San Sebastián 20 de Enero.

1 San Sebastián 20 de Enero ...
Author: Alejandra Natalia Quintana Calderón
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1 San Sebastián 20 de Enero

2 Fue San Sebastián uno de los más ilustres mártires que tuvo Roma en el siglo III.

3 También es uno de los santos más universales en títulos de iglesias o en capillas e imágenes. La razón se debió sobre todo, porque a partir del siglo VII se le invocaba como principal protector contra la enfermedad de la peste.

5 Un poco de historia: Después de la persecución de Valeriano, el emperador Galieno, su sucesor, hacia mitad del siglo tercero, dirigió un rescripto a los obispos por el que les permitía reanudar el culto cristiano y ocupar las iglesias que unos años antes les habían sido confiscadas. Los emperadores siguientes respetaron aquel rescripto y el cristianismo gozó de un largo período de paz.

6 Durante los años que transcurrieron del 260 hasta finales de ese siglo III, la Iglesia completó la organización por todo el Imperio y afianzó su prestigio. Había muchos cristianos en todas partes: llegando a ser mayoría en algunas ciudades de Asia Menor. Los había entre los funcionarios públicos, entre los cargos palatinos y en la milicia.

7 En ese tiempo fácil para el cristianismo, nacía san Sebastián.Nació en la ciudad de Narbona hacia el año 256, siendo su padre originario del Languedoc, en la Galia, y su madre, de Milán. Pronto vivieron en Milán donde Sebastián recibió una educación esmerada en la religión cristiana, que ya profesaban sus padres.

8 De muy joven emprendió la carrera militar, ya que su padre era militarDe muy joven emprendió la carrera militar, ya que su padre era militar. Yendo a vivir a Roma, su dulzura, su prudencia, su apacible genio, su generosidad y otras bellas cualidades que poseía hicieron que pronto fuera conocido en la Corte imperial. Y llegó a capitán de la primera cohorte de la guardia pretoriana, cargo que sólo se daba a personas ilustres.

11 Sucedía eso a fines del siglo IIISucedía eso a fines del siglo III. El Imperio era gobernado por Diocleciano, hombre inteligente pero escéptico. Gobernaba sobre todo en Oriente, dejando Italia y todo el Occidente en manos del emperador Maximiano, vanidoso e inculto. Fue éste el primero que emprendió la depuración de elementos cristianos en sus tropas.

12  A los oficiales se les degradaba de momento; los veteranos eran echados ignominiosamente del Ejército. Han llegado hasta nosotros los nombres de varios mártires pertenecientes a la milicia: Maximiano en Tebaste, Víctor en Marsella, Marcelo en Tánger, el veterano Julio en Mesia, Emeterio y Celedonio en Calahorra. Hubo también mártires del ejército en Roma.

14 Sebastián era un soldado valiente y muy apuesto, que formaba parte de la guardia del palacio imperial. Se dice que era muy apreciado por el emperador Diocleciano, porque tenía un aire guerrero y a la vez sumiso. Se atraía las simpatías de cuantos le iban conociendo. No es extraño, pues, que Diocleciano le hiciese capitán jefe de su guardia personal, y le distinguiese con otros honores.

15 Sebastián, como capitán de la guardia pretoriana, era respetado por todos y apreciado por el emperador. Lo que ignoraba éste es que Sebastián fuera cristiano de corazón. Cumplía con la disciplina, pero no tomaba parte en los sacrificios a los dioses ni en otros actos que fueran de idolatría.

16 No exteriorizaba su fe íntima; aunque se valía de su posición privilegiada para ejercer el apostolado seglar entre los compañeros de milicia y en ayudar ocultamente a los cristianos.

17 Dicen que habiendo recibido el sacramento de la Confirmación, sentía más el deseo de ser soldado de Cristo. Para ello estaba dispuesto al martirio. Mientras tanto hacía grandes servicios a la Iglesia, socorriendo y alentando a los cristianos que eran perseguidos. En esto empleaba su autoridad y sus bienes, sin perdonar trabajos ni fatigas.

18 Era el apóstol de los confesores y de los mártiresEra el apóstol de los confesores y de los mártires. La muerte de cada mártir de los que Sebastián alentaba, acompañándolos hasta el cadalso, era un nuevo sacrificio que hacía de su propia vida. Cada instante la renunciaba, por que los demás no renunciasen a la fe de Jesucristo.

19 Entraba en los subterráneos de las Catacumbas, favorecía a sus correligionarios en la corte, huía, cuando le era posible, del coliseo y del anfiteatro, y en sus gestos, en sus palabras, en su vida, tenía una dignidad y una nobleza que no parecían propias de un soldado a quien sonreían una juventud lozana y un porvenir brillante. En el entusiasmo de su ideal religioso, aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían para propagar la fe entre sus compañeros de armas.

20 Era un apóstol, un propagandista, cuya palabra ardiente sostenía a los que vacilaban, llevaba la luz a los que caminaban en la duda, llenaba de valor a los que se preparaban para luchar. No había dejado de ver la tormenta que se avecinaba; pero, lejos de infundirle temor, aquello le enardecía más aún, y poco a poco sentía que la gracia del martirio iba madurando en su pecho.

21 La conducta de San Sebastián no era de cobardía, sino de cautela, y estaba de acuerdo con lo que, en distintas ocasiones, habían exhortado los prelados. El martirio se podía pedir a Dios, pero no se debía provocar, pues eso hubiera sido tentar a Dios, obligándole a conceder unas gracias especialísimas fuera de lo ordinario. El proceder de Sebastián fue, pues, el de simultanear, mientras pudo, el cargo de soldado del emperador pagano con el otro cargo de soldado de Cristo.

22 Se fue haciendo más manifiesto su proceder como cristiano cuando tuvo que intervenir de un modo especial en sostener la fe de dos caballeros romanos, Marco y Marceliano, hermanos mártires, cuyo sepulcro ha sido identificado no hace mucho cerca de la catacumba de San Sebastián.

23 Cuando fueron apresados los hermanos Marcos y Marcelino a causa de su fe cristiana, y después de haber soportado heroicamente la tortura, iban a ser degollados, he aquí que su padre Tranquilino y su madre Marcia, ambos gentiles, acompañados de las mujeres e hijos de los confesores de la fe en Cristo, se echaron a los pies de Cromacio, prefecto de Roma, y con ruegos y lágrimas obtuvieron de él que aplazase la ejecución por espacio de un mes.

24 Durante este período de tiempo aquellos familiares de Marcos y Marceliano pusieron todos los medios para que renegasen de la fe cristiana y de esta forma poder conservar la vida. Ante tantas súplicas y gemidos de sus seres más queridos los dos hermanos estaban flaqueando en la fe. Lo advirtió enseguida Sebastián que los visitaba con frecuencia, y consiguió de Dios sostener los áni-mos de los dos hermanos.

25 No sólo consiguió Sebastián que no flaquease la fe de los dos hermanos, sino que sus padres y otros familiares se convirtiesen. También se convirtió Nicóstrato, que era oficial de Cromacio, el prefecto de Roma, con su mujer Zoe, a quien Sebastián había curado su mudez haciéndole la señal de la cruz sobre su boca.

26 Pero el mayor de todos los prodigios fue la conversión de Cromacio, el prefecto de Roma. Éste mandó llamar a Tranquilino para saber si sus hijos se habían dejado persuadir de sus súplicas y lágrimas. Sorpresa grande se llevó cuando supo que el mismo Tranquilino se había hecho cristiano.

27 El prefecto le preguntó: ¿te atreverás a probarme concluyentemente la verdad de la religión cristiana? – Le dijo Tranquilino: Sí, con tal que quieras prestar oídos dóciles y humildes a las palabras de Sebastián y  mías. Con esto Cromacio llamó a Sebastián.

29 Cromacio aceptó. Se convirtió, y con él, toda su familiaCromacio aceptó. Se convirtió, y con él, toda su familia. Y también cuatrocientos esclavos suyos recibieron el bautismo y fueron puestos en libertad. Destruyó más de doscientos ídolos. Pero no se curó. Al quejarse a Sebastián, éste le preguntó: ¿Pero has destruido todos los ídolos? Cromacio respondió afirmativamente. Entonces Sebastián le dijo: Sin embargo, has conservado un amuleto de cristal que aprecias mucho y es muy valioso: por eso Dios no te ha concedido la curación. Poco después, Cromacio rompió el amuleto y quedó curado de su dolencia.

