LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (5) FORTALEZA (2ª. PARTE) PACIENCIA – PERSEVERANCIA – CONSTANCIA TENACIDAD - TOZUDEZ El heroísmo de lo ordinario.

1 LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (5) FORTALEZA (2ª. PARTE)...
Author: María Luisa Carrizo Hidalgo
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1 LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (5) FORTALEZA (2ª. PARTE) PACIENCIA – PERSEVERANCIA – CONSTANCIA TENACIDAD - TOZUDEZ El heroísmo de lo ordinario

2 LOS BIENES DE LA PACIENCIA San Agustín define la paciencia como la virtud “que nos hace soportar los males con buen ánimo”, de modo que no nos acarreen una tristeza desordenada. Ante lo desagradable, las dificultades… Un cristiano no puede reaccionar malhumoradamente, ser agrio ante las contrariedades… Atascos en el tráfico, retrasos en algún trabajo, tristeza por el fracaso de un plan… Hay que ver en las contrariedades la mano de Dios.

3 LOS BIENES DE LA PACIENCIA Paciencia ante los defectos propios y los de los demás. «El que sabe ser fuerte no se mueve por la prisa de cobrar el fruto de su virtud; es paciente. La fortaleza nos conduce a saborear esa virtud humana y divina de la paciencia. “Mediante la paciencia vuestra, poseeréis vuestras almas” (Lc 21, 19). “La posesión del alma es puesta en la paciencia que, en efecto, es raíz y custodia de todas las virtudes. Nosotros poseemos el alma con la paciencia porque, aprendiendo a dominarnos a nosotros mismos, comenzamos a poseer aquello que somos” (San Gregorio). Y es esta paciencia la que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo» (San Josemaría, Amigos de Dios, n. 78).

4 LOS BIENES DE LA PACIENCIA La paciencia cristiana no es impasibilidad ni dureza de corazón. Impaciente es uno que se deja abatir por el panorama negativo que ofrecen los medios de comunicación. Pero es peor el que se acostumbrara a la maldad y no sintiera repugnancia ante los crímenes e injusticias. No podemos desinteresarnos de los demás o de hacer el bien en el mundo entero.

5 LOS BIENES DE LA PACIENCIA Tampoco es paciencia el excesivo sosiego en el trabajo. Conformarse con rendir poco, lo mínimo necesario. Hay que emplearse a fondo: no apresuradamente, sino “al paso de Dios”. La precipitación es un signo claro de impaciencia. Sobre todo en la formación de las personas: hay que “ir tirando”, con paciencia y cariño.

6 PERSISTIR EN EL AMOR Perseverar es persistir en el amor. La perseverancia lleva a proseguir en el ejercicio de la virtud, a pesar de las dificultades y de la duración del esfuerzo. Es normal que lo bueno atraiga. Pero la experiencia es que algunas de esas empresas no llegan a término. La perseverancia se opone a la frivolidad, al mariposeo, a conformarse con flacos resultados con apariencia de éxito. Que no nos pase lo de aquel hombre que “comenzó a edificar y no pudo terminar” (cfr. Lc 14, 30).

7 PERSISTIR EN EL AMOR Lo importante no es poner la primera piedra, sino la última. Comenzar es de todos, perseverar, de santos. Que tu perseverancia no sea consecuencia ciega del primer impulso, obra de la inercia: que sea una perseverancia reflexiva (San Josemaría, Camino, n. 983). La constancia y la tenacidad permiten continuar el trabajo independientemente del estado de ánimo, del tedio y de los parciales fracasos. Esto es lo que se llama, en el buen sentido, tozudez.

8 PERSISTIR EN EL AMOR Constancia y tenacidad, en primer lugar, en la lucha interior. Emprender las cosas serias con espíritu deportivo. En el apostolado hay que saber esperar con paciencia. Hay que hablar de Dios aunque tarden en llegar los frutos. Te asustas ante las dificultades, y te retraes. ¿Sabes qué resumen puede trazarse de tu comportamiento?: ¡comodidad, comodidad y comodidad! Habías dicho que estabas dispuesto a gastarte, y a gastarte sin limitaciones, y te me quedas en aprendiz de héroe. ¡Reacciona con madurez! (San Josemaría, Surco, n. 521).

9 CONSTANCIA PARA APRENDER Particular interés reviste la constancia en los medios de formación. Siempre hay algo que aprender. Hay que saber discernir, estudiar, consultar… La tarea de formarse bien exige un compromiso. Los deberes hay que enfrentarlos con madurez y responsabilidad. Hay que compaginar el tiempo requerido por la formación con el que ocupa un trabajo serio, además de los intereses familiares, sociales, culturales, recreativos… La tarea de la propia formación se apoya en la fortaleza, constancia y espíritu de sacrificio.

10 LOS FRUTOS DE LA PACIENCIA La fortaleza y sus virtudes aledañas trae como fruto la serenidad. “Serenos porque siempre hay perdón, porque todo encuentra remedio, menos la muerte y, para los hijos de Dios, la muerte es vida. Serenos, aunque sólo fuese para poder actuar con inteligencia: quien conserva la calma está en condiciones de pensar, de estudiar los pros y los contras, de examinar juiciosamente los resultados de las acciones previstas. Y después, sosegadamente, interviene con decisión” (San Josemaría, Amigos de Dios, n. 79).

11 LA FORTALEZA DE MARÍA Cuando el ángel le anunció que sería la madre de Dios y dijo sí. Cuando lo anunció a San José y a sus padres. Cuando dejó todo para ir con prontitud a servir a su prima Isabel. Cuando dio a luz al hijo de Dios entre la miseria. Para aceptar la profecía de la espada que atravesaría su alma. En las persecuciones, para proteger al hijo de sus entrañas y para resistir las dificultades. La Madre de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

12 LA FORTALEZA DE MARÍA Para buscar hasta encontrar al niño que Dios le había confiado y se había perdido. Para educar y ayudar a crecer en estatura, en sabiduría al Hijo de Dios. Para exponer a su hijo al mundo cuando todavía no había llegado su hora. Para dejarlo ir a cumplir su misión. Para acompañarlo con su oración. Para acompañarlo en la pasión. Para darle fortaleza cuando cargaba su cruz. Para permanecer de pie al pie de la cruz.

13 LA FORTALEZA DE MARÍA Para decir Sí y recibir a los discípulos que lo habían abandonado y a los que lo habían crucificado, como verdaderos hijos. Para recibir su cuerpo sin vida y abandonarlo en el sepulcro. Para mantenerse firme en la fe y en la esperanza cuando ya se había ido. Para mantener silencio ante los incrédulos, aún cuando ya había resucitado.

14 LA FORTALEZA DE MARÍA Para despedirlo cuando volvía a la derecha de su Padre mientras acompañaba en su misión a todos sus hijos. Para ir a buscar y reunir a sus amigos, los que lo habían abandonado, para reunirlos en oración a la espera del Espíritu Santo. Para ayudarlos a cumplir su misión. Para cumplir en todo la voluntad de Dios.