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3 En la Presentación de María al Templo celebramos que toda la belleza y la hermosura del alma de María eran para el Señor.
4 A medida que iba madurando cautivaría a quienes tenía alrededor, porque la santidad atrae siempre; más aún en el caso de la futura Madre de Dios.
5 En sus ratos de oración, leería las Sagrada Escritura, y las haría objeto de su reflexión y motivo de sus conversaciones.
6 Esa riqueza interior se desbordaría luego en el Magníficat, el espléndido himno que pronunció al escuchar el saludo de su prima Isabel.
7 La fiesta de su Presentación expresa esa pertenencia exclusiva de Nuestra Señora a Dios.
8 Porque todo en María estaba orientado ser un verdadero Templo de Dios para recibir al Mesías que debía venir.
9 Pidamos a María que nos enseñe a ser Templos de Dios para que Jesús se sienta cómo y feliz en nuestro corazón.
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