Comenzamos, con este Domingo, un nuevo a ñ o lit ú rgico. La primera etapa, que nos ocupar á cuatro semanas, es el tiempo del Adviento, de la preparaci.

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Author: Geraldo Medellin
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5 Comenzamos, con este Domingo, un nuevo a ñ o lit ú rgico. La primera etapa, que nos ocupar á cuatro semanas, es el tiempo del Adviento, de la preparaci ó n y espera de la Venida del Se ñ or en el misterio de la navidad.

6 El Adviento es tiempo de esperanza, pero de esperanza responsable y vigilante. Para el antiguo Israel la espera del Mesías significó una larga preparación, no siempre fiel, para sentir la necesidad de un Redentor, que fuera revelación plena y personal del amor de Dios. Para nosotros en la Iglesia, el Adviento significa la responsabilidad y la fidelidad ante el que ha venido como Redentor, pero que volverá un día para coronar en nosotros su obra de salvación en la eternidad.

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8 Ven, Espíritu Santo, llena y mueve nuestros corazones. llena y mueve nuestros corazones. Ay ú danos a acoger a Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne. Que Jesucristo, luz del mundo, ilumine nuestra mente ilumine nuestra mente y nos haga testigos de la Verdad y defensores de la Vida, para que nuestra comunidad eclesial sea la morada de Dios entre nosotros, « Casa y escuela de comunión », por la escucha y puesta en pr á ctica de la Palabra. de la Palabra.

9 Que nosotros no rechacemos la invitaci ó n de Dios a acercarnos y escuchar su Palabra, y trabajar por el Reino, sino que con nuestras obras y palabras demos testimonio de nuestra fe y ejemplo de nuestra esperanza. Ven, Espíritu Santo, ilumina nuestra mente, ilumina nuestra mente, nuestro corazón y nuestra voluntad, para que podamos comprender, aceptar y vivir la Palabra de Dios. aceptar y vivir la Palabra de Dios. Amén.

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11 63,16b-17.19; 64,1. 3b-8:

12 La primera Lectura nos hace revivir la expectaci ó n de la Redenci ó n Mesi á nica con el Pueblo de la Antigua Alianza. Es una bella plegaria de la Comunidad de Israel: — Rescatada, a los principios, de Egipto, tierra de pecado y de servidumbre; rescatada, hace poco, de Babilonia, tierra de id ó latras, de castigo, de destierro, est á mejor dispuesta para un concepto m á s « espiritual » de la « Redención » ; y la espera y la pide con aquel grito audaz: «¡ Ojalá rasgases el cielo y bajases ! ».

13 -La Comunidad hace una humilde confesi ó n de los pecados. La « Redención », por tanto, se orienta a su verdadera sentido. El Redentor que necesitamos es el que nos rescate de la servidumbre del pecado. Todos somos esclavos. Todos sumidos en pecado. -Apela a los t í tulos m á s tiernos de Dios con su Pueblo: Padre, Hacedor, Redentor.

14 -Apela a los t í tulos de Israel, de m á s valor ante Dios: son su Pueblo, sus hijos, obra de sus manos, las Tribus de su heredad. - La Navidad nos recuerda c ó mo se han cumplido con exceso los atrevidos anhelos de la Comunidad de Israel: se han rasgado los cielos y ha descendido el mismo Hijo de Dios a redimirnos. La obra de la Redenci ó n sobrepasa todas estas previsiones del Trito-Isa í as: « Jamás oído oyó, ni ojo vio, ni a corazón de hombre se le antojó lo que Dios ha ejecutado para los que le aman » (Is. 64, 3; 1Cor 2. 9).

15 80(79)

16 El salmo 89(79) tiene el tono de una lamentaci ó n y de una s ú plica de todo el pueblo de Israel. La primera parte utiliza un c é lebre s í mbolo b í blico, el del pastor y su reba ñ o. El Se ñ or es invocado como « pastor de Israel », el que « guía a José como un rebaño » (v, 2). Desde lo alto del arca de la alianza, sentado sobre los querubines, el Se ñ or gu í a a su reba ñ o, es decir, a su pueblo, y lo protege en los peligros.

17 El Salmo nos recuerda que sobre la vi ñ a de Dios se abati ó la tempestad, es decir, que Israel sufri ó una dura prueba, una cruel invasi ó n que devast ó la tierra prometida. Entonces se dirige a Dios una s ú plica apremiante para que vuelva a defender a las v í ctimas, rompiendo su silencio: " Dios de los Ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña " (v. 15).

