1 Actos de la virtud. Penitencias obligatoriasSacramentos 69 Penitencia 3 Actos de la virtud. Penitencias obligatorias
2 Estamos tratando sobre la virtud de la penitencia, que es necesaria para que haya un verdadero sacramento de la penitencia. Normalmente quien tiene la virtud de la penitencia hace algunos actos externos, que solemos llamar sacrificios. Vimos que a Dios le agradan, como aparece en la Sda. Escritura.
3 También aparece en la liturgiaTambién aparece en la liturgia. En la misa comenzamos pidiendo perdón al Señor con el “yo confieso” y el “Señor, ten piedad”. Antes de comulgar decimos: “Señor, no soy digno…” Si miramos los tiempos litúrgicos hay algunos, como el Adviento y la Cuaresma, propios para fomentar más el espíritu de penitencia.
4 La virtud de la penitencia comienza o proviene del conocimiento de la gravedad del pecado.Desgraciadamente hay muchos cristianos y católicos que no aprecian la gravedad del pecado y se “tragan” pecados, como si fuese cualquier cosa. Procuraremos conocerlos mejor cuando tratemos sobre los mandamientos.
5 No todos los pecados son igualesNo todos los pecados son iguales. Los hay muy grandes y los hay muy leves o pequeños. Pero un verdadero pecado, aunque sea pequeño, es más lamentable que la mayor de las desgracias en el orden material o físico. Y sin embargo parece normal que unos padres se preocupen de que sus hijos no tengan males físicos mientras no les importan si dicen palabrotas o mentiras o cosas peores.
6 Un problema de la virtud de la penitencia es que no tiene propagandaUn problema de la virtud de la penitencia es que no tiene propaganda. Estamos demasiado acostumbrados a lo cómodo, a lo bonito aun dentro de la religión. Claro que también debemos tener mucha alegría practicando la religión, sobre todo en tiempos de resurrección; pero no podemos despreciar lo que nos puede llevar más directamente a la perfección.
7 La virtud de la penitencia contiene varios actos: Lo 1º es como un odio o detestación del pecado. Por lo cual debemos querer de verdad no haberlo cometido. Eso no es fácil, porque a veces lo hecho nos ha gustado tanto que nos quedamos conformes. Pero algo propio del acto de penitencia es que duela de verdad el haber cometido el pecado.
8 Al detestar el pecado, brota naturalmente el dolorAl detestar el pecado, brota naturalmente el dolor. Como vimos en san Pedro que, al darse cuenta de que había pecado, “salió fuera y lloró amargamente”. Por lo tanto ese dolor que brota del aborrecimiento del pecado es algo bueno. Como les decía san Pablo a los de Corinto: “Me alegro no porque os habéis entristecido, sino porque os habéis entristecido para penitencia”.
9 Este dolor por el pecado puede ir acompañado de cierta ira contra el pecado y aun contra sí mismo. Por eso debe haber una voluntad de destruir el pecado usando los medios que nos presenta la Iglesia. El principal medio es el sacramento de la penitencia o de la confesión. Claro que haciéndolo bien, como iremos viendo.
10 Y sea junto con el sacramento o no, siempre debe haber un dolor por el pecado con propósito de no volverlo a hacer. Esto no es fácil cuando el pecado ha sido muy atractivo. Pero es esencial que duela el haber cometido ese pecado.
11 Y cuando es verdadero el dolor, puede ser una gracia de Dios si va acompañado por las lágrimas.En este caso se cumple lo que dijo Jesús en las bienaventuranzas. “Bienaventurados seréis los que lloráis…, porque seréis consolados”.
12 Bienaven-turados seremos, Señor,Automático
13 seremos, Señor.
14 Seréis bienaven-turados los que lloráis, los que sufrís.
15 Seréis bienaventurados, porque seréis consolados.
16 Bienaventurados seremos, Señor,
17 seremos, Señor. Hacer CLICK
18 Además del arrepentimiento y el propósito de no volverlo a hacer, debe haber la voluntad de satisfacer a Dios por los pecados cometidos. Este satisfacer a Dios no sólo es porque quede bien, sino por justicia. Nunca podrá haber una igualdad entre lo que se debe y lo que se da, ya que la injuria es en cierto modo infinita, por la distancia infinita entre Dios y el hombre. Y sin embargo Dios perdona.
19 Como no podemos ofrecer, como satisfacción, algo nuestro que sea infinito, Jesús, que es Dios, se hizo uno de nosotros para poderse ofrecer. Y sigue haciéndolo, como vimos al tratar sobre la Eucaristía. También nosotros podemos dar algo dentro de nuestra sencillez y pobreza. Con ese algo se contenta Dios, porque nos ama.
20 Esta pequeña satisfacción que podemos hacer a Dios por el pecado, como el pecado es dejar a Dios para pasarse al placer de las criaturas, tendrá que ser apartándonos de las criaturas para acercarnos a Dios. Esto debe ser por medio del dolor, de una o de otra manera considerado.
21 Este dolor, como satisfacción a Dios, es cuando uno voluntariamente se aparta de cosas terrenas costándole o con sacrificio. Es difícil, porque no está de moda, como es el buscar siempre lo que más nos plazca en ese momento. Pero cuando uno ha hecho algo malo, para satisfacer a Dios y por el bien nuestro, debemos sacrificarnos en algo que nos gusta.
22 Cuando va terminando la celebración de la confesión, el sacerdote nos pone una penitencia. Suele ser muy pequeña, por lo que uno debe hacer algo más, si realmente está arrepentido del pecado.
