, que es un don espiritual para mantener ocultas las propias cualidades.

51 Lo más contrario de la humildad es la soberbia, que es como un embrutecimiento de los valores de la virtud. Es una disminución de la verdadera personalidad, por la que se conoce uno a sí mismo y conoce a los demás. El soberbio no soporta depender de otro y quizá ni de Dios. El verdadero humilde es como dijo Jesús a los apóstoles que tendrían que alegrarse en las humillaciones y rechazar aun los honores merecidos.

52 La humildad tiene muchos grados, que van relacionados con el amorLa humildad tiene muchos grados, que van relacionados con el amor. Cuanto más amor haya, más pura será la humildad. Esta virtud debe ser objeto de muchas de nuestras oraciones, de modo que le podamos decir a Dios: ¿Quién soy yo, Señor, para que Tu vengas y llenes mi vida?

53 ¿Quién soy yo, señor, Automático

54 para que tú vengas

55 y llenes mi vida

56 con tu inmensa presencia?

57 Escucha la voz de los hombres,

58 buscan sin saber qué.

59 Pasan sin ver tu rostro.

60 ¿Quién soy yo, Señor?

61 ¿Quién soy yo, Señor?

62 ¿Quién soy yo, señor,

63 para que tú vengas

64 y llenes mi vida

65 con tu inmensa presencia?

66 ¿Quién soy yo, Señor?

67 ¿Quién soy yo, Señor?

68 En compañía de la Madre María.AMÉN