Oración por las Vocaciones

1 Oración por las VocacionesMisioneras Franciscanas del V...
Author: Marcos Pereyra Maidana
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1 Oración por las VocacionesMisioneras Franciscanas del Verbo Encarnado Oración por las Vocaciones 21 de Mayo de 2017

2 INICIO Te adoramos Señor nuestro Jesucristo,aquí y en todas las Iglesias que están en el mundo y te bendecimos, porque con tu santa Cruz, redimiste al mundo. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo… Iglesia de San Damián

3 INTRODUCCIÓN Queridas Hermanas: En este día 21 proponemos rezar con la Carta que el Papa Francisco ha dirigido al Obispo de Asís, en ocasión de la Inauguración del Santuario della Spogliazione o Santuario del Despojamiento en la ciudad de Asís. Este es un hecho histórico para la Iglesia de la Ciudad Seráfica, para la Iglesia Universal y para toda la humanidad, porque nace un nuevo “lugar sagrado” dentro del itinerario espiritual franciscano; el cual quiere poner de relieve el “gesto profético” de Francisco al “despojarse” de todo para entregarse enteramente a Dios Padre y a los hermanos; y también el “gesto materno” del Obispo Guido que, al cubrirlo con su manto, lo acoge dentro de la Iglesia. Sabemos que San Francisco no es exclusividad de los franciscanos, ni tampoco de la Iglesia; él es un “don significativo” para toda la humanidad. Cuánto más debería ser para nosotras, hijas del Seráfico Padre, es decir, FRANCISCANAS, “identidad apasionadamente querida y defendida” por Madre Giovanna. Por lo tanto, tenemos una gran responsabilidad en la Iglesia y en el mundo: testimoniar la belleza y profecía de este carisma en el tiempo actual. A través de la lectura orante de esta Carta, somos invitadas a examinar cómo nos encontramos en nuestro despojamiento, y a entregar al Señor el deseo de “vaciarnos de nosotras mismas” para “dar espacio a Dios y a los hermanos”, a fin de que nuestra vocación cristiana-franciscana exprese la verdadera alegría que pueda “atraer” a tantas otras. Que esta sea nuestra intención comunitaria, al rezar por las vocaciones.

4 ORACIÓN DEL SANTUARIO DEL DESPOJAMIENTOOh Dios, Padre nuestro, Tú has amado tanto al mundo al darle a tu Hijo Jesús. El se ha despojado de su Gloria, para hacerse uno de nosotros, hasta morir por nosotros. Haz que, como Francisco, despojados de todo egoísmo, digamos con toda verdad “Padre nuestro que estás en el Cielo”, y nos revistamos de Cristo, nuestro desnudo y crucificado Señor. Sea, en El, nuestra vida, un don de amor, plenitud de alegría, y la Iglesia, que nos ha cubierto en el bautismo de su manto de gracia, resplandezca en nosotros, como en María, de la santidad de Cristo con la fuerza del Espíritu Santo. Amén. Domenico Sorrentino -Obispo de Asís, Nocera, Umbra, Gualdo Tadino-

5 Primera lectora Al Venerado Hermano Mons. Domenico Sorrentino (Obispo de Asís, Nocera, Umbra-Gualdo Tadino) Me has informado, querido hermano, de tu iniciativa, que se une en modo especial a la visita que hice a Asís el 4 de octubre de 2013, cuando en el Obispado, me he detenido en la Sala del Despojamiento. Allí se recuerda el gesto del joven Francisco, que se despojó, hasta la desnudez, de todos los bienes terrenos, para donarse enteramente a Dios y a los hermanos. Para poner en la luz aquel singular episodio, has querido erigir, en la Iglesia de Santa María Mayor, antigua catedral de Asís, y en los lugares del Obispado que fueron testimonios del evento, el Santuario del “Despojamiento”. Has agregado así una perla al panorama religioso de la “Ciudad seráfica”, ofreciendo a la comunidad cristiana y a los peregrinos otra gran oportunidad, de la cual se pueden esperar frutos espirituales y pastorales. Me da alegría, por lo tanto, acompañar con una reflexión y una bendición la inauguración oficial que se hará el próximo 20 de mayo. Recuerdo bien la emoción de mi primer visita a Asís. Habiendo elegido, aquella inspiración ideal de mi pontificado, el nombre de Francisco, la Sala del “Despojamiento” me hacía revivir con particular intensidad aquel momento de la vida del Santo. Renunciando a todos los bienes terrenos, él se desvinculaba del encantamiento del dios-dinero que había aprisionado a su familia, en particular el padre Pedro de Bernardone.

6 Ciertamente el joven convertido no tenía intención de perder el debido respeto a su padre, pero sí recordó que un bautizado debe poner el amor a Cristo por encima de los afectos más queridos. En una pintura que decora la Sala del Despojamiento es bien visible el rostro contrariado del padre, que se aleja con el dinero y los vestidos del hijo. El mismo episodio, en la Basílica Superior de San Francisco, es recordado por un fresco de Giotto, que subraya el arranque místico del joven ahora ya proyectado hacia el Padre celeste, mientras el Obispo lo cubre con su manto, al expresar el abrazo materno de la Iglesia. Momento breve de silencio: ¿En qué lugar se encuentra mi amor a Cristo? (Obra de Giotto: Escena del despojamiento de Francisco)

7 Segunda lectora: Al visitar la Sala del Despojamiento, te pedí el poder encontrar sobretodo una representación de pobres. En aquella Sala así elocuente ellos eran testimonio de la escandalosa realidad de un mundo todavía tan signado por la diferencia entre el inmenso número de indigentes, frecuentemente privados de lo necesario y la minúscula porción de propietarios que retienen la máxima parte de la riqueza y pretenden determinar los destinos de la humanidad. Desdichadamente a dos mil años del anuncio del Evangelio y después de ocho siglos del testimonio de Francisco, estamos frente a un fenómeno de “inequidad global” y de “economía que mata” (cfr. Esort. Ap. Evangelii gaudium, 52-60). Propiamente el día anterior a mi llegada a Asís, en las aguas de Lampedusa, ocurría la muerte masiva de migrantes. Hablando, en el lugar del “despojamiento”, también con la conmoción determinada por aquel evento triste, sentía toda la verdad de lo que había testimoniado el joven Francisco: solo cuando se acercó a los más pobres, en su tiempo representados sobretodo por los enfermos de lepra, ejercitando hacia ellos la misericordia, experimentó “dulzura en el alma y en el cuerpo” (Test, FF 110). El nuevo Santuario asisano nace como profecía de una sociedad más justa y solidaria, mientras recuerda a la Iglesia su deber de vivir, sobre las huellas de Francisco, despojándose de la mundanidad y revistiéndose de los valores del Evangelio.

8 Repito lo que dije en la Sala del Despojamiento: “Todos somos llamados a ser pobres, a despojarnos de nosotros mismos; y para esto debemos aprender a estar con los pobres, compartir con quien es privado de lo necesario, tocar la carne de Cristo! El cristiano no es no que se llena la boca con los pobres, no! Es uno que los encuentra, que los mira a los ojos, que los toca”. Hoy es más que nunca necesario que las palabras de Cristo caractericen el camino y el estilo de la Iglesia. Si en tantas regiones del mundo tradicionalmente cristianas se verifica un alejamiento de la fe, somos por tanto llamados a una nueva evangelización, el secreto de nuestra predicación no está tanto en la fuerza de nuestras palabras, sino en la fascinación de nuestro testimonio, sostenido por la gracia. Y la condición es que no desatendamos las indicaciones que el Maestro dio a sus apóstoles en el discurso sobre la misión, invitando a la generosidad de los evangelizadores y a la solicitud fraterna: “Gratuitamente han recibido, den gratuitamente. No lleven oro ni plata ni dinero en sus cinturas, ni bolsas de viaje, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque quien trabaja tiene derecho a su alimento” (Mt 1,8-10).

9 Hemos elegido la humildad franciscana, Traemos a la memoria y al corazón, a los hermanos más pobres que el Señor pone “hoy” en nuestro camino: ¿Cómo es mi actitud y comportamiento hacia ellos? ¿Salgo a su encuentro? ¿Los miro a los ojos? ¿Los toco? ¿Tengo gestos de misericordia hacia ellos? ¿Me “despojo” de mi misma (mis cosas, mis ideas, el trabajo que yo hago mucho mejor que los demás, mi tiempo, ) para dar “espacio” y acogida a los hermanos y hermanas? Cantamos o rezamos: Hemos elegido la humildad franciscana, ser y sentirnos iguales a todos, con el calzado de ser apóstol, tanto en la prueba como en la paz, con la verdad evangélica y nueva, prontas a cosas siempre verdaderas Ve por las calles e invita a la cena Llama a los pobres, mi casa esté llena

10 Tercera lectora Francisco de Asís lo tenía bien claro. Lo había asimilado en la meditación del Evangelio, pero sobretodo en la contemplación del rostro de Cristo en los leprosos y en el Crucifijo de San Damián, del cual había recibido el mandato: “Francisco, ve, repara mi casa”. Sí, como en el tiempo de Francisco la Iglesia tiene siempre necesidad de ser reparada. Esta por eso es santa en los dones que recibe de lo alto, pero está formada por pecadores, y por lo tanto está siempre necesitada de penitencia y de renovación. ¿Y cómo podría renovarse, si no es mirando a su “desnudo” Señor? Cristo es el modelo originario del “despojamiento”, como tú querido hermano, has querido evidenciar, promulgando tu carta de institución del nuevo Santuario en la solemnidad de la Navidad. En el Niño de Belén la gloria está como escondida. Será aún más velada sobre el Gólgota. “Tengan ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús: El, siendo de condición divina, no retiene como privilegio el ser como Dios, sino que se despojó a si mismo asumiendo una condición de siervo, haciéndose similar a los hombres. Siendo hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (Fil 2,5-8). De la Navidad a la Pascua, el camino de Cristo es todo un misterio de “despojamiento”. La Omnipotencia, de algún modo, se eclipsa, para que la gloria del Verbo hecho carne se exprese sobretodo en el amor y en la misericordia. ¡El despojamiento es un misterio de amor! Este no desprecia la realidad del mundo. ¿Y cómo podría? El mundo viene todo de las manos de Dios. Francisco mismo nos invita, en el

11 Cántico del Hermano Sol, a cantar y a custodiar la belleza de todas las criaturas. El despojamiento nos hace usar las cosas de este mundo en modo sobrio y solidario, con una jerarquía de valores que pone al amor en el primer lugar. Se debe despojar, en sustancia, más que de las cosas, de sí mismo, sacando el egoísmo que nos hace apegarnos a nuestros intereses y a nuestros bienes, impidiéndonos descubrir la belleza del otro y la alegría de abrirle el corazón. Un camino cristiano auténtico no lleva a la tristeza, sino a la alegría. En un mundo signado de tanta “tristeza individualista” (Evangelii gaudium, 2), el Santuario del Despojamiento se propone alimentar en la Iglesia y en la sociedad la alegría evangélica, simple y solidaria. De la Encarnación a la Pascua, Jesús es el modelo del “despojamiento”. A Él debemos contemplar para renovarnos sea personalmente, o como Comunidad/ Provincia, como Iglesia. Expresamos en forma espontánea los aspectos que creemos que necesitan ser reparados y/o renovados. A cada expresión repetimos: “Renuévanos, Señor, con la alegría evangélica”

12 Cuarta lectora: Un aspecto bello del nuevo Santuario se debe a que, en el evento del despojamiento de Francisco, emerge también la figura de un Pastor, el Obispo Guido, que lo había probablemente conocido, y por lo tanto acompañado en su camino de conversión, y ahora lo acogía en su elección decisiva. Es una imagen de maternidad de la Iglesia que merece ser redescubierta, mientras la condición juvenil, en un cuadro general de crisis de la sociedad, pone interrogantes serios que he querido poner en el centro, anunciando un especial Sínodo. Los jóvenes tienen necesidad de ser acogidos, valorizados y acompañados. No hay necesidad de tener miedo de proponerles a Cristo y los ideales exigentes del Evangelio. Pero se necesita para esto ponerse en medio de ellos y caminar con ellos. El nuevo Santuario adquiere de esta manera también el valor de un lugar precioso donde los jóvenes puedan ser ayudados en el discernimiento de su vocación. Al mismo tiempo los adultos son llamados a estrecharse en unidad de acciones y de sentimientos, para que la Iglesia haga emerger siempre más su carácter de familia, y las nuevas generaciones se sientan sostenidas en su camino. Bendigo por tanto de corazón el nuevo Santuario, extendiendo mi bendición a los peregrinos que lo visitarán y a la entera comunidad diocesana. La Virgen Santa, a la cual el Santuario queda dedicado, haga sentir toda su materna protección. Francisco -16 de abril 2017, Pascua de Resurrección-

13 ORACIÓN FINAL (Juntas) Padre Misericordioso, ayúdanos a “ser el rostro materno de tu Iglesia” en medio de nuestros hermanos; especialmente de los jóvenes: queremos “caminar con ellos, proponerles los valores exigentes del Evangelio y acompañarlos en el discernimiento de su vocación”. Te lo pedimos en el Nombre de Jesús, tu Hijo; y confiadas en la acción de tu Espíritu que renueva todas las cosas. Amén Jóvenes que han visitado la Tumba de Madre Giovanna junto a sus catequistas. Lindo encuentro donde compartimos sobre la vocación religiosa y la espiritualidad de San Francisco