1
2 Por qué sufre el justo Automático
3 ¡Qué bueno es Dios para el justo, el Señor para los limpios de corazón!
4 Pero yo por poco doy un mal paso, casi resbalaron mis pisadas:
5 porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.
6 Para ellos no hay sinsabores, están sanos y orondos;
7 no pasan las fatigas humanas, ni sufren como los demás. […]
8 Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber, se va a enterar el Altísimo?"
9 Así son los malvados: siempre seguros, acumulan riquezas.
10 Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos?
11 ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana? […]
12 Meditaba yo para entenderlo, porque me resultaba muy difícil;
13 hasta que entré en el misterio de Dios, y comprendí el destino de ellos.
14 Es verdad: los pones en el resbaladero, los precipitas en la ruina;
15 en un momento causan horror, y acaban consumidos de espanto. […]
16 Cuando mi corazón se agriaba y me punzaba mi interior,
17 yo era un necio y un ignorante, yo era un animal ante ti.
18 Pero yo siempre estaré contigo, tu agarrarás mi mano derecha,
19 me guías según tus planes, y me llevas a un destino glorioso.
20 ¿No te tengo a ti en el cielo? Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
21 Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo.
22 Sí: los que se alejan de ti se pierden; tú destruyes a los que te son infieles.
23 Para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi refugio,
24 y contar todas tus acciones en las puertas de Sión.
25 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo