1
2 Festividad de la Santísima Trinidad … Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Mt.28, 18-20
3 “ ¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!, la Iglesia nos sumerge en tu misterio; te confesamos y te bendecimos, Señor Dios nuestro”.
4 La fe se hace confesión y alabanza del misterio trinitario, que distingue a la religión cristiana de los otros monoteísmos.
5 “ Oh Palabra del Padre, te escuchamos; oh Padre, mira el rostro de tu Verbo; oh Espíritu de amor, ven a nosotros; Señor Dios nuestro”.
6 La Trinidad Santa de Dios no languidece en vitrinas de cristales. Adoramos a un Dios que vive y engendra, vive y se comunica, vive y ama. Porque la Trinidad de Dios es la vida. La vida de Dios. Y nuestra propia vida, insertada ya para siempre en su comunidad de comunión.
7 La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a meditar en la última consigna del Maestro: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.
8 Enseñar, bautizar, y hacer discípulos. En esas palabras se encierra la triple misión de la Iglesia.
9 Una vocación profética para anunciar una palabra que salva. Una función litúrgica en la que se celebra la nueva vida. Una tarea de diario pastoreo que recoge, alimenta y guía a la comunidad de los cristianos.
10 Con esa triple encomienda fueron enviados los discípulos. Un encargo que compete a toda la Iglesia, a toda la diócesis y parroquia, a toda la comunidad y a cada uno de los creyentes en Jesucristo.
11 En su nombre hemos sido bautizados. En su presencia recorremos el camino. En su intimidad habitamos, existimos y actuamos.
12 “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Ésa es la última palabra de Jesús.
13 ¿Está el Señor con nosotros? ¿ Dónde estaba Dios en aquellos días de muerte y genocidio? Benedicto XVI repetía en Auschwitz : “Estaba precisamente en los que eran ajusticiados” El Señor está con nosotros, porque se ha identificado con nuestra propia suerte. Y con nuestra muerte.
14 ¿Estamos nosotros con el Señor? La persona se mutila y empobrece si olvida que ha sido llamada a otra dimensión. Cuando cae en esa tentación se priva de lo más importante de sí misma: su espíritu religioso.
15 Con toda la Iglesia nos atrevemos a proclamar la alabanza de nuestra fe trinitaria: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén”.
16 Texto: José Román Flecha Andrés PALABRA DEL SEÑOR Secretariado Trinitario. Salamanca