18 A trav é s de la imagen de la vi ñ a, el Salmo evoca de nuevo las etapas principales de la historia jud í a: sus ra í ces, la experiencia del é xodo de Egipto y el ingreso en la tierra prometida. La vi ñ a hab í a alcanzado su m á xima extensi ó n en toda la regi ó n palestina, y m á s all á, con el reino de Salom ó n. En efecto, se extend í a desde los montes septentrionales del L í bano, con sus cedros, hasta el mar Mediterr á neo y casi hasta el gran r í o É ufrates (cf. vv. 11-12).

19 All í est á impl í cita la confianza en el futuro Mes í as, el " hijo del hombre " que cantar á el profeta Daniel (cf. Dn 7, 13-14) y que Jes ú s escoger á como t í tulo predilecto para definir su obra y su persona mesi á nica. M á s a ú n, los Padres de la Iglesia afirmar á n de forma un á nime que la vi ñ a evocada por el Salmo es una prefiguraci ó n prof é tica de Cristo, " la verdadera vid " (Jn 15, 1) y de la Iglesia.

20 1, 3-9:

21 San Pablo exhorta a los fieles a que se dispongan al Adviento de Jesucristo: -Este Adviento es doble: Epifan í a de Jesucristo por la fe y amor; Epifan í a de Jes ú s-Juez. - Felicita a los cristianos de Corinto, ricos en carismas de palabra y de ciencia; no olviden, empero, lo que es m á s valioso: la fidelidad valiente y generosa a los compromisos bautismales. Cons é rvense fieles y firmes, puros e irreprensibles hasta el « Día » de nuestro Se ñ or Jesucristo.

22 - Y nos deja esta definici ó n de la vida cristiana: “ Es comunión ” ( coinonia) con la Vida del Hijo de Dios; con su vida pasible, ahora; con su vida gloriosa, despu é s. Y como consigna de paz, gozo y esperanza nos dice: ¡ Fiel es Dios! Se á mosle, por tanto, fieles tambi é n nosotros. Seamos fieles a nuestra vocaci ó n a la fe.

23 13, 33-37

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25 Parábola de los servidores fieles (cfr. Mt. 24,45-51; Lc. 12,42-48) 33 ¡Estén atentos y despiertos, porque no conocen el día ni la hora! 34 Será como un hombre que se va de su casa y se la encarga a sus sirvientes, distribuye las tareas, y al portero le encarga que vigile.

26 35 Así pues, del mismo modo ustedes, estén prevenidos porque no saben cuándo va a llegar el dueño de casa, si al anochecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana; 36 que, al llegar de repente, no los sorprenda dormidos. 37 Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!

27 Nos hallamos ante la versión de Mc de la parábola que hace dos domingos veíamos en Mt. 25. 13-30. En ambos casos se trata de una invitación a vivir con la mirada puesta en el futuro: « Velad porque no sabéis el día ni la hora » (Mt. 25. 13). « Vigilen, pues no saben cuándo es el momento » ( Mc 13. 33). Las diferencias de ambas versiones están en los interlocutores y en el desarrollo.

28 Mateo supone unos interlocutores amplios: los discípulos. Marcos, en cambio, parte de unos interlocutores restringidos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés (cf. Mc 12. 3; la traducción litúrgica ha pasado por alto este detalle). Esta restricción explica la frase final: « Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos »" (Mc. 13. 37).

29 En cuanto al desarrollo, Mateo amplía lo que Marcos presenta escuetamente como un marcharse lejos de un hombre confiando a los criados el cuidado de sus bienes. Mc no insiste en el cuidado de los bienes por parte de los criados, sino en la actitud alerta y vigilante a tener desde el momento que no se conoce la llegada del amo. A poco que nos fijemos, descubrimos que el término repetido con insistencia es el verbo velar o vigilar. Es decir, la versión de Mc es inequívocamente una invitación a vivir con la mirada puesta en el futuro.

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31 La Liturgia de Adviento, que es para rememorar revivir el Advenimiento de Jesucristo para redimirnos, reaviva en nosotros el anhelo de vivir en vela, en fervor, en fidelidad el misterio de nuestra redenci ó n.

32 Con ello la Epifan í a de Jesucristo Redentor se realiza con plenitud en cada cristian ó : « Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar » Con ello la Epifan í a de Jesucristo Redentor se realiza con plenitud en cada cristian ó : « Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar » (Prefacio de Adviento).

33 Las Normas del Misal nos dicen: « El Tiempo de Adviento tiene dos aspectos: preparación de la solemnidad de Navidad, en la que se conmemora el primer Adviento del Hijo de Dios a los hombres, y a la vez, con este recuerdo orientar y disponer los corazones en la expectación de su segunda venida al fin de los tiempos; por esto es tiempo de piadosa y gozosa expectación » Las Normas del Misal nos dicen: « El Tiempo de Adviento tiene dos aspectos: preparación de la solemnidad de Navidad, en la que se conmemora el primer Adviento del Hijo de Dios a los hombres, y a la vez, con este recuerdo orientar y disponer los corazones en la expectación de su segunda venida al fin de los tiempos; por esto es tiempo de piadosa y gozosa expectación » (Missale-Normae 39).

34 Anuncio de Salvación La salvación se hace posible para los hombres en la medida en que éstos viven su fidelidad humilde ante Dios, que se nos ha revelado como Padre y nos ama con amor redentor. La comunidad cristiana, cada alma, se encuentra lejana de Dios. Es momento de revisar la vida para descubrir los mil caminos a través de los cuales ha traicionado su fe cristiana. Es tiempo de autocrítica y de autoconfesión. Todos tenemos necesidad de un nuevo retorno a Dios, que nos conduzca a las exigencias radicales del Evangelio, para que seamos un signo de salvación en medio de un mundo que naufraga lejos de Dios.

35 Nuestro destino y nuestra salvación eterna nos imponen a diario la responsabilidad vigilante de aguardar el retorno definitivo de Cristo. « Ya sí, pero todavía no ». Estar en Cristo Jesús, con todo lo que ello comporta: perdón de los pecados, regeneración, etc., es algo ya operante en el cristiano que ha sido lavado en el bautismo.

36 Pero aún no hemos llegado a la plenitud. De ahí una tensión. Cuando esa tensión falta nos encontramos con un cristianismo sin esperanza, privado del futuro de Dios, de su completa salvación. No podemos atarnos a mesianismos terrenos, vagamente humanitarios. Solo Cristo nos ofrece la salvación verdadera. En la comunión con él está nuestra felicidad. La espera de la fiesta de Navidad nos presenta una oportunidad valiosa para crecer por la gracia en estas actitudes.

37 Mientras se realiza el retorno de Cristo, toda la vida del creyente ha de dignificarse en la fidelidad y constante vigilancia. El auténtico cristiano es el hombre que vive diariamente el Evangelio, en alerta permanente ante la eternidad, con amor de intimidad a Cristo. El modo como vive el hombre demuestra si se ama a sí mismo o si ama a Dios, que lo ha creado y redimido con destino a la eternidad. Esto supone una aceptación incondicional de Dios como Ser supremo y Creador de todo. Supone fe y actuar en un mundo que muchas veces le es contrario por los males físicos, sociales y morales.

38 No puede, pues, adormecerse el cristiano. Ha de vigilar constantemente. Nuestro Adviento ha de ser perpetuo. Exige un alerta continua, condicionante de toda nuestra vida en el tiempo. Requiere que siempre el alma esté esperando ansiosa y responsablemente a Cristo, reformador de nuestras miserias.

39 El Adviento es esperanza La salvaci ó n verdadera es actuaci ó n hist ó rica de Dios: realizaci ó n de sus designios, palabras y promesas; aparici ó n del Salvador, que viene a pacificar y justificar a la Humanidad. ¿ C ó mo se acerca nuestra liberaci ó n?

40 Es necesario prepararla cada d í a, en un adviento constante, de vigilancia y espera. El Adviento, como preparaci ó n para acoger a Dios que viene, es un compromiso para agradar a Dios, para progresar y sobreabundar en el amor. Estar alerta para interpretar lo que pasa a nuestro alrededor, mantenernos en pie. El Reino no se identifica con proyectos humanos pol í tico-sociales; los supera a todos. Necesitamos una actitud cr í tica, pero constructiva, como anticipo del Reino. Con el Adviento nos preparamos para esperar la salvaci ó n a pesar de situaciones dolorosas y aun de pecado.

41 Jes ú s de Nazareth en medio de nosotros es el Vigilante por excelencia, el que quiere venir para habitar en medio de nosotros. Dios est á siempre viniendo a nosotros. Por eso necesitamos vigilar, estar dispuestos. Realizaremos la salvaci ó n cada d í a, en la medida en que nos insertamos en el misterio de Cristo muerto y resucitado.

