LOS DESAFÍOS DE LA ABOGACÍA EN EL SIGLO XXI La necesaria formación continua de los abogados. Del abogado clásico al de estas horas Carencias: nos olvidamos.

1 LOS DESAFÍOS DE LA ABOGACÍA EN EL SIGLO XXI La necesari...
Author: Soledad Malta
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1 LOS DESAFÍOS DE LA ABOGACÍA EN EL SIGLO XXI La necesaria formación continua de los abogados. Del abogado clásico al de estas horas Carencias: nos olvidamos enseñarte a pleitear. Talentos básicos que debe poseer todo abogado en ejercicio: conversar, asesorar, negociar, saber redactar contratos y escritos.

2 Algunas proposiciones a tener en cuenta: 1.- Explorar la realidad y repensar los que teníamos por conocimientos definitivamente incorporados o de muy difícil variación o alteración. 2.- No copiar, ni transplantar soluciones en uso en otras latitudes, en países de distinto desarrollo y ubicación mundial. 3.-Asumir dentro y fuera del proceso judicial una actitud menos conceptualista y que gusta refugiarse casi con exclusividad en el garantismo técnico de la forma.

3 4.- Trabajar, por ende, desde otra óptica que no se reduzca al proceso adversarial. Explorar la negociación y otras alternativas a la solución judicial. 5.- Saber buscar otros métodos de entendimiento y de aproximación; encontrar otros caminos a las fórmulas extremas de componer las disputas aprovechando el manejo escrupuloso y diplomático del tiempo, la maduración de las circunstancias que lleven a una solución negociada a partir de la íntima convicción de que no toda diferencia debe originar – traumáticamente- una controversia a definirse judicialmente.

4 6.- Mantener firmeza en las propias convicciones y en el terreno ético en que debe moverse la gestión del abogado. 7.- Dar siempre la impresión de que se persigue concretar bases de entendimiento que reposan en criterios de equilibrio, razonabilidad y equidad, y que ellos son de conveniente recepción para las partes involucradas y de que son posibles. Además, se deberá demostrar que de ninguna forma se busca solamente postergar la solución y ganar tiempo para ello.

5 Los abogados y la corrupción. 1.- Los datos de la realidad. a) Con frecuencia aparecen noticias que señalan la participación de uno o más abogados en actividades ilícitas. b) Participaciones en la entrada ilegítima de bienes en contravención de las disposiciones aduaneras, vaciamiento de empresas, lavado de activos provenientes del narcotráfico, etc.

6 c) Fabricaciones de pleitos seriados, exorbitantes pretensiones que no responden a la realidad. d) Que el profesional de confianza y asesor del cliente ponga obstáculos para impedir acuerdos que favorecerían a su cliente.

7 e) Los medios de comunicación masiva con cierta frecuencia difunden series en las que el rol del abogado emerge como el artífice de soluciones ilícitas (desplazamientos de herencias, alteración de las garantías de los derechos) de suerte que su rol de tutelar los derechos y la defensa de las libertades fundamentales habría sido sustituido por una cantidad cada vez más grande de notas destructoras de la ética colectiva. Todo ello implica un inocultable bajón ético y, por ende, el deber prioritario de la abogacía de asumir una empeñosa empresa de reconstrucción de la ética de los abogados.

8 Nuestras Facultades nos enseñan a usar los Códigos, no a vivir la ética. La carencia en los abogados de una conciencia activa de ella, de sus exigencias, de sus deslindes, prohibiciones y sanciones, es tremendamente desoladora. Esas reglas, pautas de comportamiento, estándares o guías, no están en verdad interiorizadas – lisa y llanamente se ignoran en medida inexplicable-. Muchos abogados cometen faltas por desconocer a ciencia cierta cómo deberían haber obrado. No sabían que obraban mal.

9 La Universidad y los Colegios profesionales deben ponerse a la vanguardia, sin distracciones ni posturas facilitas que importarían declinar de lo suyo, en una fuga hacia delante, que contribuiría con resultados más debilitadores a acentuar el descenso. Debemos salir al cruce y esforzarnos para corregir esas claves cambiadas. Remontar hacia un nuevo y jerarquizado horizonte de los abogados y de la abogacía. Constituiría un error dejar ahondar el punto de ebullición de este problema y suponer que solo se superará. Debemos cuanto antes “volver a lo debido”. Es mucho lo que en tal sentido tenemos que hacer.

10 Función de los abogados en el proceso dialéctico. Proceso dialéctico y proceso totalitario. En el proceso totalitario las partes son solamente elementos decorativos, llamados para hacer más espectacular el rito, pero el juez es todo, y única su voluntad. La sentencia no es el producto final del encuentro de voluntades contrapuestas, resultado que permanece incierto y en formación, en tanto que el proceso está in itinere, sino que constituye el arbitrio solitario de una sola voluntad que presenta el proceso como un artificio para dar, en forma retrospectiva una justificación ilusoria a la decisión tomada con anterioridad.

11 El proceso debe constituir en un régimen democrático un coloquio civilizado entre personas situadas en el mismo nivel humano, siendo fácil comprender la importancia del abogado, o más bien, de los abogados como interlocutores necesarios de este diálogo en una regulación democrática de la justicia. El éxito del proceso, y por tanto, la suerte de la justicia, está condicionado por el amigable y leal desenvolvimiento de este coloquio, por lo que de las buenas relaciones entre los jueces y los abogados, más que de la bondad de las leyes, depende el buen funcionamiento de la justicia.

12 Resulta inútil que las leyes procesales establezcan decadencias y preclusiones, si magistrados y abogados no llegan a encontrar por sí el punto de contacto y de equilibrio entre las obligaciones que tienen los últimos, primeramente de la defensa esforzada y cuidadosa de las pretensiones de su cliente y el deber importantísimo de constituirse en leales colaboradores del juzgador, no retardando el curso de la justicia por razones de táctica.

13 Comprensión recíproca entre abogados y jueces. Es necesario que el juez comprenda y aprecie hasta dónde su labor es facilitada y su esfuerzo reducido por la presencia de los abogados que asumen el duro trabajo de traducir al juez la tosca realidad en comprensible lenguaje jurídico; pero es preciso también que los abogados comprendamos que el cargo de juez es más gravoso y requiere mayor compromiso que el del patrocinio forense.

14 El derecho a la defensa. El abogado constituye en el proceso la expresión más importante del respeto a la persona, ya que donde no existe abogado la personalidad del justiciable queda disminuida, corriendo el riesgo de ser arrollado en el proceso civil por la mala fe del adversario y las trampas del procedimiento, y en el proceso penal por la aplastante superioridad del acusador oficial.