Frente a la imagen de aislamiento y rechazo de los enfermos mentales por parte de la sociedad, encontramos también que en determinados contextos y lugares.

1 Frente a la imagen de aislamiento y rechazo de los enfe...
Author: Emelina Ronda
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1 Frente a la imagen de aislamiento y rechazo de los enfermos mentales por parte de la sociedad, encontramos también que en determinados contextos y lugares han sido personajes populares, queridos, imprescindibles en su entorno. Se llama txirene al bilbaíno ocurrente, chistoso, bromista y excéntrico, que presume de su origen, exhibe un temperamento fanfarrón y está encantado de haberse conocido y de vivir en la ciudad más prodigiosa del Universo, a la que precisamente por ello otorga magnificencia y brillantez. Txirenes de Bilbao Irantzu González Llona, Juan Medrano Albeniz, Oscar Martínez Azumendi, Talía Rincón Garces, Iñaki Kerexeta Lizarraga, María Carballo Sarmiento, Aiala Gatón Moreno, Ana Miguelez Amboage, Gerardo Priego Remetería, Aida Díaz Cosgaya. www.psiquifotos.com Francisco Usabel “Cabesita de Ajo” sufría con microcefalia y discapacidad intelectual. Su obstinación y el desapego que sentía por el trabajo le convirtieron en su adolescencia y juventud en un individuo de difícil manejo que, tras diversas vicisitudes, terminó viviendo en la Casa de Misericordia, el arraigado asilo municipal, donde realizaba pequeñas tareas como participar en los cortejos fúnebres de Bilbao. Esto complementó su hasta entonces única habilidad conocida: la imitación del Kikiriki del gallo. El 26 de agosto de 1983 la lluvia torrencial pilló a miles de personas entre las txoznas de fiestas de Bilbao. Su aún joven "Aste Nagusia" cumplía su sexto año. Ante aquella catástrofe, sólo hubo una víctima: “Madriles”, un habitual de Barrenkale (Casco Viejo) que las aguas pillaron en su alojamiento improvisado aquel día en un bar cualquiera y que fue encontrado por un comparsero tras una noche muy complicada por la enorme riada que inundó Bilbao. Todavía hay quienes se emocionan con su recuerdo. Nadie conocía el nombre ni el pasado de aquel vendedor de cartones, que con su carrito lleno iba de un lado a otro del Casco Viejo. Era su modo de ganarse la vida, pues no quería ser un mendigo, y con sus escasas pesetas hasta invitaba a algún vino. Claro que los conocidos del mercado, o los taberneros, o los “de Bilbao de toda la vida” le invitaban a saciar su hambre. Él se negaba a contar batallitas, sólo a veces soltaba algunas “filosofadas etílicas” pues tenía buen dominio del verbo y una capacidad de enrollarse increíble. Decía que era posible un mundo mejor, se lo creía y lo defendía. Bonachón e idealista, sólo echaba pestes de los funcionarios pues, decía, vendían su vida por un plato de lentejas. Sus largas conversaciones con los txikiteros le hicieron el personaje más entrañable de la Villa. Su muerte “romántica y silenciosa” contribuyó a acrecentar su leyenda. Arrikibar es una céntrica plazoleta de Bilbao famosa por la llamada “Loca de Arrikibar”, la mujer que incansable hacía punto apostada en uno de sus bancos mientras esperaba, con un turbante verde o sombreros llamativos, las atenciones de un comerciante de la zona del que estaba enamorada. Nuestra txirene, afectada de erotomanía, se sentaba a diario frente al comercio de su amado. A veces tejía, a veces lloraba, pero siempre esperaba. Su historia inspiró la canción de Mocedades “Le llamaban loca”. Aunque los vecinos, más respetuosos y conocedores del caso, le llamaban "la enamorada". Al menos musicalmente hablando es nuestra txirene más universal. Vicente Jodra Sanz (1845-1922), natural de Pamplona, llegó a Bilbao siendo músico militar despachado del servicio. Empezó a complementar su mísera pensión tocando la flauta por las calles de Bilbao. El suyo era un repertorio amplio y oportunista, plegado a cualquier gusto e ideología, y rematado con un alarde personal: tocar la flauta por la nariz. A su muerte le definieron como mendigo alegre, el tipo más popular que circulaba por las calles de Bilbao, “El hombre de la flauta”, el infeliz Vicente Jodra. “Cochemari” (José María Gorrotxategi) sobrevivió durante años gracias a sus conocimientos de la geografía de Bizkaia. Conocía los nombres de los más de cien pueblos de la provincia, y los enumeraba de carrerilla, pero si se le interrumpía, era incapaz de continuar y tenía que volver a empezar su listado con “Durango, Mañaria, Bermio, Mundaka, Eseberio…” para terminar con un triunfal y se dice que afeminado “¡Bilbau!”, tras lo cual, como contrapartida a la divulgación de su saber, alargaba la mano para pedir unos honorarios. Falleció el 2 de enero de 1900 al caer por una ventana del Asilo de la Misericordia. “El Nene” era un recadista de las pescateras de Bilbao, tan infeliz como popular. Fue un representante de una estirpe de acarreadores en mercados que llegó hasta la recta final del siglo XX, muchos de ellos txirenes tocados por alguna discapacidad o por el alcoholismo. El Nene murió a causa de una gamberrada de muy mal gusto, cuando lo empujaron a la Ría, donde pereció porque no sabía nadar. Al Santo de Begoña se le suponía hilo directo con el Cielo gracias a su ascetismo, sus sacrificios y su ayuno y abstinencia, pues se decía que solo se alimentaba de pan y agua. Se apuntaba a todo tipo de procesiones y entierros, en los que se presentaba con un enorme cirio, recubierto a veces por una funda de hule. Bendecía a los niños y a los que eran buenos o le parecía que lo eran y les prometía un paraíso lleno de pasteles y caramelos, lo que demuestra que ciertas concepciones de la recompensa divina tras la muerte son transculturales y sólo cambia el tipo de gratificación, según la edad, pulsiones y pasiones de quien recibe la promesa. Fue una sorpresa y una decepción descubrir a la muerte del Santo, poco antes de la eclosión de la Guerra Civil, que en el lugar donde vivía almacenaba toda suerte de víveres.