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2 C a u c e d e l a h u m a n i d a d
3 Déjame hundir mis manos, Madre Tierra, en el regazo virgen de tu maternidad, que fluye como río impetuoso a cuyo curso se asoman las raíces de las razas todas, río rumoroso que nace pensado en la noche de los tiempos hasta llegar a la Mar de donde venimos cautivos de atávica soledad amasada en el silencio de la arcilla noble que humaniza mi raza.
4 Ay, mi raza, esparcida en la estepa, el desierto, el valle y la montaña, tan castigada de soledad.
5 Abramos nuestros ojos de arena e ingresemos juntos a la Mar a purificar en Agua reconciliadora nuestro ser, y volver otra vez al cauce de la humanidad. Juan Manuel del Río
6 Abramos nuestros ojos de arena e ingresemos juntos a la Mar a purificar en Agua reconciliadora nuestro ser, y volver otra vez al cauce de la humanidad. Juan Manuel del Río FIN Ay, mi raza, esparcida en la estepa, el desierto, el valle y la montaña, tan castigada de soledad. Déjame hundir mis manos, Madre Tierra, en el regazo virgen de tu maternidad, que fluye como río impetuoso a cuyo curso se asoman las raíces de las razas todas, río rumoroso que nace pensado en la noche de los tiempos hasta llegar a la Mar de donde venimos cautivos de atávica soledad amasada en el silencio de la arcilla noble que humaniza mi raza.