1 Grecia, organizada al principio como múltiples Estados en un territorio accidentado y disperso, verá aparecer, porque tendrá necesidad de ella, una Hacienda Pública elemental. En la época de las monarquías hereditarias, había una nobleza poderosa, porque poseía la tierra. Y sólo podía ser ciudadano el que contribuía con bienes propios a determinados gastos públicos o sociales. Los gastos corrientes del Estado se iban cubriendo con los productos del patrimonio real y sólo en ocasiones extraordinarias se acudía a las contribuciones.
2 Llevaban los griegos el comercio en la sangre, quizá no tanto como los fenicios, pero, en cualquier caso, gustaban de intercambiar lo que les sobraba por aquello de que carecían. Y estos intercambios entre las distintas ciudades griegas favorecían una saneada fuente de ingresos: las aduanas.
3 Solón, con sus profundas reformas sociales, mermó las facultades dominicales de los terratenientes griegos, suprimió la esclavitud por deudas, promovió la pequeña propiedad y creó unos impuestos equitativos y justos. Pero, por desgracia, estas medidas no tuvieron efectos duraderos.
4 Poco a poco, los ciudadanos griegos sintieron que las rentas de los bienes de la Corona no bastaban para atender a todos los gastos colectivos. Y ellos querían para sus actos de culto religioso el máximo esplendor, para las fiestas la mejor música, para sus calles o ágoras limpieza y embellecimiento. Se hizo necesario acudir a los impuestos indirectos , esto es, a los que gravan los gastos y consumos familiares. La relación entre ingresos y gastos públicos aparecía por primera vez en la historia de la Humanidad.
5 Atenas encabeza una liga de Estados, Liga de Delos, cuyos miembros tenían la obligación de proporcionar hombres, navíos y dinero para las campañas de guerra. El Tesoro de Delos.
6 Un hombre culto, inteligente y emprendedor va a conducir los destinos de Grecia: Pericles. Le corresponde el mérito de proteger las ciencias y las artes, de realizar reformas ejemplares y de rodearse de eficaces colaboradores. Las tierras recién conquistadas se reparten entre los campesinos asalariados y se dictan disposiciones para remediar la pobreza de amplios sectores de la población. El Tesoro es trasladado de Delos a Atenas. Pericles decide que no sólo ha de emplearse para fines militares, sino también para la construcción de edificios públicos. El Partenón, junto con los Propileos y el Erecteion, embellece la ciudad, pero también mitiga el paro.
7 Al mismo tiempo, el sentido comunitario de los atenienses hizo que el Tesoro Público fuese una especie de bolsa común para distribuir bienes entre el pueblo. Los ciudadanos acomodados que asistían a los juegos de las fiestas oficiales debían dar dos óbolos para que los pobres pudiesen disfrutar igualmente de los espectáculos. Y cuando esto no bastaba, se repartía lo que sobraba cada año del presupuesto del Estado. Estos repartos y los partenones que surgen en todas las acrópolis de Grecia reducen los fondos públicos y los dejan sin reservas para casos de necesidad o para gastos de guerra.
8 En tales ocasiones no hubo más remedio que establecer impuestos directos , los que gravan la renta o el patrimonio de los ciudadanos. Es de notar que la democracia ateniense no concebía los impuestos directos como los únicos equitativos, y así en épocas de paz recaudaba impuestos indirectos , como los que recaían sobre el mercado y el consumo. Los derechos de aduanas nunca superaron el 2,5 por 100, lo que permitió la afluencia al recién construido puerto del Pireo de todos los productos de los demás países.
9 Estas prestaciones tributarias no libraban a los ciudadanos pudientes de la obligación de financiar coros que participaban en las fiestas organizadas por el Estado, o equipar y mantener un navío de combate en tiempos de guerra. Ningún ciudadano debía pasar hambre o miseria y el Estado pagaba médicos y profesores. Se asignó un sueldo a los que ejercían funciones públicas.
10 El destino de Roma como conquistadora y gobernadora de pueblos determinará algunos de los rasgos más característicos y constantes de su Hacienda Pública. Así, el arrendamiento de las tierras de dominio público aportadas por las victorias de las legiones representará una importante fuente de recursos. ROMA No menos sustanciosos para las arcas del Estado eran los botines arrebatados a los vencidos y los tributos que estos debían pagar a Roma.
11 Al principio la Hacienda Pública de Roma era eminentemente patrimonial, pues las rentas de sus bienes constituían la principal fuente de sus ingresos. Ideal en pocas ocasiones alcanzado a lo largo de la Historia, porque el patrimonio público, el patrimonio de todos, no tiene la importancia que sería necesaria para atender las necesidades colectivas con sus productos. Por ello, siempre ha habido que acudir a los tributos.
12 Durante la etapa republicana, por lo general, el ciudadano romano no pagaba impuestos directos.Pero con ocasión de guerras había de realizar determinadas prestaciones monetarias que tenían el carácter de préstamos forzosos, pues eran reembolsadas con las ganancias de las propias guerras. En el gobierno republicano, el rey había sido sustituido por dos cónsules, que ejercían el poder civil y militar. Junto a ellos, los pretores administraban justicia y los cuestores organizaban la Hacienda. Se clasificaba a los contribuyentes según la importancia de sus patrimonios, ganados, industrias..., pero en la mayoría de los casos se imponían las cargas en cantidades iguales por cabeza ( capitación ).
13 A lo largo del tiempo, fueron muchos los tributos que estableció RomaA lo largo del tiempo, fueron muchos los tributos que estableció Roma. Sobre las ciudades pesó un impuesto territorial que se repartía en proporción al valor de los bienes inmuebles. Ciertas provincias recaudaban los diezmos o décimas partes de los frutos de la tierra y enviaban su importe a la capital del Imperio.
14 En las vías romanas se cobraban portazgos –derechos para entrar en las ciudades- y pontazgos –derechos para pasar por los puentes-. Se exigió un gravamen sobre las herencias entre parientes lejanos. Se cobraron tasas sobre el precio de venta de los esclavos y por darles la libertad. Impuestos sobre las ropas de las elegantes romanas y sobre objetos muebles.
15 Se arrendaba la recaudación de los tributos y los recaudadores hacían pingües negocios.En la época del Imperio se llegó a explotar con impuestos a las provincias y ciudades, que a menudo no podían pagar. Octavio, Marco Aurelio y Adriano, tuvieron que perdonar repetidas veces estas obligaciones tributarias.
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17 En los azarosos tiempos que siguieron a la desaparición de la autoridad y unidad de Roma, muchos hombres libres confiaban sus pequeñas propiedades y ellos mismos se entregaban a un gran señor latifundista a cambio de protección. Junto a esta costumbre se difundió la de los soberanos, que concedían a sus súbditos y funcionarios grandes porciones de terreno para compensarles por los servicios civiles o militares prestados. Hacia el siglo VIII ambos fenómenos se fundieron en una forma única de contrato o relación personal: el vasallaje.
18 Los vasallos, a cambio de la protección del señor, debían prestar a éste numerosos servicios, sobre todo el de combatir a su lado en las frecuentes guerras contra belicosos vecinos, y tenían que pagarle cuantiosas rentas. Y si en la época imperial romana habían aumentado los tributos en dinero, estas rentas medievales se pagaban generalmente en especie.
19 Los derechos y prerrogativas de los señores feudales, incluido el rey, alcanzaban a las exacciones o gravámenes que se percibían por las explotaciones de minas, molinos, hornos, fraguas, bosques, pastos, ríos navegables, por la caza y la pesca. Constituían verdaderos monopolios señoriales, cuyos ingresos han de considerarse patrimoniales. Pero se llegó a más. Dedicarse al comercio o a la industria y ejercer un oficio eran tareas que pertenecían al señor feudal, por lo que era necesario su permiso o su licencia para poder realizar tales actividades. Este permiso o licencia llevaba consigo el pago de una cantidad. Se trata de las regalías , que se amparan en las prerrogativas de la Corona respecto de sus súbditos.
20 En el último escalón de la jerarquía humana estaban los siervos de la gleba, adscritos a la tierra.Estaban obligados a prestaciones gratuitas de trabajo para el mantenimiento de los caminos, la reparación del castillo feudal, el cultivo de las tierras del señor, tributos de peaje, rentas de todo tipo. Estos colonos llevaban al castillo del señor sacos de grano, toneles de vino, tinajas de aceite, gallinas, cerdos, ovejas. Y si no lo hacían a su debido tiempo y voluntariamente, las huestes del señor se encargaban de requisarles sus productos a la fuerza.
21 El pueblo, harto de las exigencias de los reyes, se rebela en ocasiones de forma tumultuosa. Los reyes, ante la oleada de alzamientos populares, ceden en ocasiones y aceptan consultar a sus súbditos a la hora de imponer tributos y de decidir la aplicación de los mismos. Comienzan a ser pagados los tributos para atender determinados gastos públicos. Y el contribuyente se va a convertir en el principal protagonista de la resistencia frente al rey.
22 Ejemplos típicos de estas limitaciones del poder real se dieron en las Cortes reunidas en León (año 1188) y en la Carta Magna de Inglaterra (año 1215), que proclamó el principio de que el impuesto ha de ser consentido por quien tiene que pagarlo.
23 A España llega un día un emperador educado en el extranjeroA España llega un día un emperador educado en el extranjero. Su política imperial exige enormes dispendios y subsidios. Las Cortes de Castilla y León se muestran resistentes a admitir nuevas exacciones. Las quince principales ciudades castellanas se alzan en rebelión en la Junta de Ávila. Una de sus quejas: “Las imposiciones y cargas intolerables que han padecido estos reinos.” El ejército real sofocaría el movimiento comunero. Pero la lucha de los monarcas con las Cortes no siempre favoreció a los primeros, que muchas veces tuvieron que plegarse a las condiciones acordadas por las Cortes si querían obtener las sumas que necesitaban.
24 En acuerdos de este tipo entre los gobernantes y las Cortes está el origen remoto del Presupuesto público , como documento que aprueba el Parlamento y por el que se autoriza al Gobierno a recaudar determinados ingresos y a realizar determinados gastos a lo largo del año, introduciéndose un cierto orden en la obtención de ingresos y en la realización de gastos. Y una vez que el rey se acostumbra a ver limitado su poder por los acuerdos de las Cortes en materia de impuestos, está naciendo el poder legislativo, independiente del propio monarca, que se confía a la representación popular.
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26 Los señores medievales se han ido doblegando poco a poco bajo la autoridad del rey que, con un ejército más poderoso, ha derribado sus fortalezas. Se forman grandes naciones, unidas y sometidas a la soberanía absoluta de un monarca. España entera reconoce a los Reyes Católicos, Francia a Luis XI e Inglaterra a Enrique VII. Estos reyes y sus sucesores se esfuerzan por construir Estados fuertes, para lo cual juzgan imprescindible gobernar con mano firme, en nombre, eso sí, del bien común. Y en nombre de ese bien común y de esa necesidad de un Estado fuerte, tratarán de lograr una Hacienda Pública con más medios, con una mejor organización y con un principio de autocontrol.
27 No del todo sofocadas las guerras en el interior de cada nación, surge el enfrentamiento entre naciones por apetencias territoriales y conflictos de intereses económicos o dinásticos. Y mantener un ejército exige considerables recursos financieros, que la Hacienda Pública obtiene recaudando tributos, no siempre equitativos.
28 Otros gastos públicos vienen motivados por la ampliación de la Administración pública, el mantenimiento y boato de la corte, el aumento de la población y el crecimiento de las ciudades. En esta situación la Hacienda Pública necesita contar con una extensa organización burocrática para cobrar los impuestos, para administrar los recursos públicos, para examinar y vigilar la actuación de sus recaudadores y pagadores.
29 Para hacer frente a los gastos colectivos no bastan los impuestos directos , que se reducían casi exclusivamente a los que gravaban a los propietarios de tierras. Hay que multiplicar los impuestos indirectos , que recaen sobre toda clase de artículos y productos de consumo.
30 Se implanta el impuesto del “papel sellado”, que gravaba todos los documentos oficiales. De él será heredero el Impuesto de Timbre del Estado, que durante tantos años ha proporcionado importantes ingresos al Tesoro Público, y aún hoy día perduran figuras tributarias muy semejantes. Se prohíbe la fabricación y/o la venta de la sal, el plomo, el tabaco, etcétera, por los particulares, y se constituyen los correspondientes monopolios fiscales con las consiguientes rentas para la Hacienda Pública. Entre estas rentas llamadas “ estancadas ”, está la de la lotería.
31 El paso del siglo XIX al XX supone una etapa decisivaEl paso del siglo XIX al XX supone una etapa decisiva. Los sistemas fiscales contemporáneos aparecen vinculados, históricamente, al conjunto de instituciones tributarias creadas entre 1870 y 1930 en los países industrializados de Occidente.
32 El Estado Social fue la respuesta política a las convulsiones sociales aparecidas bajo el modelo liberal. Se basa en la necesidad de dar protección a los colectivos más débiles y desfavorecidos garantizando unas prestaciones mínimas y tratando de reducir en lo posible las grandes diferencias de rentas.
33 Finalizada la II Guerra Mundial, se desarrolla el Estado del Bienestar, que persigue algo más que la justicia distributiva o la lucha contra la pobreza extrema. Se propone garantizar el pleno ejercicio de un conjunto de derechos democráticos con objeto de hacer operativo el principio de igualdad para todos los ciudadanos. El Presupuesto Público con su doble vertiente de ingresos y gastos públicos, cobra así una importancia decisiva.
34 Así como el despotismo ilustrado sostiene: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, las Constituciones políticas actuales mantienen el régimen parlamentario y proclaman que todo, incluida la Hacienda Pública, sea para el pueblo y con el pueblo. El pueblo aprueba por mayoría una Constitución y se somete a sus normas. Y encarga a sus representantes que legislen de acuerdo con ella y que controlen las tareas del Gobierno. Las Cortes promulgan leyes que regulan los tributos a recaudar, los gastos públicos a realizar y los recursos que los ciudadanos pueden interponer en defensa de sus derechos ante posibles errores o extralimitaciones de la Hacienda Pública.
35 La fiscalidad se convierte así en una técnica económica al servicio de una opción ética... A través de la cual se hace operativo el principio de justicia distributiva asumido en las normas constitucionales ...
36 MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA ATENCIÓN