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2 Lamentación ante el Templo devastado Automático
3 ¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
4 Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya..[…]
5 Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
6 Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes.
7 En la entrada superior abatieron a hachazos el entramado;
8 después, con martillos y mazas, destrozaron todas las esculturas.
9 Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre.
10 Pensaban: "acabaremos con ellos", e incendiaron todos los templos del país.
11 Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta: nadie entre nosotros sabe hasta cuando.
12 ¿Hasta cuando, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo? ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario? […]
13 Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre, tú ganaste la victoria en medio de la tierra.
14 Tú hendiste con fuerza el mar, rompiste la cabeza del dragón marino;
15 tú aplastaste la cabeza del Leviatán, se la echaste en pasto a las bestias del mar; […]
16 Tuyo es el día, tuya la noche, tú colocaste la luna y el sol;
17 tú plantaste los linderos del orbe, tú formaste el verano y el invierno.
18 Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja, que un pueblo insensato desprecia tu nombre;
19 no entregues a los buitres la vida de tu tórtola, ni olvides sin remedio la vida de los pobres.
20 Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias.
21 Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre.
22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa: recuerda los ultrajes continuos del insensato;
23 no olvides las voces de tus enemigos, el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.
24 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo