1 Hay personas que hacen “promesas”. Nuestra promesa desde el bautismo (lo repetimos con el Padrenuestro) es hacer la voluntad de Dios.
2 Jesús no nos pide más promesa que la de seguirle a Él en el sacrificio por los demás. No se puede hacer promesa de pasar calor, sed, dolor, cargar con un gran peso o incomodidades de todo tipo.
3 La promesa por tanto es intentar cambiar de vida en aquello en lo que no nos parecemos a Jesucristo. Sin esto, el ir descalzo, llevar la vela, traer unas flores no son más que un alarde delante de los demás.
4 “Tened cuidado de no hacer el bien delante de la gente para que os vean, dice Jesús. Cuando ayunes, o reces o des limosna que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Tu Padre Dios que ve tu corazón te premiará” (Mt 6, 1-8).