1 Barroco Siglo XVII
2 La Meninas. Velázquez La Meninas. Velázquez
3 Vieja friendo huevos, Velázquez
4 Don Sebastián de Mora, VelázquezDon Sebastián de Morra, Velázquez Don Sebastián de Mora, Velázquez
5 En este cuadro Velázquez sigue con su interpretación irónica de las divinidades mitológicas, representando aquí a un Dios de la guerra, Marte, totalmente desmitificado. En este cuadro Velázquez sigue con su interpretación irónica de las divinidades mitológicas, representando aquí a un Dios de la guerra, Marte, totalmente desmitificado.
6 El rapto de las hijas de Leucipo. Rubens
7 Retrato de Luís de Góngora
8 Juan Valdés Leal Juan Valdés Leal
9 Juan Valdés Leal Juan Valdés Leal
10 Niño espulgándose. Murillo
11 Niños comiendo Melón. Murillo
12 El bodegón del cardo. José Sánchez Cotán
13 Éxtasis de Santa Teresa. Bernini
14 Baldaquino de San Pedro. Bernini
15 Apolo y Dafne. Bernini Apolo y Dafne. Bernini
16 Bernini Bernini
17 Salzillo. San Antón. Salzillo. San Antón.
18 La muerte de Cristo yacente. Gregorio Fernández, madera.
19 Catedral de Cádiz. Catedral de Cádiz.
20 Catedral de Murcia Catedral de Murcia
21 Iglesia de San Carlos de las cuatro fuentes. Borromini
22 Palacio arzobispal de Sevilla
23 Hospicio de San Fernando. Madrid
24 Ayuntamiento de Madrid. Juan Gómez de Mora
25 Convento de San Esteban. Salamanca
26 LUÍS DE GÓNGORA Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano; mientras con menosprecio en medio el llano mira tu blanca frente el lilio bello; mientras a cada labio, por cogello, siguen más ojos que al clavel temprano; y mientras triunfa con desdén lozano del luciente cristal tu gentil cuello; goza cuello, cabello, labio y frente, antes que lo que fue en tu edad dorada oro, lilio, clavel, cristal luciente, no sólo en plata o vïola troncada se vuelva, mas tú y ello juntamente en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
27 FRANCISCO DE QUEVEDO Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un pez espada muy barbado. Érase un reloj de sol mal encarado, érase un alquitara pensativa, érase un elefante boca aariba, era Ovidio Nasón mas narizado. Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísima nariz, nariz tan fiera, que en la cara de Anás fuera delito.