Era para mí el país del azúcar una ciudad encantada, como las de los cuentos infantiles, donde las casas debían ser de caramelo y no había más que agacharse.

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Author: Jorge Villalobos Santos
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2 Era para mí el país del azúcar una ciudad encantada, como las de los cuentos infantiles, donde las casas debían ser de caramelo y no había más que agacharse para comer tierra cristalina y dulce. Además, todos volvían de allá trayendo onzas de oro y hablaban de negritos como los que había yo visto danzar, desnudos y graciosos, en las funciones de teatro. Pero la entrada de este paraíso era estrechísima y la guardaban terribles monstruos, siendo el más carnicero de todos el llamado vómito negro. Muchas veces escuché la noticia de haber muerto en la isla Era para mí el país del azúcar una ciudad encantada, como las de los cuentos infantiles, donde las casas debían ser de caramelo y no había más que agacharse para comer tierra cristalina y dulce. Además, todos volvían de allá trayendo onzas de oro y hablaban de negritos como los que había yo visto danzar, desnudos y graciosos, en las funciones de teatro. Pero la entrada de este paraíso era estrechísima y la guardaban terribles monstruos, siendo el más carnicero de todos el llamado vómito negro. Muchas veces escuché la noticia de haber muerto en la isla

3 Ahora hace años que desapareció para siempre lo que me infundía enorme terror al pensar en Cuba. En cambio subsiste, cada vez más amplificada por el progreso, la riqueza de la isla que tanto admiré en mis infantiles fantasías. Los norteamericanos, al ocuparla por algún tiempo, se dedicaron al exterminio del mosquito propagador de la fiebre mortal y al saneamiento de las tierras encharcadas. Ahora hace años que desapareció para siempre lo que me infundía enorme terror al pensar en Cuba. En cambio subsiste, cada vez más amplificada por el progreso, la riqueza de la isla que tanto admiré en mis infantiles fantasías. Los norteamericanos, al ocuparla por algún tiempo, se dedicaron al exterminio del mosquito propagador de la fiebre mortal y al saneamiento de las tierras encharcadas. lejana, hermosa y mortífera, personas a las que conocí fuertes y animosas en el momento de partir.

4 Luego, los médicos extranjeros y los del país, igualmente notables, han acabado por suprimir las antiguas enfermedades que tan insegura hacían la vida de los viajeros antes de su aclimatación. Hoy, la más grande de las Antillas es país de salubridad regular y constante, y La Habana una de las ciudades más higiénicas de la tierra.

5 La Habana. Antiguo Palacio Velasco Sarrá en 1935

6 Habana en los años 20

7 Mercado de Tacón, La Habana, Cuba,1910

8 1904, Plantación de caña de azúcar en Cuba

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14 Calle O'Reilly, Habana, 1920sMujeres en la Habana, años 20

15 Calle Obispo, Habana, 1910

16 Calle Tacon, Habana, 1910

17 Calle Zanja 1920

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25 Habana, Prado, 1910

26 Paseo del Prado, Habana, Cuba

27 Central Park en La Havana de los años 20

28 Café en La Habana, hacia 1900

29 Hotel Continental - Guantanamo, Cuba, 1910

30 Playa de Marianao, años 20-30

31 Interior Diario CUBA y su maquinaria rotativa Finales siglo XIX

32 Gran Casino, Havana, Cuba, 1921 (Foto:Villas)

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36 Negocio Asturiano en la Habana, años 20- 30

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38 Centro Asturiano, Habana

39 El Círculo Gallego es un palacio que guarda en su interior uno de los teatros más grandes de la ciudad. El Casino Español, resumen de las aspiraciones de las diversas sociedades hispánicas con título provincial, posee un salón de mármoles diversos traídos de España y de estucos policromos, que parece el salón del trono en un palacio real.

40 Casino Español de la Habana Casino español, Habana

41 Enrico Caruso en su gira por América

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43 Gran Casino, Habana, Cuba in 1921 (Foto:Villas)

44 El Dorado, café y restaurante en Habana, Cuba, años 20-30

45 Elegancia en Cuba, años 20-30

46 Tienda de telas y ropa La Habana alrededor de 1900

47 Zona comercial Prado y Neptuno, Habana en 1914

48 Mercado de Tacón, Habana

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50 Fuera de La Habana, en los nuevos barrios, son cada vez más numerosos los palacetes particulares. La antigua arquitectura española, con el aditamento de las comodidades de la vida norteamericana, es generalmente la de tales edificios. La jardinería del trópico da una nota de originalidad a estas construcciones, que recuerdan a la vez los patios de Sevilla y los palacios de madera de Long Island.

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53 Para el ciudadano de los Estados Unidos descontento silenciosamente de ciertas leyes de su país, La Habana ofrece un atractivo especial. Es una ciudad a las puertas de su patria, donde no impera el llamado «régimen seco». Le basta tomar un buque en Cayo Hueso, al extremo de la Florida, para vivir horas después en la capital de Cuba, donde hay un bar en cada calle. Aquí no sufre retardos en la satisfacción de sus deseos, ni tiene que absorber bebidas contrahechas ofrecidas en secreto. La embriaguez puede ser franca, libre y continua. Pero como es tierra de dinero abundante, derramado con mano pródiga, los hoteles resultan carísimos, así como los otros gastos de viaje, y sólo los ricos pueden pasar el canal de la Florida para venir a emborracharse bajo la bandera cubana.

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55 Me veo recibido cariñosamente en esta amada ciudad de habla española. El Municipio me ha declarado su huésped, comisionando al escritor Rafael Cante, antiguo amigo mío, para que me dirija y me guarde durante el tiempo que permanezca en La Habana. Simpáticos periodistas de incansable y sonriente preguntar, jóvenes escritores que revelan su talento en las curiosidades literarias y las paradojas de su conversación, me acompañan en mis visitas a las redacciones de los diarios y en los dos banquetes amistosos y sin ceremonia con que soy obsequiado, a mediodía y por la noche. Presencio la belleza del crepúsculo tropical en una lujosa «villa» de las afueras, donde vive con su esposa el joven conde del Rivero, hijo del célebre fundador de El Diario de la Marina. Me veo recibido cariñosamente en esta amada ciudad de habla española. El Municipio me ha declarado su huésped, comisionando al escritor Rafael Cante, antiguo amigo mío, para que me dirija y me guarde durante el tiempo que permanezca en La Habana. Simpáticos periodistas de incansable y sonriente preguntar, jóvenes escritores que revelan su talento en las curiosidades literarias y las paradojas de su conversación, me acompañan en mis visitas a las redacciones de los diarios y en los dos banquetes amistosos y sin ceremonia con que soy obsequiado, a mediodía y por la noche. Presencio la belleza del crepúsculo tropical en una lujosa «villa» de las afueras, donde vive con su esposa el joven conde del Rivero, hijo del célebre fundador de El Diario de la Marina.

56 Publicada en La Ilustración Artística, Barcelona, 24 de febrero de 1896

57 Como el Ayuntamiento ha reservado para mí las mejores habitaciones del Hotel Sevilla -el más caro de la ciudad-, mi amigo Cante se esfuerza por convencerme de que debo quedarme en ellas, volviendo al buque en las primeras horas de la mañana siguiente. Sería mal interpretado que prescindiese yo de usar dichas habitaciones después de haber sido declarado «huésped de honor». A la una de la madrugada discutimos frente al hotel si debo o no dormir en tierra. Siento un dolor insistente en una pierna, cierta torpeza muscular que hace cada vez más pesados sus movimientos. La necesidad de un pronto descanso me impulsa a admitir las objeciones de mi amigo, pero cuando entro en el hotel para acostarme, tropiezo con un compañero del Franconia. Como el Ayuntamiento ha reservado para mí las mejores habitaciones del Hotel Sevilla -el más caro de la ciudad-, mi amigo Cante se esfuerza por convencerme de que debo quedarme en ellas, volviendo al buque en las primeras horas de la mañana siguiente. Sería mal interpretado que prescindiese yo de usar dichas habitaciones después de haber sido declarado «huésped de honor». A la una de la madrugada discutimos frente al hotel si debo o no dormir en tierra. Siento un dolor insistente en una pierna, cierta torpeza muscular que hace cada vez más pesados sus movimientos. La necesidad de un pronto descanso me impulsa a admitir las objeciones de mi amigo, pero cuando entro en el hotel para acostarme, tropiezo con un compañero del Franconia.

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59 Hotel Sevilla-Biltmore, Habana, Cuba, 1924

60 Es un joven norteamericano, de buenas maneras, un bailarín incansable, que sale del dancing del hotel. En el buque se muestra sobrio; pero aquí, por seguir la rutina de muchos de sus compatriotas y para convencerse de que verdaderamente está en un país libre, se ha embriagado de un modo lastimoso. Me abraza como si viese a un hermano, intenta besarme, enternecido por el encuentro, y me dice que nosotros dos somos los únicos del Franconía que estamos en tierra. Todos los otros se fueron a media noche. El buque zarpará al amanecer, y no a las diez de la mañana como se había anunciado. Corremos al puerto, solitario y silencioso a esta hora avanzada, y el amigo Conte consigue que una lancha del gobierno nos lleve hasta el Franconía, que tiene apagadas la mayor parte de sus luces y parece dormido… Si ocupo mi cama de honor en el hotel, termina mi viaje alrededor del mundo en la primera Es un joven norteamericano, de buenas maneras, un bailarín incansable, que sale del dancing del hotel. En el buque se muestra sobrio; pero aquí, por seguir la rutina de muchos de sus compatriotas y para convencerse de que verdaderamente está en un país libre, se ha embriagado de un modo lastimoso. Me abraza como si viese a un hermano, intenta besarme, enternecido por el encuentro, y me dice que nosotros dos somos los únicos del Franconía que estamos en tierra. Todos los otros se fueron a media noche. El buque zarpará al amanecer, y no a las diez de la mañana como se había anunciado. Corremos al puerto, solitario y silencioso a esta hora avanzada, y el amigo Conte consigue que una lancha del gobierno nos lleve hasta el Franconía, que tiene apagadas la mayor parte de sus luces y parece dormido… Si ocupo mi cama de honor en el hotel, termina mi viaje alrededor del mundo en la primera

61 Malecon, Cuba, 1925

62 Cuando al día siguiente despierto, en mi camarote, el buque está navegando hace ya varias horas. Las costas de Cuba se han esfumado en el horizonte. Nos rodea el hermoso mar de las Antillas, en el cual logra descender la luz a grandes profundidades, dando una claridad dorada a las aguas azules.

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64 Los viajeros, después de haber pasado un día en tierra, parecen encontrar nuevos atractivos a la vida marítima. En la última cubierta juegan grupos de señoritas vestidas de blanco y raqueta en mano, interrumpiendo con risotadas los incidentes de su deporte. Otras empujan discos de madera con una pala, a través de rectángulos trazados con tiza en el suelo. Más allá arrojan anillas de cuerda para que se introduzcan en un espigón, o pelotas enormes que deben entrar por una manga de red. El suelo se estremece con los galopes de esta juventud de faldas cortas con menudos pliegues, perseguida por otra juventud que usa camisa de cuello abierto y pantalones de franela.

65 Suzane Lenglen, campeona en Wimbledon entre 1919-1925

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67 He pasado una noche entera con ambos ventiladores enfilados hacia mi cama. La proximidad del calor de Cuba me hizo emplear este refrescamiento imprudente. Mientras dormía, las dos mangas de helado viento, que hacen funciones de mosquitero, cayeron horas y horas sobre el lugar de mi cuerpo donde ahora siento el llamado nudo ciático. - Tiene usted para algunos días -dice el médico inglés, moviendo la cabeza-o Habrá que emplear los rayos violeta… No intente moverse. ¡Bien empieza el viaje alrededor del mundo! He pasado una noche entera con ambos ventiladores enfilados hacia mi cama. La proximidad del calor de Cuba me hizo emplear este refrescamiento imprudente. Mientras dormía, las dos mangas de helado viento, que hacen funciones de mosquitero, cayeron horas y horas sobre el lugar de mi cuerpo donde ahora siento el llamado nudo ciático. - Tiene usted para algunos días -dice el médico inglés, moviendo la cabeza-o Habrá que emplear los rayos violeta… No intente moverse. ¡Bien empieza el viaje alrededor del mundo!

68 Texto: LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA (Vol. I) - Vicente Blasco Ibáñez, Editado por EDITORIAL PROMETEO en 1924/1925. Texto: LA VUELTA AL MUNDO DE UN NOVELISTA (Vol. I) - Vicente Blasco Ibáñez, Editado por EDITORIAL PROMETEO en 1924/1925.