1 DANZA A LA LUZ DE LA LUNA Elsa de Solórzano
2 Salí al patio con una cerveza en la mano y el ipad en la otra para seguir los dos juegos en los que había centrado mis apuestas. Lo de siempre: gané uno y perdí otro, ningún problema. El leve equilibrio entre ganar y perder me permitía mantener bajo control mis tendencias ludópatas. Me acomodé en la vieja mecedora que ha soportado estoicamente la intemperie durante muchos años sin caerse a pedazos, como yo en algún momento de mi vida, cuando tuve que enfrentarme a cosas para las que no me sentía preparado, como un hijo antes de concluir la carrera, un matrimonio apresurado, un divorcio inminente y mi afición no controlada por los juegos de azar. Comencé a moverme placenteramente viendo la luna casi llena, adornando una más de mis noches solitarias. Tomé el teléfono celular pensando en llamar a alguien pero desistí. Era una buena oportunidad para pensar en mi mismo, no lo había hecho en mucho tiempo. Pero para ello consideré necesario un caballito de tequila así que entré a la casa por él y por otra cerveza.
3 Regresé a mi espacio idóneo: un jardín un poco descuidado con apenas algunas plantas, la más especial de todas, una palmera que sembré veinte años atrás. Me senté justo frente a ella para observarla. Nunca la podaron, mostraba el aspecto salvaje que mantendría en su hábitat natural: el tronco cubierto de las hojas que por desidia o ignorancia en asuntos de jardinería nunca le corté. Le ofrecí un brindis recordando el día que la sembré. La compré en un vivero al que había ido a buscar algunas plantas para adornar el jardín de la casa a la que me acababa de mudar después del divorcio. Era igual a una que habíamos plantado mi padre y yo en el huerto de nuestra casa en Veracruz, cuando era yo niño. Repetí el mismo ritual que hice con él en aquella ocasión. Me pidió que le llevara dos costalitos de sal, dos de arena y bastante tierra fértil. La regamos y la cuidamos día a día y creció muy bonita. Era la primera vez que yo me sentía responsable de algo vivo. Quizá de ahí nació mi vocación por cuidar la vida y me hice médico.
4 Me serví otro tequila mientras mis recuerdos se iban instalando uno a uno a alrededor de mí, iluminados por la luna que inundaba la soledad del patio y a mi palmera. - Brindo por ella que ha crecido salvajemente, que no se ha dejado domesticar como yo, que me he acostumbrado a obedecer las reglas de un mundo en el que a veces me siento fuera de lugar- dije levantando el caballito lleno de tequila. En el interior de las hojas adheridas al tronco de la palmera algunos animalitos hicieron sus nidos y había también pequeñas plantitas colgantes. Ese fue uno de los argumentos con los que me convencí de no pagar la cantidad grosera que me pidió el jardinero por podarla. Cerré los ojos y me vi otra vez niño jugando alrededor de la palmera que sembré con mi padre. Aprendí a subirme a los árboles para mirar lo que había más allá. Nunca pensé que con el tiempo recorrería muchos lugares y vería paisajes tan diversos: desde las nieves perpetuas de los Andes hasta la dorada costa de California.
5 Apagué el ipad y me quedé observando detenidamente a la palmera y su exuberante aspecto, parecía una mujer virgen que jamás se hubiera depilado. De pronto ocurrió algo insólito. Comenzaron a salir de entre las ramas secas cientos de mariposillas blancas que volaron cadenciosamente a la luz del arbotante de vapor de sodio. Todas se concentraron en un lugar y poco a poco formaron una figura. Observé detenidamente el fenómeno que me dejó boquiabierto e incrédulo. Una pequeña mujer de cabellos largos formados por plantas colgantes que estaba vestida de mariposillas blancas, salió del corazón de la palmera y caminó hacia mí. Me quedé impactado mientras ella sonrió y se sentó frente a mí en la mesita del jardín, junto al caballito de tequila y la cerveza. No medía más de cuarenta centímetros pero era muy hermosa, los ojos rasgados y las pequeñas orejas puntiagudas.
6 Me dijo “hola” mientras yo apuré el tequila pensando que en cuanto lo bebiera desaparecería esa visión que le atribuí a una alucinación por cansancio, no había bebido tanto, pero no, ella seguía ahí, hablándome. -¿Cómo te va? -Bi..bi..bi…en…-dije balbuceando -¿Ganaste o perdiste? Me supuse que se refería a mis apuestas porque señaló al ipad que súbitamente se encendió mostrando los resultados finales, en los cuales efectivamente, gané y perdí. -Ambas o ninguna….como se quiera ver -Como todo en la vida….se gana y se pierde -Así es El ipad volvió a apagarse de la misma extraña manera en la que se encendió. Ella se sentó en posición de flor de loto dispuesta a continuar su charla conmigo mientras yo me bebí otro trago de tequila para poder humedecer mi garganta seca por la sorpresa y sosegar a mi cerebro que me decía que estaba volviéndome loco y eso que tenía enfrente no existía.
7 Ella volvió a sonreir y estiró los brazos a los lados, algunas mariposillas se desprendieron y aletearon a su alrededor pero terminaron posándose de nuevo en su lugar. -Entonces no te ha ido mal -Podría decirse que no- le contesté un poco más tranquilo -Te agradezco que no hayas arrancado mis ramas. No me gusta vivir sola y gracias a toda esa cubierta ahora tengo muchos amigos: pajarillos, mariposas, plantas que se alimentan de mí, aunque también una que otra plaga, pero es normal, siempre hay un equilibrio en todo: para que exista lo bueno también debe de existir lo malo. -Yo no creo que tu existas-me sorprendí diciéndole antes de pensarlo Ella sonrió y se reacomodó en el lugar en el que permanecía sentada, con el movimiento las mariposillas revolotearon nuevamente pero se quedaron cubriéndola en cuanto quedó quieta.
8 -Da lo mismo que exista aquí frente a ti o en tu imaginación-Da lo mismo que exista aquí frente a ti o en tu imaginación. Hay quienes sí creen que existimos. Nos llaman Hadas y nos escriben cuentos, como esa amiga tuya a la que no te atreviste a llamarle porque no ha querido ayudarte. Me sorprendió de nuevo. ¿Cómo podría saber de mi amiga la escritora? Estaba molesto con ella, le había pedido muchas veces que me asesorara con mis historias, a lo que se negaba socarronamente -¿Cómo sabes eso? -Sé muchas cosas. Recuerda que tengo viviendo aquí más de veinte años -Ella es muy egoísta….les ha ayudado a otros y a mí no. -¿Eso es lo que te molesta? ¿Que no haga lo que quieres?¿Quién es el egoísta entonces? -Ah…claro….eres mujer….por eso la defiendes -Jajajajajaja me inspiras ternura-arrugó la nariz mientras me hablaba- No es cuestión de género mi querido Doc -¿También sabes que soy médico?
9 -Si lo sé. Desde que me plantaste sentí tus manos cuidadoras de vida-Si lo sé. Desde que me plantaste sentí tus manos cuidadoras de vida. Por eso crecí tanto. Mírame…ya rebasé la barda de la casa. -En realidad no me había dado cuenta -He pasado inadvertida para ti. Como muchas otras cosas de tu vida que han estado allí y a las que no les has hecho caso, aunque hayas puesto parte de ti en ellas. Me quedé reflexionando en lo que me decía. Terminaba cada frase con un simpático gesto: arrugaba su pequeña naricita. Le di un trago a la cerveza que me supo horrible porque ya no estaba fría y lo escupí. -¿Te molesta lo que te digo? - No. La cerveza ya no está fría y no me gusta. -Creí que te habías enojado. -Si me conoces tanto como dices sabes que no me gusta discutir.
10 -Te he visto salir al patio de muchas maneras: enojado, apurado, preocupado. Cantas cuando asas carne para tus amigos y te vistes de Santa Claus para alegrar a tus nietos. -Eso lo hice la navidad pasada. -Fue lindo -A ella le gustó. Le mandé un video -¿Por qué no la llamas? -No quiero -Pero quieres que te ayude con tu cuento… -No sé -Me dijiste que eso querías… -Tal vez… -Ahora estás evasivo. ¿Le has dicho que quieres que te ayude? -Sí, pero me dijo que no podía, y me decepcioné de ella. -Por eso no la llamas
11 -No. Es por otras razones -Cuando uno sabe lo que quiere y sabe dónde está eso que quiere, se levanta y va por ello. -¿Tu sabes lo que quieres? -Yo soy el corazón de una planta. Vivo por ella y para ella. Eso me hace feliz. -Yo no puedo vivir para alguien. Estoy muy tranquilo así. -Deseando que ella te ayude con tu cuento -En realidad no me importa mucho -Escribiste algo especial para ella -No te preguntaré que cómo lo sabes, pero así es -Te decepcionó que no te comentara nada de lo que escribiste.
12 No le respondí. Volvió a sonreir y se levantó estirando las piernasNo le respondí. Volvió a sonreir y se levantó estirando las piernas. Las mariposillas se movieron nuevamente pero luego volvieron a cubrir su cuerpo. -¿No te ha dicho la razón por la cual se ha portado así contigo? -Porque no tiene tiempo, eso me dijo -Doc…Doc…- movió la cabeza negativamente y su melena de plantas se agitó de un lado para otro- No conoces a las mujeres. -Creo que no -Ella no te quiere en su vida como el personaje de un cuento ¿no te has puesto a pensar en eso? -No te entiendo -Tal vez ella te quiere en su vida real y no como el personaje de un cuento. Si la tocaste con tus manos como a mí y le regalaste esta sensación de vida, estoy segura que no lo olvidará nunca, pero tú no te das cuenta de eso, porque como te dije antes, tienes frente a tus ojos muchas cosas que aunque están ahí, no las ves. Buenas noches Doc.
13 Esta vez no supe qué contestarleEsta vez no supe qué contestarle. Me quedé en silencio mientras ella comenzó una sutil danza alrededor de la mesita redonda del jardín donde había estado sentada frente a mí. Las mariposillas formaban espirales acompañando sus acrobacias que yo seguía casi sin parpadear. Levantó el vuelo con ellas volviendo a la palmera que se abrió con un destello de luz para recibirla y se perdió dentro de ella. Miré la luna que me pareció más hermosa que nunca. Tomé el teléfono celular y le escribí un mensaje a la mujer de la que estuve hablando con el Hada de mi alucinación, animado al ver que decía “en línea” su whatsapp. -¿Ya viste lo hermosa que está la luna? -¿Tú mirando la luna? ¿y eso? -De esas veces. Por algo es octubre, por cierto ¿Fuiste a hacerte la mastografía? Fueron primero segundos, luego minutos los que tardó en contestar. Intuí que algo estaba mal y le marqué. Luego de dos llamadas perdidas contestó.
14 - No quería decírtelo… Pero es mejor que lo sepas…- No quería decírtelo… Pero es mejor que lo sepas….en el estudio…hay una mancha…al parecer…aún estoy a tiempo… Sus frases no mencionaban las temibles seis letras, seis letras, la misma cantidad de letras que la palabra muerte, seis letras que me había tocado decir tantas veces como fatídico diagnóstico. El llanto no la dejó continuar hablando; yo sabía lo que tenía que hacer. -Voy para tu casa- le dije y colgué. Arrojé el vasito tequilero que se estrelló contra la pared haciéndose añicos y miré a la palmera desde donde el Hada de mi alucinación parecía mirarme comprensiva. ¡Cómo había perdido el tiempo en estupideces dictadas por mi orgullo! Entré a vestirme pensando en todo lo que tendría qué hacer, en buscar a mis amigos oncólogos, en el hospital más adecuado para tratar su enfermedad, en que tenía que luchar por ella y salvarle la vida, en fin….que al saber que podría perderla para siempre me había dado cuenta que era un tonto egoísta y que la amaba. FIN