1
2 Este es el mensaje que escuchan las mujeres en el sepulcro de Jesús. Y el que hemos de escuchar también hoy sus seguidores.
3 Pero ¿por qué seguimos buscando a Jesús en el mundo de la muerte?...
4 ¿Por qué cometemos siempre el mismo error? ¿Por qué buscamos a Jesús en tradiciones muertas?
5 ¿Cómo nos encontraremos con Él, si no nos identificamos con un proyecto de vida más digno y justo para todos?
6 ¿Cómo nos encontraremos con « el que vive », si ahogamos entre nosotros la fuerza evangelizadora, y suprimimos la alegría entre los seguidores de Jesús? ¿Cómo vamos a acoger su saludo de « Paz a vosotros », si vivimos sin esperanza?...
7 ¿Cómo vamos a sentir la alegría del resucitado, si nuestro miedo principal es encontrarnos con el Jesús vivo y concreto que nos transmiten los evangelios?
8 ¿Cómo contagiaremos la fe en Jesús vivo, si no sentimos «arder nuestro corazón», como los discípulos de Emaús?
9 ¿Cómo lo seguiremos de cerca, si hemos olvidado la experiencia de reconocerlo vivo en medio de nosotros cuando nos reunimos en su nombre?
10 ¿Dónde lo vamos a encontrar hoy, en este mundo injusto e insensible al sufrimiento ajeno, si no lo queremos ver en los pequeños, y crucificados por el mismo sufrimiento? ¿Dónde vamos a escuchar su llamada, si nos tapamos los oídos para no oír los gritos de los que sufren cerca o lejos de nosotros?
11 Cuando las mujeres contaron a los apóstoles lo que habían visto y escuchado en el sepulcro, ellos no las creyeron.
12 Pero son ellas, las primeras testigos de la Resurrección, las que invitan a los demás discípulos a implicarse de nuevo en la causa de Jesús.
13 Ahora somos nosotros/as quienes nos comprometemos a vivir como personas resucitadas anunciando a Jesús en medio de la vida cotidiana, en nuestros encuentros, relaciones, ocupaciones... …siendo testigos, con nuestra palabra y con nuestra vida, de que Jesús ha resucitado y está entre nosotros/as.
14 ¡Este es hoy nuestro reto!...