1
2 Dios, esperanza del inocente perseguido automático
3 Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores,
4 presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño:
5 emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud.
6 Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche,
7 aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí.
8 Mi boca no ha faltado como suelen los hombres;
9 según tus mandatos, yo me he mantenido en la senda establecida.
10 Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos.
11 Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.
12 Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.
13 Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme
14 de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me cerca.
15 Han cerrado sus entrañas y hablan con boca arrogante;
16 como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su escondrijo.
17 Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo, que tu espada me libre del malvado, y tu mano, Señor, de los mortales;
18 mortales de este mundo: sea su lote esta vida; de tu despensa les llenarás el vientre,
19 se saciarán sus hijos y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
20 Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.
21 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo