2 1Entonces Jesús, dirigiéndose a la gente y a sus discípulos, les dijo:La liturgia omite las expresiones más duras (Mt 23,13-19) de este “incómodo” capítulo, donde Mateo desenmascara la doctrina de los fariseos, incompatible con el mensaje de Jesús. Narra la propia experiencia de Jesús que ha chocado con frecuencia con las autoridades religiosas de su tiempo, entre las que estaban los escribas y los fariseos. Los fariseos no eran el grupo de los mal vistos por la sociedad, sino los puros, piadosos, cumplidores y estrictos observantes de la ley. Jesús habla a toda la gente, para prevenirles de esas personas y para que no actúen como ellas. Son palabras duras y directas. La bondad y el amor no están reñidos con la valentía, la coherencia y la fortaleza de espíritu. Las denuncias y enfrentamiento con los dirigentes religiosos llevaron a Jesús a la muerte. Hoy, probablemente, sería perseguido y excomulgado. Como les sucede a quienes le siguen de cerca.
3 2-En la cátedra de Moisés se han sentado los maestros de la ley y los fariseos.3Obedecedles y haced lo que os digan, pero no imitéis su ejemplo, porque no hacen lo que dicen. Jesús denuncia, censura y pone al descubierto las actitudes de incoherencia de quienes sientan cátedra con la convicción de estar en posesión de la verdad y de tener la última palabra, suplantando la Palabra de Dios –soberbios-. Exigen a demás lo que ellos no cumplen –incoherentes-. Dicen y no hacen y nunca se autocritican o reconocen sus fallos –vanidosos-. El mensaje de Jesús sigue vigente. No son las palabras lo que cuentan, sino los hechos. Sólo se anuncia con verdad lo que se vive con coherencia y alegría.
4 4Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen a las espaldas de los hombres, pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Jesús critica la doble moral de quienes se autocomplacen en su propia moral externa y vacía, mientras esclavizan, agobian y culpabilizan, con normas y leyes, a las personas. Jesús acoge a quienes viven libera de todo yugo y ofrece alivio y descanso. Y nos invita a que hagamos lo mismo.
5 5Todo lo hacen para que los vea la gente: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos del manto; 6 les gusta el primer puesto en los convites y los primeros asientos en las sinagogas;7 que los saluden por la calle y los llamen maestros. La actitud poco evangélica de ocupar los “primeros” puestos, compartir mesa, sillón y honores con los “grandes” de este mundo es una tentación en la que la mayoría, en mayor o menor grado, caemos. No es fácil armonizar estos comportamientos con el mensaje de Jesús. Jesús denuncia la hipocresía, la vana ostentación, los aires de grandeza y de superioridad y el afán de privilegios y títulos de honor. Actuar así es no seguir el ejemplo ni el estilo de Jesús.
6 8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Ni llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre: el del cielo. 10 Ni os dejéis llamar preceptores, porque uno sólo es vuestro preceptor: el Mesías. En esta segunda parte y en contraposición con la anterior, Jesús señala cómo debe ser el/la En la comunidad cristiana no hay “padres” e en ella somos No hay más intermediarios que Jesús, el único Maestro a reconocer y a seguir. Él es el centro, el único Jefe de la comunidad. Teniendo en cuenta las palabras, las recomendaciones y la vida de Jesús , las instituciones organizadas en esquemas jerárquicos, donde existen escalafones o niveles entre las personas, donde hay quien se considera y se deja llamar padre y maestro, donde hay personas discriminadas, no tienen nada que ver con la comunidad de Jesús; ni entienden en qué consiste el Reino de Dios.
8 CREO... Creo en Dios, Padre bueno, Creo en el Espíritu,creador de un mundo no terminado en el que todos podemos participar porque es nuestra casa. Creo en Dios, Padre fiel y misericordioso, que nos ha hecho hijos suyos y quiere que seamos libres y fraternales, iguales en nuestra diversidad, y no pobres y ricos, amos y esclavos, superiores e inferiores. Creo en Jesucristo, que vio la situación de este mundo y tomó partido ante ella, comprometiéndose hasta dar la vida por el reino de Dios. que resucitó para el triunfo de la vida, para que nos liberemos de los prejuicios, de la avaricia y de la presunción, del miedo y del odio; para que transformemos el mundo en signo y primicia de su Reino. Creo en el Espíritu, memoria viva y presente de Jesús, que nos despierta, acuna y renueva. Él nos hace ver, en nuestro caminar, con cuánta precaución nos tenemos que organizar,hasta qué punto nuestra inteligencia está atrofiada,nuestra imaginación empobrecida y nuestros esfuerzos equivocados. dador de vida y alegría, de inteligencia y sabiduría, de paz y solidaridad. Creo en la fraternidad de todos los pueblos, y en nuestra responsabilidad para hacer de esta tierra un valle de miseria, hambre y violencia, o el paraíso por el que tantos han dado su vida. Creo en los hombres y mujeres de buena voluntad, en la fuerza histórica de los pobres, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en la buena noticia del Evangelio. Creo en el don de una vida llena de sentido para todas las personas a las que Él tanto ama, y en el futuro nuestro y de este mundo en Dios AMÉN Ulibarri Fl.