1 Estimados amigos: Les presento esta versión del Via Crucis. Para que cada uno pueda verla a su propio paso, dedicando tiempo para meditar cada estación, la versión es manual, es decir, que deben pulsar para pasar cada cuadro. Espero les ayude a acercarse al misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Feliz Pascua! Arnaldo Bazán
2 VIA CRUCIS
3 Acaban de condenar a Jesús. Pilato no ha quedado complacido, pero tampoco quiere incurrir en la ira de los dirigentes judíos, quienes podrían convencer al Emperador de que el gobernador de Judea no cuida bien de sus intereses en Palestina. Por eso les entrega, cobardemente, a Jesús. Para paliar de alguna manera su acto criminal hace el gesto de lavarse las manos, como queriendo expresar que él no quiere verse envuelto en el asunto. En realidad, no ha sido un juicio ni un proceso legal. Ha sido una farsa de la que sale, rumbo al patíbulo, un inocente.
4 Lo que para otros sería la peor afrenta, no lo es para Jesús. II Lo que para otros sería la peor afrenta, no lo es para Jesús. El para eso ha venido: para cargar, no la cruz, sino los pecados de toda la humanidad que ésta representa. Para El será un altar donde ofrecer un sacrificio digno del Padre, y así pagar el rescate que los seres humanos debían por sus muchos delitos. El es el varón sufriente que Isaías conociera en visión siglos atrás. El es el Mesías, el Hijo de Dios, condenado en nuestro lugar. Allá va con su cruz, la que nosotros merecíamos por nuestros pecados.
5 Ha caído Jesús. No tanto por el Peso de la cruz, como por la pérdida III Ha caído Jesús. No tanto por el Peso de la cruz, como por la pérdida de sangre, los muchos latigazos recibidos y toda la infamia que ha tenido que sufrir. Sobre El pesan siglos de prevaricación y corrupción moral. Ese el peso que lo hace derrumbarse y caer al suelo. Pero El se levantará y seguirá caminando. Va hacia la muerte, pero lo hace consciente de que cumple la voluntad del Padre. El es obediente a su Voluntad, aunque ésta sea morir en una cruz.
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7 Aquí está la Madre. Desde antes IV Aquí está la Madre. Desde antes del nacimiento de su Hijo ha aprendido a sufrir con El. El día de su presentación en el Templo un anciano llamado Simeón le había predicho: Una espada de dolor atravesará tu alma. Y bien que lo sabe ella, que siente esa espada carcomiéndole el espíritu. Ver a su amado Hijo sufrir de esa cruel manera le hace a ella morir de dolor. Pero nada puede hacer sino mostrarle que está a su lado, dándole su amor en estos momentos de intensa amargura. Ella podría preguntar: - ¿Es que hay algún dolor más grande que mi dolor?
8 Aparece uno que, por lo visto, no se ha enterado de lo que pasa. Viene del campo, listo para participar en la fiesta pascual, y se ha encontrado con este desagradable espectáculo de unos reos camino del patíbulo, sin darse cuenta de que, nunca más, podrá olvidarse de lo que aquí sucede. Natural de Cirene, será siempre recordado como el Cirineo, aunque su nombre era Simón, padre de Alejandro y Rufo. El será obligado a ayudar a Jesús a llevar la cruz. Seguramente se habría ofrecido, voluntariamente, si hubiera conocido quien es Aquel a quien ahora tiene la oportunidad de dar una mano.
9 Esta mujer, la llamada Verónica,VI Esta mujer, la llamada Verónica, es realmente valiente. No le han importado los soldados, ni la chusma maldiciente, ni una posible represalia. Debe ser una discípula de Aquel a quien llevan a ajusticiar y no teme acercarse a ofrecerle un poco de consuelo. Pero, ¡qué premio tan grande recibe! El Maestro ha dejado impreso su rostro ensangrentado en aquella tela que Verónica ha usado para enjugárselo. Su nombre, por este gesto tan hermoso, ha quedado a su vez impreso en el corazón de todos los que hoy amamos a Jesús.
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11 la eterna felicidad, pero pocos son los que se percatan de ello VII Ahí tenemos a nuestro Rey. Está extenuado. Parece que no puede más. Pero su peor pesar es contemplar la ceguedad del género humano. Pocos son los que se compadecen. Los más siguen indiferentes. Su sacrificio servirá para abrir a todos las puertas de la eterna felicidad, pero pocos son los que se percatan de ello y muchos los que siguen ignorantes de lo que El hiciera por librarlos de la esclavitud del mal. Por eso, caído, Jesus nos demuestra con su humillación hasta de qué somos capaces cuando nuestro corazón se vacía de amor.
12 VIII Estas buenas mujeres han sentido en su alma el sufrimiento de Jesús y la vergüenza de no hacer nada por El. Sólo lloran, que eso sí pueden, y lo hacen con gran dolor de su corazón. Pero Jesús les dice que no es por El sino por sus propios hijos que deben llorar. Estas palabras nos las dirige hoy el Señor a todos nosotros. Sí, debemos llorar por nuestros pecados. No nos compadezcamos de El, sino más bien de todos aquellos que viven apartados de su amor y están en camino de perdición. Recordemos sus palabras: Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?
13 Como dice san Pablo, sólo si morimos con El podremos resucitar con El.IX Pese a la ayuda del Cirineo, y del soporte moral que le han dado la Verónica, las mujeres de Jerusalén, y sobre todo haber visto a su Santísima Madre, Jesús vuelve a morder el polvo, cayendo por tercera vez. En El debemos mirarnos nosotros mismos, tantas veces caídos en el pecado, en la corrupción, y a pesar de todo creyéndonos importantes y merecedores de toda clase de favores. La humillación de Jesús debe hacernos comprender que ningún valor terreno es comparable a la salvación que El nos ganó sufriendo y muriendo por nosotros. Como dice san Pablo, sólo si morimos con El podremos resucitar con El.
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15 Siguen las humillaciones. Ahora lo dejan desnudo, despojado de todo. X Siguen las humillaciones. Ahora lo dejan desnudo, despojado de todo. En realidad poco tenían que quitarle. Toda su vida vivió en la mayor pobreza, para darnos ejemplo y enseñarnos a no apegarnos a nada. Ahora, hasta lo poco que tiene se lo quitan. ¡Qué contraste entre la actitud de Jesús y la de aquellos soldados! Estos sólo quieren, como aves de rapiña, repartirse los pobres despojos. Así andamos nosotros a la caza de cosas materiales, olvidando con frecuencia por ellas el Reino de Dios. ¡Qué triste es pensar que ésa es la causa por la que muchos pierden la eterna felicidad que Jesús conquistó para nosotros con su Muerte!
16 Los clavos taladran la carne de Jesús. Su cuerpo sufreXI Los clavos taladran la carne de Jesús. Su cuerpo sufre terribles dolores. En El sufre toda la humanidad, que paga en esas carnes por los pecados de todo el mundo. Esa cruz se convierte en altar, donde ofrecer el Sacrificio Supremo, el que quita el pecado y permite que los seres humanos vuelvan a ser los hijos de Dios. Tres horas durará la agonía. Tres horas de intenso dolor, en las que el Salvador tiene tiempo para perdonar a sus enemigos y darnos la suprema lección de amor. El dijo: - Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por los que ama. El está aquí muriendo por nosotros.
17 XII En la cruz ha muerto el Autor de la Vida, que con su muerte ha vencido a la muerte. Nosotros queremos ser importantes, y andamos por la vida buscando la felicidad efímera que producen los placeres, o el poder del dinero, o la popularidad, perdiendo desdichadamente este precioso tiempo que Dios nos da para prepararnos un lugar en Reino, ese que Jesús nos ganó con su muerte en cruz. Todo parece decirnos que aquel profeta que enardecía las multitudes ha terminado su vida en un gran fracaso. Esta muerte, sin embargo, transformó la humanidad. Muriendo destruyó nuestra muerte. Muriendo nos dio la Vida
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19 XIII Ya María tiene en sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo. Se lo han matado. Pero ella sabe que ha sido la voluntad del Padre, quien entregó su Hijo a la muerte para nuestra salvación. Ella lo sabía desde hacía mucho tiempo. Ahora comprende muy bien aquella profecía del anciano Simeón. Su alma está traspasada, pero al mismo tiempo consciente de que Jesús ha cumplido la misión recibida de su Padre. Ahora pondrán su cuerpo en un sepulcro, pero ella sabe que su muerte no terminará en este aparente fracaso, sino que todo culminará en la gloria de la Resurrección.
20 Jesús ha muerto, pero ya ElXIV Jesús ha muerto, pero ya El mismo había dicho que resucitaría al tercer día. De esto no todos se acordaban. Sólo María esperaba segura; los demás sentían el vivo deseo mezclado con muchas dudas. Sufrían en lo más hondo la ausencia del Maestro y la tristeza los embargaba. No podían pensar que todo aquello se transformaría en gozo, cuando vieran de nuevo a su Maestro resucitado. La tumba es un tránsito obligado para nuestros cuerpos, pero nada más. El que muere en Jesús vivirá con El. El que sabe sufrir con Jesús reinará con El. El que sigue a Jesús gozará de la gloria con El.
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22 Canciones: Cristo por nosotros La Cruz del Señor Autor: Francisco Palazón Solistas, Coro y Orquesta Canción: Adoración de la Cruz Autor e intérprete: Ricardo Cantalapiedra con Orquesta y Coro Guión, diseño y producción: Arnaldo Bazán