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43 Dios de la esperanza, concede a todos los cristianos el « don del Adviento », el « don del Adviento », el amor a tu Venida definitiva, en el retorno glorioso de tu Hijo y, a todos los hombres y, a todos los hombres y mujeres del mundo, y mujeres del mundo, las gracias que nos revelas con su Encarnaci ó n. con su Encarnaci ó n. Am é n

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45 Se abre el Adviento con esta fuerte llamada de Marcos a la vigilancia. Es el Señor quien nos la recomienda insistentemente: «Al atardecer, a medianoche, al canto del gallo, al amanecer», las cuatro vigilias en que se dividía la noche. Es que no se puede dormir. Velad como el portero de la casa, como el jugador en espera del número de la suerte, o el hombre de negocios la ocasión propicia; como el profeta a la escucha de cualquier signo: como la novia que espera la llegada del amado; como el guardaespaldas para defender a la persona encomendada.

46 Sabe el Señor que tendemos fácilmente al sueño y a la modorra. Vivimos distraídos, descuidados y olvidados, como aquellas vírgenes necias cuyas lámparas terminaron apagándose. Así dejamos escapar la oportunidad. Y Dios puede venir en cualquier oportunidad. Cristo se hace presente en cualquier oportunidad. Necesitamos velar para reconocerlo y acogerlo. Es lo propio del Adviento. El Señor está cerca. El Señor viene. Es el tiempo de la preparación.

47 El Adviento es una espera y una certidumbre. Es la espera de que el Dios vivo va a venir a nuestra vida. Es una certidumbre de que ha venido realmente. Es una llamada para que le abramos nuestras puertas. Este es el sentido del Adviento: prepararnos para acoger la presencia del Dios vivo, terrible y purificador, que derrite los montes de nuestro ego í smo, de nuestra indiferencia y de nuestra injusticia. Consigna para el Adviento: « Miren ». Pregón para el Adviento: « Vigilen ». Consejo para el Adviento y para siempre: «¡ Velen !». Y es que se nos cierran los ojos, que nos dormimos y nos distraemos, nos embotamos y nos cansamos.

48 Miren: Dicen que vemos, pero que no miramos. Mirar es ver con detenimiento y profundidad. Mirar es fijar los ojos con interés y con alguna esperanza. Mirar es dejarse sorprender. Miremos de verdad a las personas, a las cosas, a los acontecimientos, a la vida. Miremos con los ojos del niño expectante y confiado. Que no se hagan callos en tus ojos. Si miramos todo con amor y con esperanza, no tardaremos en descubrir las huellas del Amado.

49 Vigilen: Vivimos tan distraídos y divertidos, tan alienados y despreocupados, tan dormidos, que nos resbala la vida. Dejamos escapar cantidad de oportunidades. Se nos escapan cantidad de valores. Ni siquiera rozamos el misterio. Y todo tiene su misterio. Hay algo más que lo que vemos a simple vista. Y ese algo más es el toque de la gracia, la presencia divina, que nos envuelve y acompaña, que nos sorprende y nos promete, que siempre nos espera.

50 Velen: La vigilancia es fruto de la fe, de la esperanza y del amor. Vigilamos cuando esperamos, vigilamos cuando creemos, vigilamos cuando confiamos, vigilamos cuando amamos. No dejemos de velar. ¿Por qué será que Cristo nos recomienda con tanta urgencia el " velad "? Velad como el portero de la casa, como el centinela de la ciudad, como la esposa cuando espera la llegada del amado. Velad, porque Dios es sorprendente. El viene siempre, pero no sabemos cuándo, cómo y por dónde.

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52 La Eucarist í a celebra la presencia del Se ñ or que est á viniendo continuamente a hacernos participar de la Pascua y que nos alimenta con el pan de vi á tico en nuestra peregrinaci ó n hacia su Venida definitiva en a gloria.

53 Algunas preguntas para meditar durante la semana: 1.¿Qué quiere decir que la vida cristiana está orientada a partir del final de los tiempos? 2. ¿Qué significa realmente esperanza? 3. ¿Cómo se vive responsablemente la espe- ranza de modo que se la infunda a quienes ranza de modo que se la infunda a quienes parece que tienen « motivos » para vivir de- parece que tienen « motivos » para vivir de- sesperanzados y /o desesperados? sesperanzados y /o desesperados?

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