Había una vez un gran bosque con muchos árboles de todas clases, habitado por simpatiquísimos animalitos. En invierno, los pinos y los abetos se cubrían.

1 2 ...
Author: Miguel Duarte Gil
0 downloads 0 Views

1

2

3 Había una vez un gran bosque con muchos árboles de todas clases, habitado por simpatiquísimos animalitos. En invierno, los pinos y los abetos se cubrían de nieve y parecían volverse mágicos con todo aquel esplendor del hielo. Las encinas parecían tocar el cielo.

4 Sobre sus ramas los pajaritos gorjeaban felices, en los agujeros de los troncos las ardillas construían sus refugios y a sus pies las libres se escondían cuando llovía. En aquel bosque maduraban también muchos frutos dulces y buenos y los animalitos del bosque se paraban a menudo a comer: un fruto, después otro, después otro más… ¡eran golosísimos!

5 En el medio del bosque había un pequeño lago cuya agua era tan limpia y transparente que se podían ver las piedrecitas del fondo y muchos peces de colores. En otoño, las hojas de los árboles, transportadas por el pícaro viento, se posaban sobre el agua del pequeño lago y parecían pequeñas barcas de colores.

6 Junto a aquél lago había una hermosa casita blanca; las ventanas tenían cortinas bordadas de color rojo y sobre el alféizar había siempre jarrones con flores variopintas y perfumadas. En aquella casa vivía una abuelita buena y simpática, de sonrisa dulcísima: Abuela Linda. Se llamaba así porque amaba mucho la limpieza: su casa estaba siempre…linda y ordenada. Sus cabellos blancos estaban recogidos detrás de la nuca, los ojos resplandecían de bondad detrás de las gafas pequeñas y redondas y vestía vestidos largos, largos con un gran delantal.

7 6 Abuela Linda no estaba sola; con ella vivía su marido, Abuelo Beniamino: un viejecito simpático, de buen corazón y generoso; vestía siempre una camisa de cuadros grandes de colores y un pantalón con enormes bolsillos, en los cuales se podían encontrar miles de cosas: pedacitos de hilo, pequeños clavos, un lápiz chiquito, una navajita, algunos caramelos y un gran pañuelo.

8 Cerca de su casa crecía una encina majestuosa, dentro de la cual habían encontrado casa dos duendecillos: Giò Giò y Desaire Desaire. Giò era bueno y gentil; se comportaba siempre bien y le gustaba ayudar a los demás; Desaire, a veces…hacía honor a su nombre y se divertía: escondía las provisiones a los animales del bosque, comía todas las frutas más sabrosas y maduras, voceaba a grito pelado cuando todos dormían,…en suma, era realmente un bribón. Sin embargo, después de cada trastada, estaba disgustado porque no era malo; sólo un poco inquieto, y tenía siempre ganas de bromear.

9 Pero un día sucedió algo muy gordo. Abuela Linda había preparado en la cocina todos los ingredientes para hacer un pastel: harina, huevos, azúcar y mermelada de fresas. Había pensado, sin embargo, ir al bosque a recoger algunas fresitas frescas para decorar su pastel.

10 Cuando Abuela Linda volvió, vio el desastre y se disgustó tanto que hasta le daban ganas de llorar. Su casa, siempre limpia y ordenada, estaba hecha un desastre. ¿Qué hacer….? Mientras estaba fuera, Desaire entró en casa y, en menos que decirlo, esparció sobre el suelo el azúcar y la harina, lanzó los huevos contra los cristales y untó la mermelada en la mesa.

11 En aquél momento llegó el buen duende Giò y rápidamente pensó el modo de ayudar. Recordó que su abuelo, un duende muy sabio, un día le había hablado de una planta de arándano, en lo alto de la cual crecía un fruto más grande que los otros que tenía poderes mágicos. No se lo pensó dos veces; corrió al bosque a buscarlo. ¡Abuelo duende tenía razón: el arándano gigante existía de verdad! Giò lo cogió y tomó corriendo el camino para regresar a casa de Abuela Linda.

12 No llores más: te he traído el arándano mágico; después de comerlo, cuando quieras, podrás hacer magia en las cosas que toques Abuela Linda pensó que ella amaba sobre todo tener la casa limpia y que eran dos cosas las que la ayudaban siempre en sus labores: el recogedor y la escoba. Decidió hacerlas mágicas.

13 Comió el arándano y, apenas las tocó, recogedor y escoba cobraron vida y, en un abrir y cerrar de ojos, dejaron de nuevo brillante y resplandeciente toda la casa. Abuela Linda, feliz y todavía un poco confusa, dio las gracias de corazón al buen duende Giò y decidió ponerles un nombre a sus dos infatigables ayudantes: llamó “Netto” al recogedor, y “Gina” a la fiel escoba de mijo.

14 Llegó el otoño. Linda y Beniamino se adentraron en el bosque a coger castañas en compañía de su amigo, el duende Giò. No invitaron a Desaire, porque estaban todavía un poco enfadados con él.

15 ¡El duende se sentía muy ofendido e comenzó a organizar un mar de trastadas! Corrió por el bosque, trepó a los árboles y destrozó los nidos de los pájaros que huyeron desesperados; buscó a las ardillas en los agujeros de los árboles para espantarlas, las hizo huir y esparció sus provisiones; se deslizó por las ramas para hacer caer a las hojas.

16 Abuela Linda y Abuelo Beniarmino vieron a todos lo animales huir asustados y, con interés, fueron a inspeccionar el bosque para entender lo que estaba sucediendo. ¡No tardaron mucho en descubrir la causa del desastre! ¡Debemos hacer algo para remediar este desastre! Mientras Abuela Linda, con Gina y Netto, recogían las hojas, Beniamino reconstruyó los nidos de los pájaros y reparó los refugios de los animales. Recogió también cáscaras de nueces y bayas de colores para construir algunos pequeños juguetes para los niños.

17 ¿Y Desaire dónde se había metido? Siguiendo a una ardilla, para hacerla de rabiar, había llegado hasta la ciudad. Linda, Beniarmino y Gió, preocupados por cuánto habría podido organizar el duende travieso, siguieron sus huellas y llegaron también ellos a la ciudad.

18 Hacía ya tiempo que no iban allí, tanto que casi no conseguían reconocerla: el cielo era gris, el aire era denso, hacía toser y era difícil respirar; no había muchos espacios verdes, todo parecía de cemento y de asfalto. Los coches circulaban veloces como una flecha, despidiendo humos grises y malolientes que se mezclaban con los que salían de los tubos de las chimeneas de las fábricas. Gris era el color de todas las cosas y la ciudad parecía muy triste.

19 Un ruido imprevisto los hace sobresaltarse: el duende Desaire, sólo porque casi lo descubren, había derramado uno de los grandes bidones llenos de basura, que se estaba esparciendo por todas partes.

20 Grande fue la sorpresa de los dos abuelitos, porque en aquél bidón había de todo: sobras de comida, cajas todavía cerradas, juguetes, ropa, plásticos, botellas de vidrio, medicinas caducadas, periódicos y revistas… Abuelo Beniamino estaba atónito: “¿Cómo es posible que se tiren todas estas cosas?”

21 Era urgente poner un poco de orden en todo aquél desastre. Abuela Linda pensó rápidamente en sus extraordinarios ayudantes y mandó a Giò a por ellos. Netto y Gina no se liaron mucho para ordenarlo; siguiendo las indicaciones de Abuela Linda y Abuelo Beniamino, separaron la basura e hicieron diferentes montoncitos.

22 Un policía municipal, que dirigía el tráfico un poco a lo lejos, se acercó para ver lo que estaba sucediendo alrededor del contenedor volcado. Abuelo Beniamino le explicó que habría estado mejor recoger la basura en contenedores diferentes, porque muchas cosas habrían podido, así, ser reutilizadas.

23 El policía municipal, entusiasmado con la idea, quiso comunicarla rápidamente al alcalde y acompañó a nuestros dos amigos en su recorrido por la ciudad.

24 Viendo los escaparates, Linda y Beniamino estaban pasmados; no entendían el porqué de tantos productos que a ellos les parecían cosas superfluas. ¿Pero son verdadera- mente necesarias todas estas cosas para vivir?

25 El policía municipal le dio una explicación: “Seguramente se viviría bien con mucho menos. Por desgracia, sin embargo, la gente está habituada a tener mucho y a querer siempre más; así se produce, se contamina, se consume y se malgasta. Tenemos siempre mucha prisa…, …queremos hacer miles de cosas…, así que usamos los coches incluso cuando podemos ir en bicicleta o andando, y he aquí el resultado: cielo gris, árboles que parecen enfermos con sus hojas grises…”

26 Una ciudad así tan triste hizo pensar a Abuela Linda que era el momento de usar su mágico poder: divisó un suave plumero comepolvo en un brillante escaparate, lo hizo traer, lo tocó y… ¡ Nino, cumple con tu deber!

27 En menos que canta un gallo, el plumero barrió el gris de los tejados, de los alfeizares de las ventanas, de las hojas de los árboles, de las paredes de las casas, del cielo…… ¡Ahora sí que la ciudad era bonita!

28 Linda y Beniamino estaban satisfechos. Abuela Linda había usado la magia, pero las personas ahora podían actuar, habían entendido la lección: se podía dejar más a menudo el coche en el garaje, podían comprometerse a malgastar menos y a usar siempre los contenedores para la recogida selectiva de los residuos, se podrían instalar filtros depuradores en las chimeneas de las fábricas.

29 Pasó mucho tiempo y el alcalde de aquella ciudad quiso rendir homenaje a Abuelo Beniamino y a Abuela Linda, porque gracias a ellos había cambiado el aspecto de la ciudad.

30 Fueron invitados a una gran fiesta, organizada expresamente, y tuvieron el honor de ponerle un nuevo nombre a la ciudad; Abuela Linda y abuelo Beniamino la quisieron llamar ECOLANDIA, porque sus habitantes habían comprendido la importancia de respetar la Naturaleza y de no malgastar ninguno de los recursos que ella nos regala con abundancia. Al duende Desaire pronto le perdonaron todas sus travesuras; en efecto, sus jugarretas desairadas no habían sido inútiles porque habían dado la ocasión a los sabios abuela Linda y Abuelo Beniamino de encontrar soluciones importantes a los problemas de la ciudad.

31 La noticia de la ciudad limpia donde si vivía bien se difunde muy rápido y también en otros pueblos y ciudades quisieron seguir el ejemplo de Ecolandia; así, cuanto más la gente seguía los consejos de Abuela Linda y abuelo Beniamino, más mejoraba la vida de todos.

32 Si veis en vuestro camino contenedores de colores diferentes...

33 ¡usadlos! ¡Animaos a emplear más a menudo la bicicleta en vez de los automóviles! …¡A ir caminando a sitios cercanos! ¡Comprometeos a no malgastar las cosas que sirven todavía!

34 Así nuestros pueblos y ciudades serán bellos como Ecolandia, y no necesitarán de la magia de Abuela Linda, de Netto, el recogedor, de Nino, el plumero, y de Gina, la fiel escoba de mijo.

35 Realización En el C.P. Vital Aza de Pola de Lena. Asturias-España, por Sergio Álvarez Delgado, Claudia Estrada García, Victoria García Espina, Irina Gomarín Rodríguez, Marcos González Álvarez, Iván González González, María Groba Salgueiro, Sandra Lobo González, Ángela Mediavilla Núñez, Elena Pérez Tirador, Inés Pintado Alcoba, Esmailin Quezada Ramírez, Niels Joaquín Sánchez Beltré, Tamara Segovia Bartolomé, José Daniel Casas Teixeira, Luis Vargas Vargas, Francisco Vázquez González, Sergio Zapico Gutiérrez. (6º Curso de Educación Primaria) Heliana Álvarez Vázquez, José Manuel Batista García, Andrea Castañón Fernández, Aitami Cruz Rodríguez, David Del Campo Díaz, Alejandro Duarte Álvarez, Eneko González Ormaetxea, Juan Manuel González Sierra, Marta Hevia Braga., Kevin Morán Goulart, Rosalis Quezada Ramírez, Juan José Rodríguez Alfonso, Esther Sánchez Varela, Daniel Vega Fernández, Tiago Yakio Inoue, Ángel Zapico Encina (5º Curso de Educación Primaria) Las profesoras : Montserrat Cachero López (Coordinación) Rocío Ares Díaz Ludivina de la Riva Fernández Con la colaboración de la totalidad del Claustro de Profesores y Profesoras. Las alumnas y alumnos: Curso 2006-2007 En coordinación con sus compañer@s de la Escuela Direzione Didattica 1º Circolo. Lauria - Italia, donde es responsable del proyecto la profesora Carmina Ielpo. donde es responsable del proyecto la profesora Carmina Ielpo.