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2 Ciclo C Domingo XXII del Tiempo Ordinario «El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido»
3 17 Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios. 18 Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor, 20 porque el poder del Señor es grande y él es glorificado por los humildes. 28 No hay remedio para el mal del orgulloso, porque una planta maligna ha echado raíces en él. 29 El corazón inteligente medita los proverbios y el sabio desea tener un oído atento. Palabra de Dios Te alabamos Señor Primera Lectura - Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29
4 Al sabio le corresponde el consejo. Y el consejo hay que buscarlo en la boca del sabio. El «sabio» ha estudiado, ha meditado, ha observado la vida, ha «vivido». De sus labios procede la sabiduría, la palabra oportuna, el consejo acertado, el pensamiento útil, la norma de conducta. El discípulo escucha discreto y acoge agradecido. El sabio engendra otro sabio. «Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios»
5 La Sabiduría de Dios es Cristo. Nosotros escuchamos su Palabra como hijos en la Sagrada Escritura. El humilde sabe apreciar lo grande y lo pequeño. Y lo grande a sus ojos es todo ser que refleja a Dios. El hombre humilde ve en todas partes la mano de Dios, y se inclina reverente. Y el que se inclina ante Dios se abre a sus bendiciones y se hace depositario de sus misterios. Dios se manifiesta al que le escucha atento; llena la mano del que se la tiende abierta; da al que pide humilde y enseña al que busca la Sabiduría.
6 Es grande la humildad. Ante Dios y ante los hombres. Todos la aprecian. La humildad es como la sabiduría: entabla relaciones, engendra amistades, funda familia. Lo más opuesto a la Sabiduría es la soberbia y el cinismo. Es un mal que no tiene cura. Sólo Dios puede curarlo; no el hombre. La corrección del sabio exaspera y enloquece al soberbio. La arrogancia es principio de muchos males. La Sabiduría, la humildad, es un arte y una ciencia de lo humano y de lo divino.
7 4 Pero los justos se regocijan, gritan de gozo delante de Dios y se llenan de alegría. 5 ¡Canten a Dios, entonen un himno a su Nombre! ¡Ábranle paso al que cabalga sobre las nubes! Su Nombre es «el Señor»: ¡Griten de alegría en su presencia! 6 Dios en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas: 7 él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos, mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado. 10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; 11 allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. Salmo 68(67) 4-5ac.6-7ab.10-11.
8 Salmo de alabanza. La bondad de Dios se manifiesta en la protección del humilde e indefenso, y en la providencia amorosa sobre el pueblo. Dios mira con verdadera piedad paternal a los pobres y humildes. Lo proclama la experiencia secular de Israel. El Señor Dios merece la alabanza. «Preparaste, oh Dios, casa para los pobres»
9 Cristo ratificará de forma solemne esa imagen de Dios: pobre, humilde, por los pobres y humildes de la tierra.
10 18 Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, 19 sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando. 22 Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, 23 a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, 24 a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel. Palabra de Dios Te alabamos Señor Segunda Lectura - Hebreos 12, 18-19. 22-24a
11 Dios habló en un tiempo... por los profetas..., en los últimos tiempos habló en el Hijo. Cristo, Palabra de Dios, el tema de la obra. Dios habló y Dios habla: Dios continúa hablando. La Voz de Dios debe ser escuchada. El juicio sobre el que la desoiga será terrible. Terrible fue en la Disposición Antigua, terrible en extremo será el juicio en la Nueva. Responsabilidad mayor en una revelación mayor. «Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo»
12 Dios habló en el Sinaí a Moisés. En un monte alto y apartado. Dios habló sobre la tierra. El lugar era terreno, de este mundo. Habló con voz de trueno, de forma espantosa. Los oyentes quedaron despavoridos. El mismo Moisés estaba espantado. En realidad el pueblo no tuvo acceso a Dios. Aun siendo un monte tangible no se podía tocar. Había amenaza de muerte sobre el que osara acercarse a él. El pueblo no vio a Dios ni entendió sus palabras. Necesitaron del intérprete Moisés. Así fue el «hablar» de Dios entonces.
13 En cambio, el hablar de Dios ahora es distinto. No es un monte tangible, terreno. Es la Ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y bajo otro aspecto, tangible. ¡Tenemos acceso a Dios! Estamos ya dentro. No está castigada con la muerte la entrada a tan sagrado recinto. Todo lo contrario, la Muerte amenaza al que se queda fuera. La Voz de Dios se ha hecho carne nuestra y no espanta, atrae; no aterra, consuela; no hiere, sana; no mata, salva. La Voz del Hijo nos hace hijos; como la voz del siervo Moisés hacía siervos. Jesús no es un mediador; es el Mediador. Y la alianza es la eterna Alianza. Por eso, ¡hay que oír su voz!
14 1 Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. 7 Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: 8 «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, 9 y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. 10 Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados. 11 Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». Lectura del Santo Evangelio - Lucas 14, 1. 7-14
15 12 Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. 13 Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. 14 ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!». Palabra de Dios Gloria a Ti, Señor Jesús
16 Jesús ha sido invitado a comer por un fariseo. La concurrencia está compuesta por hombres cumplidores de la Ley, conscientes de su piedad, engreídos, propensos a honores y primeros puestos. Los comensales espían y acechan a Jesús. Las palabras de Jesús encajan bien en el contexto. El primer ejemplo quiere revelar no las relaciones de los hombres entre sí, sino las relaciones con Dios. «El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido»
17 Sería así: El fariseo, autosuficiente, pagado de sí mismo, consciente de su valía, dignidad e importancia, busca afanosamente su puesto a la cabeza de los comensales. El fariseo, a pesar de cumplir la Ley, está lejos del Señor de la Ley; a pesar de su piedad, no agrada a Dios; a pesar de su conocimiento, desconoce la verdad. Dios coloca en los primeros puestos a los que se tienen por nada: a los pequeños, a los inútiles, a los que no ven en sí motivo alguno para colocarse los primeros.
18 El segundo ejemplo expresa también una verdad religiosa. Jesús exhorta al fariseo, y con él al grupo que le rodea: a) a extender su beneficencia al grupo de necesitados que no pueden devolverle el beneficio -Dios se lo premiará- y b) a entablar con ellos relaciones de amistad. No se trata simplemente de dar, de socorrer. Se trata de invitar, de acoger en torno a sí, como amigos y hermanos, al grupo de personas que desdicen, que rebajan, que son mal vistos y viven marginados. La amistad -fraternidad cristiana- operativa en ellos está preparando y realizando nuestra admisión en el Reino.
19 Gracias Señor por tu Palabra purificadora, que ilumina, alimenta, enriquece, alegra, consuela y compromete. Concédenos vivir conforme a ella.
20 TU HUMILDAD, SEÑOR Vivir sin meter demasiado ruido. Abrazar la cruz sin decir demasiadas palabras. Hablar de Ti, aunque nos cueste un llanto. Proclamar tu bondad, frente a otros amores. Ayúdame, Señor, a descender de las cumbres. A sentirme a gusto siendo humano, tu amigo, tu testigo…y tu hermano. Hazme comprender, mi humildad divina, la que me hace tenerte como lo más magnánimo y, la humildad humana, la que me permite acercarme a los necesitados. Y aunque cueste, Señor, que sea un cristal –transparente y limpio- a través del cual Tú entres en mi vida. Amén. P. Javier Leoz Es difícil, Señor, al seguirte cada día no desear aquello que, Tú, me invitas a dejar. Viniste pequeño, nos dijiste que en la pequeñez residía la grandeza y el tesoro del amor. Más, pasan los años y los siglos, Señor y, los hombres, nos empeñamos en ser grandes. Altos, para alcanzar el cielo. Ricos, para tenerlo todo. Fuertes, para sentirnos invencibles. Dueños, para tener siervos. Pero, la humildad, Señor nos cuesta recibirla, entenderla y comprenderla. Preferimos la exaltación a la humillación. Los primeros puestos, a los últimos. El aplauso, a la crítica. El reconocimiento, al silencio. El homenaje, a la indiferencia. ¡Cuánto cuesta, Señor, vivir tu humildad!
21 Si deseas recibir el Evangelio del Domingo envía un correo a:[email protected] Con el título: “Suscripción a Siembra Sagrada” Servicio Gratuito con Fines Educativos