1 El Siglo XVIII marco histórico y cultural. Características de la prosa y el teatro. Principales autores y obras.
2 El siglo XVIII: marco histórico y cultural.El siglo XVIII, también llamado “siglo de las luces”, establece el límite entre el Antiguo Régimen y la Edad Contemporánea. La burguesía comienza a disputar el poder a la nobleza y se inicia la llamada “crisis de la conciencia europea”, que propicia una revisión en profundidad de todos los valores sobre los que se sostenía el Antiguo Régimen. A ese movimiento reformista se le llama Ilustración. La Ilustración exalta la razón como el único medio de llevar a los pueblos hacia un auténtico progreso, oponiéndose así al “principio de autoridad” vigente en el siglo anterior. Este nuevo modo de entender el mundo se inicia en Francia y se basa en las ideas reformistas de Descartes (“Pienso, luego existo”), Locke, Voltaire, Montesquieu y Rousseau, entre otros.
3 El siglo XVIII: marco histórico y cultural.Sus principios de la ilustración son: Exaltación de la razón: es la principal fuente de conocimiento, oponiéndose al pensamiento escolástico, en el que todo estaba regido por el principio de autoridad. Desarrollo del espíritu crítico: todo debe y puede ser sometido a análisis. Así nace la figura del librepensador, persona que somete las conductas y los pensamientos propios y ajenos al juicio de la razón. Desarrollo y aprecio de las ciencias: en Francia se editan los treinta y siete volúmenes de La Enciclopedia, que es el primer intento de compilar todo el saber humano basado sólo en principios racionalistas. Fe en el progreso: se produce una auténtica pasión por los avances de la humanidad (Manuel José de Quintana escribirá emocionados versos a la invención de la imprenta, o a la propagación de la vacuna en América). Búsqueda y aprecio del bienestar y la felicidad mundanos: el hedonismo llega a convertirse en doctrina, alentado por la burguesía.
4 El siglo XVIII: marco histórico y cultural.Sus principios de la ilustración son: Búsqueda de una religión natural: se postula la separación entre Iglesia y Estado. Se propaga el deísmo: anticlericalismo, rechazo al culto oficial y al poder de las iglesias y creencia en un dios que pueda contrastarse a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Práctica de las virtudes laicas, como la filantropía y la tolerancia: esta línea de pensamiento dará lugar a las primeras corrientes abolicionistas contra la esclavitud. El término filantropía designa, en general, el amor al género humano y a todo lo que a la humanidad respecta, particularmente en una forma constructiva expresada en la ayuda desinteresada a los demás. Despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Se considera que sólo una minoría elitista y preparada puede conducir a los pueblos hacia el progreso y la felicidad.
5 El siglo XVIII en España.En España este siglo ha sido descrito como un periodo de desgracia, ya que comienza con un país dividido por una guerra en la que las potencias extranjeras se disputan el trono y acaba con la Guerra de Independencia. Hay, por tanto, un sentimiento de fracaso nacional, que se hará visible también en la valoración de su literatura. Carlos II, que había muerto sin descendencia, nombró sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV, quien fue coronado con el título de Felipe V. Acababa así la dinastía de los Habsburgo y llegaba al trono español la dinastía de los Borbones. Muy pronto, sin embargo, se formó un bando dentro y fuera de España que no aceptaba al nuevo rey y apoyaba al pretendiente el Archiduque Carlos de Habsburgo. La guerra civil y europea estalló. La guerra terminó con el triunfo de Felipe V. Junto a las victorias militares de Almansa, Briguega y Villaviciosa, un acontecimiento internacional fue clave para entender el desenlace del conflicto: Carlos de Habsburgo heredó en 1711 el Imperio alemán y se desinteresó de su aspiración a reinar en España.
6 El siglo XVIII en España.Sin embargo, entre esos dos acontecimientos se desarrollaron importantísimos intentos de renovación política, económica, social y cultural. Entre los más importantes, estos: Reformas políticas (fortalecimiento del poder central) y económicas (desarrollo industrial y ascenso de la clase media). Reformas culturales, que se cristalizan en la creación de numerosas instituciones esencialmente dedicadas a mejorar y extender la educación: Real Academia Española (1713); Biblioteca Nacional (1712); Real Academia de la Historia (1735). Pero todas estas reformas no se hicieron sin esfuerzo. Hubo que luchar contra importantes e influyentes sectores reaccionarios. Así, por ejemplo, la universidad se mantuvo fuera del control de la Ilustración: se siguió hablando en latín y manteniendo los valores más medievales.
7 El siglo XVIII en España.Aunque esos intentos renovadores ya habían comenzado tímidamente mucho antes con la labor, por ejemplo, de los novatores de fines del XVII, es decir, un grupo reducido de pensadores o científicos que rompieron con las posiciones tradicionales de orden escolástico y cuyo propósito principal, sin duda, era la renovación en todos los ámbitos, principalmente centrados en el área experimental, como la medicina y la química, la primera mitad del siglo no ofrece grandes cambios. Será a partir de la década de los cincuenta del siglo, con el reinado de Carlos III, cuando se inicien las reformas ilustradas y se desarrolle el Despotismo ilustrado en nuestro país.
8 El siglo XVIII en España.Durante el reinado de Carlos IV ( ), el miedo de las clases dirigentes ante los acontecimientos de la Revolución francesa producirá una involución: prohibiciones de libros y de las actividades de muchas instituciones ilustradas, mayor actividad de la Inquisición… Los propulsores de la Ilustración serán anulados y perseguidos, y se producirá el primer exilio masivo de españoles favorables a esas ideas. El país se dividió en dos posiciones extremas: por un lado los liberales (favorables a las ideas de la razón y el progreso), y por otro los tradicionalistas (contrarios a esas ideas).
9 El siglo XVIII en España.En cuanto a la cultura y la literatura, lo más destacable serán estos dos factores: La influencia de lo que sucede en Europa, especialmente en Francia. El concepto de literatura se amplía considerablemente, hasta incluir casi todas las ramas del saber. Para los hombres del XVIII “literatura” significaba “cultura” o “sabiduría”, un conjunto de saberes relativos a las ciencias, las artes, la política, la filosofía, etc. De esta manera, el arte del XVIII tendrá un fin práctico: perseguirá la utilidad y la enseñanza. No aceptará el arte por el arte y defenderá que este debe estar sometido a unas reglas. La imaginación pierde todo su prestigio y la literatura se convierte en general, en este siglo, en un vehículo de transmisión de las ideas ilustradas. Así, el didactismo se impone a la originalidad.
10 El siglo XVIII en España.Podemos distinguir tres etapas en la literatura dieciochesca española: Posbarroquismo. Se continúa imitando a Góngora, pero ya sin su genialidad. Se denomina rococó a un barroco menor, refinado y elitista. Neoclasicismo. Es el estilo que mejor se corresponde con el pensamiento ilustrado. Supone una vuelta a los preceptos clásicos: regla de las tres unidades; equilibrio y mesura en la expresión; cultivo del ensayo y del teatro en detrimento de la lírica, donde se adoptan temas pastoriles, anacreónticos (exaltación de placeres elementales) o filosóficos. Decoro, verosimilitud, buen gusto…, serán conceptos básicos para este movimiento. Todo ello se recoge en Poéticas que intentan regular la literatura mediante preceptos (La Poética de Boileau será el modelo a seguir). El prerromanticismo. En las últimas décadas del siglo se acusa un cansancio ante la rigidez de los preceptos neoclásicos, que encorsetan cualquier vestigio de creatividad y originalidad personales. Así se inicia la tendencia prerromántica, a la que se sumarán algunos de los escritores que años antes defendieron los valores ilustrados.
11 La prosa Ilustrada En toda época de crisis interesan más las ideas que la creación artística, e incluso esta se supedita a la crítica o a la propaganda. Este hecho explica el hundimiento del género novelístico y el aumento de otros géneros no tradicionales: memorias, diarios, libros de viajes, informes, discursos, cartas, artículos periodísticos de carácter informativo o ensayístico El auge de los periódicos es significativo: se convierten en importantes medios de difusión de las ideas ilustradas, de las teorías económicas, de los adelantos científicos y de los adelantos técnicos de la Europa de las Luces. El periódico más relevante fue El Censor Sin embargo, fue esta una prensa minoritaria, y frente a ella abundaron los Almanaques y Pronósticos, que consumían las clases populares. Los Almanaques En el medio rural fueron muy populares pues, además de contener el santoral, estas publicaciones anuales compendiaban conocimientos tradicionales vinculados a la salud, proporcionaban consejos a los agricultores y ganaderos, recogían usanzas enraizadas de la sabiduría costumbrista o facilitaban indicaciones meteorológicas y astronómicas. Los Pronósticos propiamente dichos, en los que se incluyen predicciones de acontecimientos futuros que entran de lleno en el arte de la adivinación.
12 El siglo XVIII en España.La prosa de este siglo es esencialmente didáctica. La narrativa sirvió de pretexto, en todas sus manifestaciones, para hacer un discurso teórico o moral. Entre los narradores merece destacarse a Diego de Torres Villarroel ( ). Extraño y contradictorio personaje (médico, catedrático de matemáticas y, al mismo tiempo, astrólogo) al que la crítica etiqueta como rezagado del barroco. Así se observa en su Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego de Torres Villarroel, en el que sigue el modelo de la picaresca barroca. La obra, dividida en seis "trozos" que corresponden cada uno a una década y donde, con todo el material de su propia biografía, da forma a una novela picaresca, sin imitar como en otras de sus obras el estilo de Quevedo, sino mostrando un estilo más castizo, llano, espontáneo y natural.
13 El siglo XVIII en España.Pero el género por excelencia de este siglo es el ensayo. Es el género que mejor se adapta a los fines de la Ilustración: la difusión de ideas. Presenta una estructura libre y un lenguaje moderno. Sus temas son muy variados: la educación, la situación del país, las mujeres, las costumbres, etc. Los autores más importantes son: Fray Benito Jerónimo Feijoo ( ). Fraile benedictino que llevó a cabo una obra enciclopédica durante toda su vida. Se propuso como vía de conocimiento una síntesis del racionalismo y del empirismo: todo ha de ser analizado a la luz de la razón y la experiencia, dejando a salvo la fe, que queda excluida de este análisis. Se interesó por los más diversos temas, desde la medicina hasta la teología. Destacan sus Cartas curiosas y eruditas y, sobre todo Teatro crítico universal (panorama) , obra escrita en 9 volúmenes (8+1 suplemento) que costa de ciento dieciocho ensayos que abordan enorme cantidad de diversas materias: filología, física, matemáticas, ciencias naturales, medicina, astronomía, geografía, economía, derecho, religión, política, filosofía, literatura, etcétera. Fue una de las obras más divulgadas y polémicas del siglo XVIII español, alcanzando la astronómica cifra de más de ejemplares vendidos, y siendo traducida al inglés, francés, italiano, alemán y portugués. Melchor Gaspar de Jovellanos fue uno de los ilustrados más influyentes. Aunque cultivó todos los géneros, en el que más destaca es sin duda en el ensayo. Sus informes para la reforma social que proponía la Ilustración superan con mucho los límites del mero documento técnico. En el Informe sobre la ley agraria se adentra en cuestiones filosóficas y sociales. El Informe es una obra representativa del pensamiento liberal e individualista y resultó ser el punto de partida doctrinal de las reformas agrarias llevadas a cabo en el siglo XIX.
14 El siglo XVIII en España.Muy cercanos a estos textos ensayísticos, encontramos algunas obras en prosa de marcado carácter crítico. Este tipo de libros fueron muy utilizados para satirizar sobre usos y costumbres que se consideraban obsoletos y causantes del atraso del país. La más destacada de esta clase de obras es las Cartas marruecas de José Cadalso.. En sus Cartas marruecas (escritas bajo el modelo de las Cartas persas de Montesquieu), Cadalso se explaya sobre la España del momento. Cadalso a través de noventa cartas hace una crítica intencionada y satírica de España, pero desde un punto de vista comprensivo. Los personajes que se cruzan las cartas son tres, dos marroquíes, Gazel, en Madrid, que escribe sus impresiones sobre España a su maestro Ben-Beley, en Marruecos y a su amigo español Nuño Núñez. Mediante el género epistolar analiza la vida y las costumbres españolas buscando el verdadero ser del país. Crítica los errores políticos del pasado, culpando de las guerras a la soberbia de los gobernantes, critica la ignorancia y la frivolidad de la juventud, la decadencia de la ciencia, la desconsideración de los profesores... Señala la envidia y el orgullo como pecados nacionales, así como la desidia, la vagancia y las supersticiones. Su estilo es directo y sencillo, casi periodístico debido a que su función es didáctica y divulgativa. Su obra es pesimista, aunque como ilustrado confía en el hombre y en el progreso, por eso pone como ejemplo a las naciones avanzadas. En conclusión, la obra de Cadalso tiene como objetivo enseñar a sus lectores cuales son las lacras de la sociedad española y el modo más adecuado para superarlas. Años después, publicaría, también en prosa, sus Noches lúgubres, pero es esta una obra de carácter muy diferente, plenamente prerromántica.
