Amimundo Inc. Programa De Crecimiento Personal Y De Prevención Del Delito PCP Fragmentos de Urbanidad XXXI-B.

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Author: Desiderio Gavino
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2 Amimundo Inc. Programa De Crecimiento Personal Y De Prevención Del Delito PCP Fragmentos de Urbanidad XXXI-B

3 De La Atención Que Debemos A La Conversación De Los Demás Presentemos una completa atención a la persona que lleve la palabra en una conversación general, y a la que nos hable particularmente a nosotros, dirigiendo siempre nuestra vista a la suya, y no apartándola sino en aquellas breves pausas que sirven de natural descanso al razonamiento.

4 De Las Narraciones Es un acto impolítico, y altamente ofensivo a la persona que nos habla, el manifestar de un modo cualquiera que no tenemos contraída enteramente la atenci6n a lo que nos dice, como ejecutar con las manos alguna operaci6n, tocar con los dedos sobre un mueble, jugar con un niño o con un animal, fijar la vista en otro objeto, etc.

5 La urbanidad exige que manifestemos tomar un perfecto interés en la conversación de los demás, aun cuando no nos sintamos naturalmente movidos a ello. Así nuestro continente deberá participar siempre de las mismas impresiones que experimente la persona que nos habla, sobre todo cuando nos refiere algún hecho que la conmueve, 0 nos discurre sobre un as unto patético de cualquiera especie.

6 No quiere decir esto que debemos contribuir a aumentar la exaltación de aquel que nos refiere la ofensa que ha recibido, ni la amargura del que nos habla de sus desgracias. Por el contrario, debemos siempre tratar de calmar al uno, y de consolar al otro, con palabras y observaciones delicadas y oportunas, pero seria grande incivilidad e indolencia manifestarnos serenos y tranquilos con el que esta agitado, alegres con el que esta triste, mustios y displicentes con el que se muestra animado y contento.

7 De la misma manera nuestra atención debe corresponder siempre a las miradas del que habla, o al espíritu de su conversación; manifestándonos admirados o sorprendidos, cuando se nos refiera un hecho con el carácter de extraordinario, y compadecidos, si el hecho es triste y lastimoso; aplaudiendo aquellos rasgos que se nos presenten como nobles y generosos; celebrando los chistes y agudezas, y manifestando siempre, en suma, con naturalidad y sencillez, todos los efectos que la persona que nos habla ha esperado excitar en nuestro ánimo, aun cuando no haya sido feliz en la elección de los medios.

8 La distracción incluye casi siempre una grave falta, que puede conducirnos a lances de una desagradable trascendencia, por cuanto indica generalmente menosprecio a la persona que nos habla, y no siempre encontramos indulgencia en el que llega a creerse de esta suerte ofendido. Las frecuentes preguntas sobre la inteligencia de lo que se nos esta hablando, la excitación a que se nos repitan palabras o frases de fácil comprensión, y una mirada fija, inanimada e ininteligente, revelan distracción en el que oye; y nada puede haber mas desatento ni mas bochornoso, que llegar a un punto de la conversación en que nos toque hablar o contestar una pregunta y tener que confesar nuestra incapacidad de hacerlo, por haber permanecido extraños a los antecedentes.

9 Hay personas que contra en la costumbre de desatender completamente al que refiere una anécdota, desde el momento en que principia a hablar, para ocuparse en recordar los pormenores de otra que desde luego se proponen referir. Además de ser este un acto de incivilidad y menosprecio, el puede dar origen, como se ha visto mas de una vez, a la mas ridícula de todas las faltas de este genera, cual es la de repetir precisamente el mismo hecho que acaba de relatarse.

10 Cuando una persona con quien tengamos poca confianza nos refiere algún suceso de que ya estemos impuestos, conduzcámonos en todo como si hasta aquel momento lo hubiéramos ignorado.

11 En los "Consejos de Lord Chesterfield a su hijo", encontramos avanzada una proposición tan inexacta como peligrosa para la armonía social, y no podemos menos que combatirla aquí, a pesar del respeto que nos merece aquel autor. "De la creación acá, dice, tan solo en Sir Isaac Newton, en M. Locke, y a lo sumo en cinco o seis personas mas, ha podido ser disculpable la distracción por la concentración de espíritu en que los ha sumergido la profundidad de sus investigaciones".

12 Considerada la distracción, según nosotros mismos lo hemos indicado, como una muestra de menosprecio a la persona que habla, loa cuantas desgracias, a cuantas desavenencias, y aun a cuantos lances desgraciados no daría ella lugar todos los días, si, siguiendo la opinión de Lord Chesterfield, la juventud se educase en la creencia de que solo ha habido ocho hombres en el mundo, en quienes ha podido atribuirse a causas inofensivas?

13 Nosotros hemos tenido el cuidado de decir en el texto que la distracción indica generalmente menosprecio, a fin de que los jóvenes que se educan estén apercibidos de que no siempre debe interpretarse de esta manera.

14 Son muchas las personas que se distraen en medio de la conversación más animada e interesante, a pesar de poseer una educación esmerada, y de ser incapaces de ofender deliberadamente a nadie.

15 La distracción es a veces un vicio orgánico, que el individuo no puede dominar ni menos destruir; a veces es el resultado de largos y crueles infortunios, que abaten el ánimo y lo hacen divagar, sin parte alguna en la voluntad; a veces, un movimiento involuntario y tenaz del espíritu, cuando se ha habituado a esas investigaciones profundas, en que Lord Chesterfield nos representa únicamente a Newton y a Locke, y en que sin embargo han pasado y pasan su vida otros muchos hombres eminentes; y a veces, en fin, la simple e inocente expresión de una perturbación accidental del alma, ocasionada por un conflicto, por un pesar profundo o por un negocio grave que se trae entre manos.

16 El mismo Albert, en su Fisiología de las pasiones, habla de la distracción, y la define "aquel estado habitual que algunos individuos, que dejan vagar su espíritu en el sueño y en la dudosa contemplación". Y discurriendo más adelante sobre aquella atención maniática que suele dirigirse con una fuerza irresistible hacia ciertas cosas, dice: "Esta concentración de todas las facultades del sistema sensible hacia un solo objeto es una verdadera pasi6n que la razón no puede dominar".

17 Aunque al principiar una persona la relación de un hecho notemos que no esta tan bien impuesta como nosotros de todas sus circunstancias, guarde, monos de arrebatarle el relato para continuarlo nosotros, si ella no llega a encontrarse en el caso que ya hemos comentado anteriormente.

18 Si la persona que narra un acontecimiento, entra en pormenores inconducentes, se extravía en largas digresiones, o de cualquiera otra manera hace difusa y pesada su narración, no le manifestemos que estamos fastidiados, ni la excitemos a concluir, con palabras o frases que tengan evidentemente esta tendencia, sobre todo si es una señora, un anciano, o cualquiera otra persona digna de especial consideración e indulgencia.

19 Por regla general jamás interrumpamos de modo alguno a la persona que habla. En los diálogos rápidos y animados, en que se cruzan las observaciones con demasiada viveza, suelen ser excusables aquellas ligeras e impremeditadas interrupciones que nacen del movimiento mismo de la conversación. En todo otro caso, este acto esta justamente considerado como incivil y grosero, y por lo tanto proscrito entre la gente fina.