POEMA DE HUMBERTO DE LA GARZA. ESPRONCEDA Naciste en forcejeos de noches desalmadas con la voz del cosaco en graves ascendientes. Llegaste de mesetas.

1 POEMA DE HUMBERTO DE LA GARZA ...
Author: Francisco José Araya Olivares
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1 POEMA DE HUMBERTO DE LA GARZA

2 ESPRONCEDA Naciste en forcejeos de noches desalmadas con la voz del cosaco en graves ascendientes. Llegaste de mesetas regidas por espadas ofreciendo holocausto a los hombres valientes.

3 Bailaban en tu juicio pesadillas ahorcadas, y dentro de tus ojos, calaveras sonrientes. Y en la ación de la silla que la historia embelesa traías el retrato de tu amada Teresa.

4 . El Paladín del Cielo que a todos nos protege degollando implacable la perversión del sueño; venía con tus frailes y tropas excelentes en medio de beato y militar estruendo.

5 Espoleabas ijares de místicos corceles en las calladas aguas donde respira el verso. Vibrabas en redobles de mágicos tambores con el ritmo perfecto de tus estrofas nobles.

6 Los tosidos de sol y bostezos de luna regían el movimiento de tu inmensa fragata, Y en los espejos grandes de marina fortuna destacaba furiosa tu imagen de pirata.

7 Las naves del tesoro caían una a una cuando tu cañoneo les daba serenata. Y el divino celeste que a Judíos embelesa te hacía recordar los ojos de Teresa.

8 Manifiesto a la orilla de las épicas grandes, arena de proezas que engendró la mañana, español fantasmal de los tiempos de antes, europeo Quijote, con europeas armas: tu arcabuz demencial resonaba en el aire con el macabro grito de funerales arias.

9 Corrían las estrofas por tus largas arterias como el vino furioso que marea a la tierra. La óptima energía de tu sangre española era un extenso mar donde nada se estanca; ahí se concibieron Elvira la manola

10 Tu estrofa se irisaba en la parroquia sola donde monjes cantaban su plegaria más blanca. ¡Tu pluma destellaba con la finura expresa que obtuvo del semblante de su amada Teresa!

11 Los árboles dormidos, sin luces en las copas, soñaban con el beso lejano de los aires. Tu efigie desataba, fervor en otras bocas, que no eran la soñada por tus ardores grandes.

12 La creativa llama de productivas horas, llegaba a la presencia de tus jóvenes tardes; y al hundirse en la sombra de tu negra melena surgía como otra llama en melena más negra

13 Marea roja de estrellas, tu espíritu fecundo; oraba intensamente, como judío converso. Tu centelleante ritmo en el verso profundo sacudía las fibras de todo el universo.

14 El joyel negro, alado, de tu gran “Diablo Mundo” en un mar de penachos fulguraba diverso. Tu amarga voz llegaba con la eterna tristeza de aquel rostro afligido que llamabas: "¡Teresa!"

15 Pájaro grande, enorme, al extender tus alas exhibiste poder; innato en la Poesía. Cruzaste la frontera de pasiones humanas llevando contrabando de oscura pesadilla. Dejaste el cargamento en las llamas que abrasan puertas de los instantes donde nace la vida. No sentías fluir la sangre por tus venas; pero sí luz de los rayos dictándote poemas.

16 Movimiento inventado en ruidosa bahía donde el eje amoroso es único testigo. ¿Escuchas desde afuera al giratorio día? ¡Tú no rodaste al fondo del último castigo! En el otro hemisferio; sonríe con alegría, el tiempo sigue siendo de tu genio, el amigo. Y el sol descomunal, que todo lo emboveda, custodia tu gran obra... ¡Genial José Espronceda!