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2 El tapíz Un hombre recibió una carta de su mejor amigo anunciándole que le haría llegar un hermoso tapiz, tejido con sus propias manos para ofrecerle el esfuerzo de su amistad;
3 le decía que estaba bordado en oro, que representa a preciosas escenas de cacería, y tenía unos colores preciosos... que simbolizaban la luminosidad de la amistad que les unía a pesar de la distancia.
4 Al recibir el paquete, días más tarde, lo abrió de prisa y lleno de nervios por la carga emocional que para él significaba aquel detalle. Pero inmediatamente, la decepción inundo cada uno de sus poros... Era un montón de hilos mal tejidos y nudos mal distribuidos por todas partes.
5 Las preciosas escenas de cacería había más que verlas, imaginarlas; las hilaturas de oro sólo se adivinaban, y los colores eran un insulto al arte. Aún así, era un regalo de su mejor amigo, e intentaba valorar el esfuerzo latente en aquel símil de ¿alfombra extravagante?. Le resultaba muy difícil verlo con buenos ojos.
6 De repente, sin darse cuenta, dio la vuelta al tapiz, posiblemente para evitar el sufrimiento a sus pensamientos. Y entonces quedo admirado por el derroche de belleza.... Lo había estado mirando al revés. Ahora aparecieron los riquísimos
7 matices de colores, las bellísimas escenas de cacería, los espléndidos encajes bordados en oro, y al mismo tiempo, el brillo de la amistad. Su amigo se había quedado corto con sus elogios.... Y él con su confianza.
8 A veces hay que saber mirar para poder ver. No siempre debemos fiarnos de nuestros ojos porque puede haber ante nosotros un cristal, que aunque transparente, desfigure la verdadera realidad.