1 Macarena Barba y Andrea González 4ºA
2 Wikipedia www.epdlp.com http://vicenteblasco.blogspot.com.es
3 Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 29 de enero de 1867 – Mentón, Francia, 28 de enero de 1928) fue un escritor realista y naturalista, periodista y político español. Fue hijo del comerciante Gaspar Blasco y de Ramona Ibáñez, ambos de origen aragonés. El primer libro serio que leyó fue La historia de los girondinos de Lamartine y luego las obras de Víctor Hugo, especialmente Los miserables. Según el historiador Ramiro, "a partir de ese momento tuvo claro lo que iba a ser: escritor revolucionario, agitador por la palabra y por la acción“. Comenzó a introducirse en la vida política de Valencia al acudir a las reuniones que el Partido Republicano Federal. Escribe crónicas de lo que ve para algunos periódicos y comienza su etapa periodística. A los 16 años ya había fundado un periódico semanal que, al ser de menor edad, puso a nombre de un amigo suyo zapatero. Se convirtió en el líder del republicanismo en Valencia 1892-1905. Entre los años 1898 y 1907, ocupó escaño en el Congreso de los Diputados representando al partido republicano. Configuró un movimiento político que ha sido denominado blasquismo, uno de cuyos antecedentes se puede encontrar en los sans-culottes de la Revolución Francesa. A partir de 1905 tras su abandono de la vida política y su marcha de Madrid, se dedicó a la literatura. En 1909 viajó a Argentina para promocionar una gira de conferencias. Ganó mucho dinero en Buenos Aires. De 1911 a 1913, se dedica por entero a poner en marcha las colonias que bautiza con el nombre de Nueva Valencia y Cervantes. Pero el proyecto terminará en un estrepitoso fracaso. Vicente regresó a España arruinado. Fue un escritor de éxito internacional desde 1914 a 1923, volviendo a su anterior nivel económico.
4 Dividió su vida entre la política, el periodismo, la literatura y el amor a las mujeres, de las que era un admirador profundo, tanto de la belleza física como de las características psicológicas de éstas. Se definía como un hombre de acción, antes de como un literato. Escribía con mucha rapidez. Tenía gran aprecio a la música, tanto o más como a la literatura. En una reunión típica de la época, en que los jóvenes se reunían para hablar de música y literatura y recitaban poesías, conoce a la que sería su esposa y madre de sus hijos, María Blasco del Cacho. Se casó con María Blasco en 1891, con ella tuvo cuatro hijos. Mario, Julio César, Sigfrido y Libertad. María falleció en 1925 en Valencia, mientras él residía exiliado en Mentón. Se casó en segundas nupcias en 1925 con Elena, de nacionalidad chilena. Falleció en Mentón, Francia el 28 de enero de 1928.
5 Los restos del escritor, que se encuentra en el Museu de Belles Arts de Valencia, Centre del Carme.
6 1. Arroz y tartana 2. Entre Naranjos 3. Los cuatro jinetes del apocalipsis 4. La barraca 5. Cañas y barro 6. Sonnica la cortesana
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8 Cañas y Barro es una novela de Blasco Ibáñez. Narra la historia de un pueblo de las Albufera valenciana, en un ambiente de pescadores y arroceros, tres generaciones de la familia “los Paloma” conviven en el lugar: el abuelo, el mejor pescador del lago, Tono, el hijo, que ha consagrado su vida a ganar terreno al agua, en una tarea interminable, acarreando tierra en su barca para conseguir, palmo a palmo, un terreno que poder cultivar; por fin Tonet, el nieto, la oveja negra de la familia, que, con su conducta, causa la deshonra de todos. Como fondo del vivir de la familia se halla la España de finales del siglo XIX y principios del XX, una época en plena transformación social.
9 " Desperezóse la inmensa vega bajo el resplandor azulado del amanecer, ancha faja de luz que asomaba por la parte del Mediterráneo. Los últimos ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de otoño, que, por lo tibio de su ambiente, parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final como si los hiriese la luz del alba con sus reflejos de acero. De las techumbres de paja de las barracas salían las bandadas de gorriones como un tropel de pilluelos perseguidos, y las copas de los arboles empezaban a estremecerse bajo los primeros jugueteos de estos granujas del espacio, que todo lo alborotaban con el roce de sus blusas de plumas. Apagábanse lentamente los rumores que habían poblado la noche: el borboteo de las acequias, el murmullo de los cañaverales, los ladridos de los mastines vigilantes. Despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidosos. Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca. Los campanarios de los pueblecitos devolvían con ruidoso badajeo el toque de misa primera que sonaba a lo lejos, en las torres de Valencia, esfumadas por la distancia. De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada de acre perfume de vegetación, deseaba correr por los campos.