30 Días después, la persecución contra los cristianos se hizo más intensaDías después, la persecución contra los cristianos se hizo más intensa. Se vio la conveniencia que Cromacio, después de haber renunciado al cargo público que tenía, se retirase a la campiña, donde su casa sería asilo de los fieles perseguidos. Todos los cristianos persuadían a Sebastián que también se fuese de Roma, pero él prefirió quedarse en Roma para animar y socorrer a los muchos fieles que estaban en las cárceles.

31 El papa Cayo le dijo estas palabras: Quédate en buena hora, hijo mío, en el campo de batalla; y en traje de oficial del Emperador sé glorioso defensor de la Iglesia de Jesucristo.

32 Un infeliz apóstata dio parte al sucesor de Cromacio en la Prefectura de Roma de la condición cristiana de Sebastián. Y que era él el que convertía a los gentiles, y el que mantenía en la fe a los cristianos. El Prefecto no se atrevió a arrestarle, por el elevado empleo que ocupaba en la Corte, hasta dar parte al emperador, informándole de la religión y del celo ardiente del primer capitán de sus guardias.

33 Sebastián fue apresado en el momento en que enterraba a otros mártires, conocidos como los “Cuatro Coronados”.

34 Al fin Sebastián compareció delante del emperador.Maximiano, hombre tosco y sin educación ninguna, que apenas sabía expresarse en un latín decente, le habló con su lenguaje vulgar y soez. Las creencias religiosas de Sebastián equivalían para él a la más negra traición. Parecíale un milagro que un cristiano hubiera estado mandando a los hombres de su guardia y que él estuviese con vida.

35 El emperador recriminó a Sebastián por su ingratitud, sobre todo por haber intentado irritar la cólera de los dioses contra el emperador y contra el imperio, introduciendo hasta en su mismo palacio una religión, como él decía, tan perniciosa al Estado.

36 Respondió Sebastián con el mayor respeto, que, a su modo de entender, no podía hacer servicio más importante al emperador y al imperio que adorar á un solo Dios verdadero; y que estaba tan distante de faltar a su deber por el culto que rendía a Jesucristo, que antes bien nada podía ser tan ventajo-so al príncipe y al Estado como tener vasallos fieles que, menos-preciando á los dioses falsos, hiciesen oración incesantemen-te al Soberano Señor y Creador del Universo por la salud del emperador y del imperio.

37 No soportó el emperador aquel desaire y le amenazó con la muerteNo soportó el emperador aquel desaire y le amenazó con la muerte. Pero Sebastián sentía por todo su ser la gracia sacramental de la confirmación que le empujaba al martirio y no dio el brazo a torcer. En vista de ello, Maximiano le condenó, sin más dilación, a morir asaeteado por los mismos soldados de la guardia.

38 La pena ordenada por el Emperador era que Sebastián fuera atado y cubierto de flechas en zonas no vitales del cuerpo humano, de forma que no muriera directamente por los flechazos, sino que falleciera al cabo de un tiempo, desangrado, entre grandes y largos dolores.

40 Una crónica antigua dice así:“El primer arquero tendió su arco y, rápida, una flecha quedó clavada y vibrando en el cuerpo de Sebastián. Cada uno de los otros cuatro arqueros disparó sucesivamente. Todos estaban radiantes de entusiasmo mientras el valeroso mártir, ofrecía a Dios su sacrificio”.

41 Hay otra crónica mucho más moderna que dice: “El grupo de arqueros bárbaros cubre sus miembros atléticos de una selva de flechas;

43 sus ojos se clavan en el cielo suplicantes e indulgentes;

45 Hasta que las fuerzas faltan, la vida se agota, y el rostro cae sobre el pecho, erizado de hierros punzantes.

47 Así, pues, los verdugos lo dejaron y, creyéndole muerto, es abandonado atado al árbol del suplicio.

48 Sin embargo, vivía aún. Sus íntimos, que estaban al acecho, fueron allí con la idea de poder enterrar el sagrado cuerpo. Su sorpresa fue grande al encontrarlo vivo aún. Lo desataron y lo recogieron.

49 Lo llevaron a casa de una santa matrona, viuda del mártir Cástulo, que lo escondió en su propia casa y le curó con mucho cuidado las heridas.

50 Esta santa mujer se llamaba Irene, y en los catálogos antiguos su nombre se encuentra entre los santos del día 22 de enero.

51 Alguna crónica dice que fue la misma santa Irene quien fue en busca de Sebastián, a quien encontró moribundo y le atendió como pudo.

52 Luego pediría ayuda para llevarlo a su casa.

53 Pasado un tiempo, Sebastián quedó completamente restablecido.

54 Sus amigos le aconsejaban que se ausentara de Roma; pero Sebastián, lleno de la fortaleza cristiana, fue a buscar al emperador, y esperándole en una escalera, que llamaban el mirador de Heliogábalo, le dice: “¿Es posible, señor, que eternamente os habéis de dejar engañar de las calumnias que perpetuamente se están inventando contra los pobres cristianos?”

55 El emperador al principio quedó atónito al ver a un hombre que creía estar muerto. Pero reaccionando de forma colérica, mandó que le llevasen al circo ó hipódromo de su palacio, y que allí fuese públicamente apaleado hasta que expirase. Así se ejecutó con rapidez. Con este cruel suplicio pasó su alma á recibir en el Cielo la corona del martirio.

57 Esta vez, los soldados se aseguraron bien de que Sebastián estuviera bien muerto. Y para que sus amigos no pudieran enterrarle de una manera digna, los soldados echaron el cuerpo en una cloaca de la ciudad. Mas los cristianos fueron de noche, lo recogieron y enterraron en un cementerio subterráneo de la vía Apia.

58 Parece ser que el mismo san Sebastián se apareció aquella misma noche a una dama virtuosa, llamada Lucina, para que recogiera su cuerpo, indicando donde estaba.

59 El hecho es que el cuerpo del ya santo fue sepultado en un cementerio subterráneo de la Via Apia romana, que hoy lleva el nombre de Catacumba de San Sebastián. Durante el siglo IV, cuando la Iglesia pudo desenvolverse con toda libertad, se erigió una pequeña iglesia subterránea en el lugar de la tumba. 

60 En la parte superior edificaron, por el mismo tiempo, otra basílica de mayores proporciones, dedicada a San Pedro y San Pablo, pues desde el siglo anterior se venía dando culto a los dos apóstoles en aquella catacumba. Esta basílica cambió de nombre en el siglo IX y lleva desde entonces el del mártir san Sebastián.

62 El culto a San Sebastián como protector contra la peste data de muy antiguo. En el año 680, la ciudad de Roma, estaba infectada de este mal. Entonces erigieron un altar con la imagen del Santo en la basílica de San Pedro. La gente fue a invocarle y, según rezan las crónicas, la peste cesó al punto. El hecho se divulgó rápidamente y desde entonces es invocado en todas partes.

63 Las flechas, que habían sido el instrumento del principal suplicio, se convirtieron en su atributo y le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones: arqueros y ballesteros; tapiceros, por la similitud de las flechas con las gruesas agujas de tapicería; y vendedores de hierro, porque las puntas de flecha eran de hierro.

64 Para muchos, la peste era igual que una lluvia de flechas que un dios irritado lanzaba contra los hombres como castigo por sus pecados. Así aparece en la mitología griega, pues la Iliada describe a Apolo disparando flechas infectadas con la peste sobre el campamento griego durante la Guerra de Troya.

65 También la iglesia romana, desde muy antiguo, tiene a san Sebastián como uno de los santos protectores contra los enemigos de la fe. La inscripción antigua de su sepulcro dice así: «A Sebastián, mártir y campeón de Cristo, defensor de la Iglesia, terror de la peste».

66 Nosotros, además de pedir a san Sebastián que siga intercediendo ante el Señor por la Iglesia, debemos ver su fortaleza en la fe y aprender esa fortaleza en los momentos sencillos y en los más difíciles.

68 Cuánto te amo, Señor, Automático

69 eres mi fortaleza,

70 mi escudo y mi refugio eres tú,

71 Tú eres el Dios de mi vida.

73 tú eres mi fortaleza.

74 mi fortaleza.

75 Dios, mi

76 mi Dios.

77 Yo te busco.

78 Sed de Ti tiene mi alma.

79 Tu amor es mejor que la vida,

80 mis labios te glorifi-carán

82 bendecirte,

83 levantar mis manos en tu nombre.

84 Tu diestra me acoge y me sostiene.

91 tú eres mi fortaleza

92 Que todos lo podamos decir con María a Jesús en Belén.AMÉN