23 Este es el sentido más importante del Purgatorio.No es propiamente un castigo de Dios, sino que el que muere, al tener ya un sentido más claro de lo que es Dios, de su grandeza y belleza, quiere satisfacer más, hasta la plenitud, por los pecados por los que ha hecho muy poca satisfacción durante su vida.
24 El que va al purgatorio sabe que Dios le ha perdonado el pecado.Es decir, está perdonada la culpa. Pero queda todavía mucha pena por sufrir. Se han arrepentido de los pecados, pero a medias. Por lo que falta de arrepenti-miento, cada uno quiere purificarse de una manera total para poder entrar en el cielo con plenitud de gracia.
25 De este sufrimiento externo que uno debe tener como consecuencia de los pecados no se suele hablar mucho. Aparentemente hay un poco de ambiente en la Cuaresma, sobre todo al comenzar con el miércoles de ceniza.
26 Grabémonos esta idea de que, para conseguir mejor nuestra salvación, tendremos que hacer mortificaciones. No es que tengamos que hacer penitencias extraordinarias. Mucho es, aunque no basta, el sufrir con paciencia las cosas y adversida-des que nos vienen durante el día.
27 Estos sufrimientos, que nos causan las adversidades de cada momento, tienen un valor más grande si los unimos a los sufrimientos de Jesús que lo hizo por nosotros. En verdad que si en muchos momentos nuestros dolores están unidos con los de Jesús, toda nuestra vida cambiaría de color.
28 Cuando llame a tus puertas el dolorAutomático
29 y te invada la tristeza y la opresión,
30 piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
31 y verás que todo cambia de color.
32 piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
33 y verás que todo cambia de color.
34 Cuando sientas el vacío junto a ti,
35 cuando sientas a tu lado soledad,
36 piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
37 y verás que todo cambia de color.
38 piensa en tu dolor, que el Señor también sufrióAMÉN
39 y verás que todo cambia de color.Hacer CLICK
40 Entre los sufrimientos que podemos ofrecer cada día al Señor están las obligaciones. Por ejemplo, es obligación asistir a misa el domingo. A unos les cuesta poco, pero a otros les cuesta más: el levantarse, el calor o frío, la lluvia quizá. El saber ofrecer esos sacrificios en repara-ción de los pecados nos deparará una gloria grande.
41 Hay personas que están convencidas de que tienen que hacer sacrificios y quizá a veces los hacen sin mucho control. Hay personas que hacen “mandas” grandes, como el ir lejos a santuarios y cierto tiempo de rodillas. Muchas veces es creyendo que van a conseguir mejor algo. Lo malo es que por hacer esos sacrificios raros, a veces descuidan deberes obligatorios, que es lo primero que se debe hacer.
42 Más importante es cumplir bien las obligaciones de su estado, obligaciones familiares y profesionales. Por ejemplo: si uno está en una oficina, debe tratar bien a la gente, aunque cueste. Decía un santo: “La vida común es una gran penitencia”. También la misma vida de familia a veces. Ahí hay muchos sacrificios para ofrecer.
43 Así que lo ordinario que Dios nos pide a todos, y nos sirve de satisfacción por los pecados, es cumplir bien con nuestros deberes y ofrecer a Dios los sacrificios que dicho cumplimiento conlleva. Sin embargo ha habido santos que han sentido su cercanía con Dios haciendo grandes penitencias en su cuerpo. Quizá alguno lo pueda sentir así. Lo ordinario será aprovechar los sacrificios de una vida normal.
44 Además de la vida normal, debemos saber ofrecer a Dios muchas cruces que solemos decir que Dios nos las manda: enfermedades, persecuciones, frío o calor, humillaciones públicas, trabajos duros e inesperados, quizá tener que ser emigrantes, terremotos y tantas dificultades de esta vida que no es perfecta. APROVECHÉMOSLAS.
45 Si uno sabe ver el signo y don maravilloso de la Providencia divina, todo nos puede servir para el bien, todo nos puede ayudar. Podemos verlo venido de Dios, porque nada pasa sin que Dios lo provea o lo permita. Porque todo puede suceder para nuestro bien o puede darnos un bien. Todo es instrumento de Dios para santificarnos.
46 Sobre las adversidades que tenemos en la vida hay muchas de las cuales nadie tiene la culpa.Ni Dios tiene alguna culpa (no puede tener), porque ha dejado la naturaleza su curso en esta vida que es imperfecta porque es de paso. Lo malo es cuando nos vienen molestias por parte de personas que nos rodean. A veces hasta de personas que nos quieren, pero que no congeniamos.
47 Sea que muchas dificultades nos vengan de personas que nos quieren mal o nos quieren bien, de todo podemos sacar provecho para nuestro bien, hasta para nuestra santificación. Se trata de aceptar esas cruces con resignación y ofrecerlas continuamente a Dios como penitencia por nuestros pecados.
48 Normalmente grandes cruces tendremos pocasNormalmente grandes cruces tendremos pocas. Lo ordinario serán esas pequeñas cruces de la convivencia, que debemos ofrecer a Dios. Hasta saber dar gracias a Dios por estas pruebas que nos vienen todos los días.
49 Sobre todo le damos gracias a Dios porque esas pruebas son muestras del amor de Dios, que nos las da por nuestro bien, para que progresemos en su gracia. Por eso le damos gracias, porque nos da lo que Él más quiere.
50 Gracias, Padre, por habernos dadoAutomático
51 lo que más querías.
52 Gracias, Padre, por habernos dado
53 lo que más querías.
54 Gracias, Padre, porque tu Hijo
55 vino a la tierra para hablarnos de Ti.
56 Gracias, Padre, porque tu Hijo
57 vino a la tierra para hablarnos de Ti.
58 Unidos con la Madre. AMÉN