Carta de San Vicente de Paúl

1 Carta de San Vicente de Paúla los Cristianos de hoy Aut...
Author: María Mercedes Aguilar Velázquez
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1 Carta de San Vicente de Paúla los Cristianos de hoy Autor: Celestino Fernández, C.M.

2 Desde luego, no es mi intencióncansaros con el relato de mi vida, que bien sabe Dios que no tuvo excepcional importancia, y que muchos de vosotros habéis narrado y analizado con excesiva benevolencia. Tampoco quiero hacer laudes de lo que algunos investigadores de buen corazón han llamado «mi espiritualidad». Porque no tuve más «espiritualidad» que Cristo y su Evangelio, y estaréis de acuerdo en que tal camino está al alcance de cualquiera que ponga un mínimo esfuerzo. No voy a atormentaros, en absoluto, con mis muchas y reiteradas negligencias y torpezas en el servicio de Dios Nuestro Señor. Sería solapada vanidad y orgullo encubierto, por lo que tantas veces pedí perdón a Nuestro Salvador. Yo, Vicente de Paúl, indigno sacerdote de la Misión, voy a tener el atrevimiento de dirigirme a vosotros, cristianos de un siglo tan civilizado. Permitidme que añada una carta más a las treinta mil que escribí en mi existencia terrena.

3 Pero os declaro que mi corazón no se siente a gusto cuando le encierran en los estrechos límitesde un exclusivismo «doméstico y religioso». Y, por supuesto, mi obra, mi pensamiento y mi persona me resultan un tanto «extrañas» cuando las veo asentadas en una plácida atmósfera desencarnada y espiritualista. Me temo que, tal vez, sin pretenderlo, algunos están cayendo en la tentación de minimizar lo único que siempre catapultó mi existencia: el ancho y cruel mundo de la esclavitud, la explotación, la miseria, el abandono, el dolor; la «pasión de la humanidad» donde se me reveló constante y nítidamente el rostro humillado de Cristo. Muchas veces he oído que algunos de vosotros lanzaba al aire esta pregunta: «¿Qué diría y haría hoy el señor Vicente?». Y no me parecen desacertadas las respuestas que se han ido apuntando.

4 Por eso, esta carta no es nada originalPor eso, esta carta no es nada original. Es la repetición de lo que siempre he querido deciros. El esfuerzo continuo de refrescar vuestra inteligencia y todo vuestro ser con lo único que merece la pena: llevar adelante la vida y la misión de Jesucristo, siendo y actuando como Jesucristo, en el amor concreto y eficaz a los pobres, los predilectos de Dios. Pero, ¡ay!, ¡cómo hemos llenado páginas y páginas bellísimas y profundísimas sobre la teología de los pobres! ¡Oh Salvador! ¡Cómo hemos abusado de la palabra «pobres», y cómo nos olvidamos de los pobres de carne y hueso! ¡Tendríamos que pronunciar esta palabra con temor y temblor!

5 ¡Cristianos y hermanos míos del siglo XXI !¡Qué regocijo tan grande me inundó cuando en aquella «hora de Dios» que se llamó Concilio Vaticano II, se removieron los rescoldos de la «Iglesia de los pobres»!

6 Y no llego a entender cómo hay cristianosque todavía se pasan las horas preguntándose quiénes son los pobres y dónde se encuentran los marginados; y que ponen extrañas etiquetas sospechosas a multitud de seguidores de Cristo que gastan y desgastan sus fuerzas en llevar la Buena Noticia a los más desheredados de la tierra. Entonces reviví mis luchas, mis planteamientos, mi fe, mi vida toda. Incluso —Dios sea bendito—, me sentí rejuvenecer en mis raíces más íntimas. Pero, con la misma sinceridad, os digo que mi ánimo se llena de confusión cuando compruebo que aquella expresión —»Iglesia de los pobres»— se queda, muchísimas veces, en una atildada frase literaria o en una simple declaración de buenas intenciones.

7 Nunca fui amigo de dar altisonantes consejosNunca fui amigo de dar altisonantes consejos. «Todo lo que tenemos que hacer es trabajar», escribí en alguna ocasión. Pero me vais a perdonar la osadía de abriros mi alma como un testamento sempiterno. Quisiera dejar bien claro que no olvidéis nunca dos derechos de la Iglesia que le son otorgados por la carta fundacional del Evangelio: el derecho a ser perseguida y el derecho a estar junto a los pobres. No renunciéis nunca al derecho de poneros siempre, pase lo que pase, del lado de los que son el trágico subproducto del mundo actual, las víctimas de un sistema esencial e intrínsecamente perverso, los perdedores en la lucha por la supervivencia y la dignidad.

8 Desde mi actual «situación» se ve muy bien qué cosas son importantesDesde mi actual «situación» se ve muy bien qué cosas son importantes. Por ejemplo, no caigáis en la tentación de mirar tanto hacia adentro que perdáis la sensibilidad para los que están en los márgenes, en las periferias, como acostumbra a decir este buen Pastor universal, el Papa Francisco, que Dios os ha regalado como signo de ternura y de nueva y hermosa primavera eclesial. Los problemas «intraeclesiales y jurídicos» tienen su peso, pero sería muy triste que se convirtieran en freno de una urgencia incontestable: la agonía que Dios mismo sufre en la persona de los oprimidos. Y éste sí que es un problema vital.

9 Siempre rechacé los maniqueísmos. Y hoyme asusta que aún pervivan dos clases curiosas de «cristianos»: los del «primer mandamiento» y los del «segundo mandamiento». Los primeros parcializan su cristianismo en «amar a Dios sin amar al prójimo». Los segundos, declaran que “aman al prójimo al margen de Dios”. Y yo no encuentro otra actitud correcta que la que pretendí vivir y enseñar: entregarnos total y absolutamente a Dios en el total y absoluto servicio a los pobres.

10 ¡Cristianos y hermanos míos! ¿Qué haría hoy el Señor Vicente?Lo que siempre hice. Detectar la voluntad de Dios en una señal tan sencilla como arriesgada: los acontecimientos y la necesidad de los abandonados. Con una opción incuestionable: tomar partido por su integral liberación.

11 Este es el camino evangélico que os quiero recordarEste es el camino evangélico que os quiero recordar. Lo demás es relativo. Porque, como alguno de vuestros teólogos ha dicho, «no es cristiano quien niega su mano al herido, y poco importa lo que haga después con esa mano, aunque la junte con la otra para rezar». ¡Cristianos y hermanos míos! ¿Qué haría hoy el señor Vicente? Lo que siempre hice. Detectar la voluntad de Dios en una señal tan sencilla como arriesgada: los acontecimientos y la necesidad de los abandonados. Con una opción incuestionable: tomar partido por su integral liberación. Vuestro indigno servidor:  Vicente de Paúl.

12 Carta de San Vicente de Paúla los Cristianos de hoy IMÁGENES DE INTERNET Y CREACIONES PERSONALES TEXTO: AUTOR: CELESTINO FERNÁNDEZ, C.M. MÚSICA: AMAZINGRACE MANTOVANI. WAV ADAPTACIÓN: Sor María Vicenta Díaz hc GRACIAS POR RESPETARLO INTACTO