15 El siglo XVIII en España.Otros autores destacados fueron Ignacio Luzán, que es recordado por su Poética (obra en la que establece las reglas neoclásicas que deben seguir los textos literarios a la manera de la poética de Boileau), pero que también es autor de unas Memorias literarias de París , fruto de su estancia en París como secretario de la embajada de España en Francia entre 1747 y 1750 El Padre Isla, autor de la monumental Historia del predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zote. Es una obra esencialmente crítica donde se pone en ridículo la moda de los oradores de la época que utilizan en el púlpito un lenguaje gongorino altisonante; es un ataque al barroquismo en sus últimas formas degeneradas. Fray Gerundio se distingue por su mal gusto y su audacia a la hora de emplear frases rebuscadas y sin ningún sentido. Junto a la figura principal aparecen otros dos personajes claves para el desarrollo de la novela: fray Blas, el maestro de Gerundio, un hombre grotesco y exageradamente culterano y fray Prudencio, otro predicador amigo de fray Gerundio, hombre sabio y prudente que trata de encauzar la oratoria de éste. Por otro lado la obra presenta una serie de tipos y costumbres populares, con toda clase de detalles y lujo de descripciones de todo tipo, tanto de gentes como de ciudades y casas con mobiliario incluido. Se puede considerar como una obra documental y costumbrista. Los lugares por donde trascurre la vida de fray Gerundio desde su nacimiento son auténticos.
16 El siglo XVIII en España.Otros autores destacados fueron Juan Pablo Forner con su Cotejo de las obras que ha premiado la Real Academia de la Lengua, según Lázaro Carreter uno de los más importantes trabajos de estética literaria del siglo Tomás de Iriarte con su Los literatos en cuaresma, que ofrece una visión crítica, irónica y a veces sarcástica de ciertos sectores sociales de la España del momento, a la vez que plantea algunos temas clave de la reflexión ilustrada. Pedro Montengón, autor de la única novela plenamente ilustrada, Eusebio, en la que reflejó sus ideas pedagógicas y planteamientos paralelos, en cierta medida, a Rousseau. En el siglo XVIII este ilustrado llegó a vender ejemplares. La importante novela versa sobre la educación de un niño de seis años, Eusebio, que llega a Norteamérica salvado de un naufragio y adoptado por un matrimonio de un grupo religioso de origen anglicano. Por ellos, aprende del personaje Hardyl el oficio de la cestería y la filosofía basada en la humildad y austeridad. Defiende la educación natural señala cómo el individuo puede conservar su bondad natural mientras participa de una sociedad inevitablemente corrupta.
17 El siglo XVIII en España.Otros autores destacados fueron José Mor de Fuentes, creador de una novela epistolar, El cariño perfecto (editada posteriormente con el nombre de Serafina), un relato epistolar que refleja las costumbres de la capital Zaragoza de su tiempo. Gozó de un importante éxito reimprimiéndose sin permiso del autor en Málaga y Barcelona. Además de esta obra también una autobiografía muy valorada por Azorín, Bosquejillo de la vida y escritos de don José Mor de Fuentes Leandro Fernández de Moratín, con La derrota de los pedantes, que es una Sátira contra los vicios de la poesía española, y sus dos libros de viajes. El primero de ellos, Apuntaciones sueltas de Inglaterra, que recogen sus impresiones sobre la vida y las costumbres de la sociedad inglesa en torno a Incapaz de adoptar un punto de vista imparcial y objetivo, Moratín compara lo extranjero con lo nacional para subrayar la distancia entre España y Europa, se burla socarronamente de la inglesa ceremonia del té o bien muestra su perplejidad ante la libertad de que goza la mujer inglesa. El segundo de ellos, Viaje en Italia, que describe el viaje de Moratínpor una Italia fragmentada en regímenes políticos, dialectos y costumbres diferentes. Las anécdotas y los efectos cómicos, desde las gloria del Renacimiento y de la antigua Roma dejan entrever un núcleo minúsculo de artistas y científicos que mantienen en vida el pensamiento creativo en un tiempo en que está a punto de estallar el Romanticismo
18 El teatro Ilustrado Del gran teatro barroco, muertos ya Lope y Calderón, en el siglo XVIII sólo queda la carpintería teatral y sus numerosos efectos: comedias de magia, con aparecidos, vuelos por los aires y todo tipo de asombros y espantos vacíos de contenido alguno. Este teatro recibe las más duras críticas por parte de la intelectualidad ilustrada. Además, los viejos “corrales” se van sustituyendo por teatros a la italiana (el Teatro de la Cruz se inaugura en 1737, y el del Príncipe en 1745). El teatro neoclásico aparece hacia mediados de siglo. Hasta entonces, y algunos años más, Calderón fue el autor más representado. En general, el teatro “ilustrado” no supo conectar con el público. A este lo que le continuaba agradando eran las comedias de magia, de “figurón” o de santos por lo llamativo de las tramas, la espectacularidad de las representaciones, llenas de artificios. Las fórmulas ilustradas para conseguir en el teatro la agradable mezcla de utilidad moral y placer estético, así como su deseo de introducir en escena los preceptos clásicos, resultaron demasiado dirigistas, con un exceso de celo por los argumentos racionales y de buen gusto que llevó a demasiada rigidez artística.
19 El teatro Ilustrado Sus principales características son las siguientes: Total separación de géneros. Sometimiento a la regla de las tres unidades. Finalidad didáctica. Planteamiento verosímil. Estructura en tres actos. Regularidad métrica frente a la polimetría. Se emplea tanto el verso como la prosa (pero sin combinar nunca ambos modos).
20 El teatro Ilustrado El autor teatral que con mayor talento supo seguir estas normas fue, sin duda, Leandro Fernández de Moratín. Solo escribió cinco comedias originales, pero todas espléndidas. La mayor parte de ellas giran en torno a un tema que interesaba particularmente a una sociedad preburguesa: la relación preconyugal, dominada por la hipocresía y los prejuicios, que luego daba paso a un matrimonio de moral más relajada. El viejo y la niña (1790), El barón (1803) o La mojigata (1804) son perfecto ejemplo de ello. En La comedia nueva o El café (1792), un autor teatral novel y su familia departen animadamente media hora antes del estreno de la primera obra de Eleuterio, el joven autor, que acaba de lanzarse a la escritura dramática para solventar sus problemas económicos. El nuevo dramaturgo ha compuesto la obra El gran cerco de Viena, que se presenta como la parodia del prolífico género del drama histórico-heroico que se representaba en la época, basado en un desmesurado aparato escenográfico, que hacía aparecer sobre las tablas gran cantidad de personajes (habitualmente reyes y príncipes de lejanos países europeos y estrambóticos nombres), cuadros bélicos, ejércitos, caballería y gran cantidad de trucos escénicos y de tramoya, lo que hacía primar el espectáculo visual sobre el textual. Esta maestría vuelve a comprobarse en su obra más famosa, El sí de las niñas (editada en 1785 y estrenada al año siguiente). De nuevo surge aquí el tema de sus primeras comedias, pero ahora aparece también una feroz crítica contra el sistema educativo vigente. Francisca, muchacha educada en un convento, está prometida en matrimonio al casi sexagenario don Diego, por deseo de su madre, doña Irene. Don Diego espera en una posada la llegada de su prometida, que en realidad está enamorada del soldado que ella conoce como 'don Félix' y se siente obligada a obedecer a su madre, en contra de sus sentimientos. Cuando don Félix le dirige una carta, ésta cae en manos de don Diego, que descubre la relación y pide una confesión sincera de su prometida. Doña Irene insiste en imponer su autoridad, pero don Diego renuncia al compromiso. Al poco se descubre que el joven soldado en realidad se llama don Carlos, sobrino de don Diego, y ambos jóvenes reciben su consentimiento para casarse.
21 El teatro Ilustrado A medio camino entre lo popular y las nuevas ideas neoclásicas encontramos la obra de Vicente García de la Huerta y los sainetes breves de Ramón de la Cruz. Vicente García de la Huerta es autor del drama Raquel (1772). No se ciñe por completo a las reglas neoclásicas, puesto que llega a verse un asesinato en escena y su tema sale, como sucede en tantas de las comedias barrocas, de la historia medieval española (su protagonista es la judía Raquel, amante de Alfonso VIII, el cual oprime a los cristianos y favorece a los judíos. Los nobles y el pueblo se unen en contra de Raquel y en defensa de su soberano. El final se resuelve con la muerte de la hermosa judía durante la ausencia del rey a manos de su consejero Rubén, consejero que es ajusticiado por el monarca cuando se produce su regreso a la corte) Los sainetes de Ramón de la Cruz es ejemplo de cierto teatro humorístico y costumbrista que llegó a tener mucho éxito en la época. Su acierto radica en saber hacer una pintura bienhumorada de las costumbres madrileñas que a veces coincide con las preocupaciones ilustradas. Los más destacados son La petimetra en el tocador; Las castañas picadas; Manolo, tragedia para reír y sainete para llorar Finalmente, en las últimas décadas del siglo llegará desde Francia la llamada comedia lacrimosa. En ella los personajes sufren, lloran, se desesperan, conmueven. En esa línea encontramos la obra de Jovellanos El delincuente honrado, que anuncia ya con claridad lo que serán los temas, tonos y personajes del teatro romántico.