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2 Lamentación ante la destrucción de Jerusalén Automático
3 Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas.
4 Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo,
5 y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
6 Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
7 Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.
8 ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?
9 No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
10 que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.
11 Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
12 líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.
13 ¿Por qué han de decir los gentiles: "dónde está su Dios"?
14 Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza de la sangre de tus siervos derramada.
15 Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
16 Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
17 te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
18 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo