1 La vida es como andar en bicicleta, te caes, sólo si dejas de pedalear.
2 Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
3 Parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos plazas, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
4 No sé cuándo sucedió, no me di cuenta cuándo fue, que Él sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.
5 Cuando yo tenía el control, yo sabía adónde ibaCuando yo tenía el control, yo sabía adónde iba. Era un tanto aburrido, pero predecible.
6 Era la distancia más corta entre dos puntos.
7 Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles.
8 Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él sólo me decía: "¡Pedalea!"
9 Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿Adónde me llevasMe preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿Adónde me llevas?" Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él.
10 Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado".
11 Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
12 Él me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo.
13 Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mío.
14 Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra". Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.
15 Él sabía cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
16 Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares.