LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (8) CASTIDAD (II). CASTIDAD MATRIMONIAL Al proclamar la honestidad de los actos con los que los esposos se unen íntima y.

1 LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (8) CASTIDAD (II) ...
Author: Inés Domínguez Espinoza
0 downloads 0 Views

1 LAS VIRTUDES EN LA VIDA MORAL (8) CASTIDAD (II)

2 CASTIDAD MATRIMONIAL Al proclamar la honestidad de los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, la Iglesia añade que esas acciones deben estar eficazmente dirigidas por criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la procreación humana, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal, que se convierte así en soporte necesario para quienes viven en el estado matrimonial (cfr. Conc. Vat. II, Gaudium et spes, nn. 49 y 51).

3 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS En las personas casadas es un elemento esencial la apertura a la vida en los actos propios del matrimonio. Es intrínsecamente deshonesta toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación (Pablo VI, Humanae vitae, n. 14).

4 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS No es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien (Cfr. Rom, 3, 8), es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social. Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda (Humanae vitae, n. 14).

5 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS En el origen de cada persona hay un acto creador de Dios. La sexualidad humana es una cooperación con la potencia creadora de Dios. El hombre y la mujer no son árbitros de esa potencia creadora, ni sus dueños. El hombre no es un puro cuerpo, sino que está compuesto de cuerpo y alma.

6 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS Cuando mediante la anticoncepción, los esposos privan al ejercicio de la sexualidad conyugal de su potencial capacidad procreadora, se están atribuyendo un poder que pertenece exclusivamente a Dios, el poder de decidir en última instancia la venida al mundo de una persona humana (San Juan Pablo II, Discurso al congreso sobre la procreación responsable, 17.IX.83).

7 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS Ninguna acción anticonceptiva, por ninguna razón, puede ser justificada. Pensar o decir lo contrario equivale a admitir que en la vida humana pueden acaecer situaciones en las que sea lícito no reconocer a Dios como Dios (San Juan Pablo II, Ibid.)

8 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS Existe una conexión inseparable, querida por Dios y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador (Humanae vitae, n. 12). Desvincular alguno de esos elementos lleva a falsificar la verdad del amor matrimonial, que queda esclavizado por el egoísmo. El cuerpo pertenece al ser de la persona y no a su tener. Los esposos están llamados a hacer de sí mismos don del uno al otro: nada del ser de la persona queda excluido. La anticoncepción contradice la verdad del amor conyugal.

9 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS La ordenación a los hijos queda reforzada en el caso del sacramento del Matrimonio. Los esposos son una imagen viva del amor de Cristo por la Iglesia. Colaboran con Dios en el acrecentamiento del Cuerpo Místico, mediante el Bautismo y la educación cristiana de los hijos.

10 VIDEO: EL AMOR BENDITO DEL MATRIMONIO

11 CÓMO CUMPLIR EL DESIGNIO DE DIOS La Iglesia ha mantenido una fuerte batalla en favor de la vida y de la santidad del matrimonio. Lo que la Iglesia enseña sobre los anticonceptivos, no constituye materia sujeta a la libre discusión entre teólogos. Enseñar lo contrario equivale a inducir a error la conciencia moral de los esposos (San Juan Pablo II, Discurso, 5.VI.1987).

12 PAPA FRANCISCO La unión conyugal está ordenada a la generación «por su propio carácter natural» [Gaudium et spes, n. 48]. El niño que llega «no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento» [Catecismo, n. 2360]. No aparece como el final de un proceso, sino que está presente desde el inicio del amor como una característica esencial que no puede ser negada sin mutilar al mismo amor. Desde el comienzo, el amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia. Entonces, ningún acto genital de los esposos puede negar este significado [Catecismo, n. 1654], aunque por diversas razones no siempre pueda de hecho engendrar una nueva vida (Amoris laetitia, n. 80).

13 UN PROYECTO CRISTIANO DE FAMILIA Caben dos posibles opciones a la hora de forjar un proyecto de familia: inspirarse en el amor a Dios o buscar la satisfacción egoísta del amor propio. Si se desea cumplir la Voluntad de Dios, el proyecto de familia acogerá las normas de la ley moral. Si el motivo es egoísta (comodidad, afán de poseer más…), el proyecto que ahí nazca será negativo (se elegirán mal los medios para alcanzar el fin). Los esposos cristianos deben buscar santificarse en el estado matrimonial, confiando en Dios y amando a los hijos.

14 PAPA FRANCISCO El hijo reclama nacer del amor de sus padres, y no de cualquier manera, ya que él «no es un derecho sino un don» [Catecismo, n. 2378], que es «el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres» [Instrucción Donum vitae, II, 8]. Porque «según el orden de la creación, el amor conyugal entre un hombre y una mujer y la transmisión de la vida están ordenados recíprocamente (cf. Gn 1,27-28). De esta manera, el Creador hizo al hombre y a la mujer partícipes de la obra de su creación y, al mismo tiempo, los hizo instrumentos de su amor, confiando a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la transmisión de la vida humana» [Relación final, n. 63] (Amoris laetitia, n. 81).

15 SAN JOSEMARÍA El egoísmo acaba rebajando ese amor a la simple satisfacción del instinto y destruye la relación que une a padres e hijos. Difícilmente habrá quien se sienta buen hijo - verdadero hijo- de sus padres, si puede pensar que ha venido al mundo contra la voluntad de ellos: que no ha nacido de un amor limpio, sino de una imprevisión o de un error de cálculo.

16 No basta pensar que no se cometen acciones ilícitas en el matrimonio. También caben los pecados de omisión, cuando por egoísmo o comodidad no se cumple el mandato de Dios: crezcan, multiplíquense. Una vida humana que dejara conscientemente espacio al egoísmo, sería la negación del Cristianismo, pues Dios es caridad. UN PROYECTO CRISTIANO DE FAMILIA

17 SAN JOSEMARÍA Bendigo a los padres que, recibiendo con alegría la misión que Dios les encomienda, tienen muchos hijos. E invito a los matrimonios a no cegar las fuentes de la vida, a tener sentido sobrenatural y valentía para llevar adelante una familia numerosa, si Dios se la manda. Cuando alabo la familia numerosa, no me refiero a la que es consecuencia de relaciones meramente fisiológicas; sino a la que es fruto de ejercitar las virtudes cristianas, a la que tiene un alto sentido de la dignidad de la persona, a la que sabe que dar hijos a Dios no consiste sólo en engendrarlos a la vida natural, sino que exige también toda una larga tarea de educación: darles la vida es lo primero, pero no es todo.

18 Es importante mostrar la alegría que desborda de una familia en la que se acoge plenamente la vida y se educa cristianamente a los hijos, sintiendo el orgullo santo de haber optado con generosidad por el mejor proyecto de familia cristiana en las circunstancias concretas de cada uno. UN PROYECTO CRISTIANO DE FAMILIA De esas familias surgirán las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

19 VIDEO: LA VOCACIÓN SACERDOTAL DE UN HIJO

20 La Iglesia conoce las dificultades que puede encontrar un matrimonio para vivir plenamente la castidad conyugal. Pero no puede disminuir las exigencias morales, por una cómoda condescendencia. Cegar las fuentes de la vida es un crimen contra los dones que Dios ha concedido a la humanidad, y una manifestación de que es el egoísmo y no el amor lo que inspira la conducta. Entonces todo se enturbia, porque los cónyuges llegan a contemplarse como cómplices: y se producen disensiones que, continuando en esa línea, son casi siempre insanables (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 25). FORTALECER LA VIDA ESPIRITUAL

21 Para llevar a la práctica con alegría y confianza en Dios el proyecto de crear una familia cristiana, la Iglesia insiste en la importancia de tener una vida espiritual profunda, enraizada en la oración y los sacramentos. La castidad conyugal es fuente de otros bienes: serenidad, paz, armonía y entendimiento con el otro, sentido de responsabilidad, eficacia educativa en los hijos y en el ambiente familiar… FORTALECER LA VIDA ESPIRITUAL