1 "Semana Santa". junto a María…
2 Ella sabía que su hijo cruzaba la hora más triste y amarga.Los apóstoles dormían en la hora más triste de Jesús en esta tierra. La excusa: tenían sueño. Pero Jesús moría... Sólo un apóstol velaba: el traidor. Otra alma estaba en vela, orando con lágrimas profundas en su rostro: María. Los corazones que aman, aunque no vean, saben.
3 Esa noche fuiste toda para Jesús moribundoEsa noche fuiste toda para Jesús moribundo Tu corazón, tu amor, tu oración lo mantuvo. Como cuando era un niño le animaste a repetir aquellas palabras: “Tu voluntad, Señor”. Palabras que Él se sabía muy bien, pero que en el océano de dolor y abandono en que navegaba, era casi incapaz de balbucir.
4 Tú se la transfundiste a los futuros mártires.Tú recogiste, en tu corazón, aquella sangre de tu Hijo. Tú se la transfundiste a los futuros mártires.
5 Tú supiste de Judas. Con una voz que hubiera amansado a la fiera más salvaje, le querías decir: “¡Judas, Él perdona!” ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre? Sí, todos llevamos en los labios el beso de Judas, te pido me concedas, si soy una fiera humana, la ternura que manifiesta un tigre con sus cachorros. Jamás permitas en mí la reedición del apóstol reconocido como “el traidor”.
6 Tú supiste de Pedro, de sus lágrimas y las tuyas se calmaronTú supiste de Pedro, de sus lágrimas y las tuyas se calmaron. Era un apóstol herido, pero salvado. Eras la Madre de la Iglesia, y si por alguien debías rogar era por el Vicario de tu Hijo. Cuántas victorias finales habrás de lograr con apóstoles heridos. Pero Cristo ha rogado por ellos y Tú has intercedido también. Yo quiero ser uno de esos a quien tu intercesión salve.
7 Supiste que lo aprehendieron y lo llevaron al Sanedrín, a Pilatos y a Herodes... La espada entró casi hasta la empuñadura en tu corazón. La hora tan temida, la hora que tú trataste de detener con tu amor ha llegado. Eras una herida total por tu Hijo.
8 María veía el cuerpo de su Niño desgarrado.Tú sabías lo que era una flagelación. Pero ahora era tu Hijo. Lo veías con la pupila abierta y enrojecida: El cuerpo de tu Niño desgarrado.
9 Pecadores somos. La terrible ofensa se mide por lo terrible del martirio. La flagelación hubiera matado a Jesús. Pecadores somos. La terrible ofensa se mide por lo terrible del martirio. La flagelación hubiera matado a Jesús. Jesús resistió, porque aún le quedaban las manos y los pies para la cruz; pero sobretodo porque aún le quedaba amor y capacidad de sufrimiento para los pecadores más empedernidos.
10 Con los primeros cien azotes fueron derritiéndose la mayoría de los pecados. Pero fue necesario llegar a ciento veinte, contados en la Sábana Santa, para ablandar a los de piedra ¿A qué azote llegaron mis pecados?
11 Terrible dolor, infinito amorTerrible dolor, infinito amor. Aquí cayó aquella religiosa mediocre, de nombre Teresa, al exclamar: “Ahora comprendo de qué me has librado y cuál ha sido el precio”. ¡El precio! Se decidió a ser santa. Todos los hombres deberíamos entrar al patio de la flagelación y contemplar de cerca, para ver si se nos rasga el corazón para gritar idénticas palabras. Ante la flagelación, como ante la cruz, se debe querer ser santo.
12 Yo tampoco quiero retirar los ojos manchadosYo tampoco quiero retirar los ojos manchados. Quiero que mis ojos a fuerza de mirar cambien mi corazón de piedra; quiero sentir su amor. Aquí han caído grandes pecadores, han muerto grandes canallas y han resucitado santos y mártires. Tu Hijo es un guiñapo, no puede ser contemplado sin horror. Es como uno ante el cual se oculta el rostro, porque no se le puede mirar. Pero Tú no ocultas el rostro, lo amas hoy más a ese Hijo sangrante, semimuerto.
13 Yo también quiero caer muerto de dolor y arrepentimiento y resucitar un santo a la vista de Jesús flagelado por mí. ¡He aquí lo que queda del Hijo del Hombre por haberse atrevido a amar a los hombres hasta el extremo! Dice la Biblia en relación con el hombre perverso: “Dios se arrepintió de haber creado al hombre” Yo te pregunto, Jesús: “¿Te arrepientes de haber amado así al hombre? Yo sé que la respuesta eterna es “¡No me arrepiento!
14 Dolor humillación y gloria de las espinasLas espinas llevaban en su punta cruel un veneno; la humillación, la burla contra el tres veces Santo. “De Dios nadie se ríe” dice la Biblia. Todos se burlaron. Fue un paréntesis que concedió la Misericordia a la maldad de los hombres. Pero las espinas significan tanto amor, perdón y gran misericordia que son benditas. Gritan el amor de Dios a cada uno de los hombres. Me amaste y te entregaste a la flagelación y a la coronación de espinas por mí. Juntaron herida sobre herida, dolor sobre dolor.
15 Perdónanos, aunque a veces sí sabemos lo que hacemos.“Mi Hijo morirá en breve”. ¿Qué mal había hecho? Ninguno. Estaba profetizado y tenía que suceder. La espada de Simeón penetraba. Tus ojos se encuentran con los de tu Jesús; tu amor y el suyo se abrazan en un nudo de dolor y de ternura. Le dices con todo tu ser que estás ahí y estarás con Él hasta el final.
16 El Cirineo le ayuda. Le agradeces, como a todos los que hacen más llevadero tu dolor. Hay muchos Cirineos y Verónicas que ayudan a Jesús en la tarea de la redención. Jesús y María agradecen a todas los que acompañan en el dolor. A los que sufren con amor. Llevamos nuestra cruz hacia la propia montaña del Calvario. Unos reniegan, otros la abrazan; todos cargan su cruz. Esas cruces formarán en el cielo un bosque sagrado que visitaremos de rodillas
17 “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen“.Apagó el incendio de odio. Ciertamente unos no saben, pero otros sí. Y Cristo los perdona a todos, morirá perdonando a todos los hombres. Jesús no sabía odiar, sólo amar. El perdón es una finura del amor. Madre, que escuchaste a Jesús, nosotros te decimos “Perdónanos, Madre, aunque a veces sí sabemos lo que hacemos”.
18 Aceptó ser madre tuya por siempre.La agonía de Jesús fue consciente y eficaz; pues ahí hizo su maravilloso testamento. Ya no es dueño de nada, salvo de su humanidad desnuda y desgarrada Su dignidad era un amor infinito. ¿Será tan difícil amar a un ser que de forma tan heroica, tierna y total nos ha amado? Ese amor es tan tuyo como mío. Dios te amó y se entregó a la muerte por ti.
19 Le quedaban sublimes revelacionesLe quedaban sublimes revelaciones. María fue la fiel Eva que le acompañó siempre: A Belén, a Egipto, hasta el Calvario. Era su Madre, su joya, su fortaleza. Pero ahora se le ocurre – divina ocurrencia- regalárnosla a nosotros. El regalo impresiona por el donador: Dios; y por el receptor: pobres pecadores; y por la joya misma: María. ¡Cuánto amor supuso este regalo! Realmente nos quiere Jesús. Y María, era obediencia total, dijo nuevamente a Jesús: “Sí. He aquí la esclava del Señor, he aquí la madre de los redimidos”. Y dijo sí a cada uno de sus hijos. Me dijo a mí: “Acepto ser madre tuya por siempre”. La herencia recibida de María enriquece inmensamente al más pobre ser humano.
20 Se escucha una petición, queja… súplica: “Tengo sed”Se escucha una petición, queja… súplica: “Tengo sed”. El Mesías pedía un poco de agua, estaba muriendo de sed. Sed del amor de los hombres. Dios - Amor desea que los hombres le digan: “Te amo, Dios mío”. Sed de que todos se salven, de que todos sin excepción se santifiquen, se arrepientan.
21 “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Ello taladró el cielo. Le decía a Quien había proclamado: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias”. Era el grito doloroso de todos los desesperados, suicidas, abandonados, moribundos sin esperanza. Jesús quiso sentir lo que sentirían todos esos desgraciados en los momentos más trágicos.
22 Jesús quiso pedir al Padre en nombre de todos los desgraciados del mundo que se compadeciera. El Padre le respondió: “Todo el que tenga fe en Ti, Hijo predilecto, encontrará la paz y la salvación”. Jesús sintió como hombre y redimió como Dios…
23 Le susurra ahora al Padre: “Misión cumplida”Le susurra ahora al Padre: “Misión cumplida”. He reconciliado a la Humanidad Contigo. He cumplido tu voluntad. ¿Estás complacido de tu Hijo predilecto?” Tan complacido estaba que le extendió sus brazos y su pecho para que reclinara su cabeza y así muriera, pronunciando la última palabra que brotó de su alma:
24 “En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu”“En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu” Luego se dejó caer en aquellos brazos, y expiró. ¿Por quién murió el Hijo de Dios? Jesús se sacrificó por mí, por todos, por amor. Cristo me amó y me ama.
25 Gracias, Señor, por quedarte conmigo.Y el sacrificio de nuestro Señor produjo frutos. Y quedó junto a nosotros. Y está junto a nosotros en cada Eucaristía. Y nace el hombre nuevo en la nueva Comunidad… Gracias, Señor, por quedarte conmigo.
26 Veo pender de la cruz al Redentor del mundo: hasta el extremo lo llevó el ardiente apremio de su amor. Tú renuncias a tus derechos de Madre y libremente afrentas a Cristo para luz y salvación nuestra. Excelsa y santa Madre, tú que presentas a la Víctima, condúceme hasta el Sumo y Eterno Sacerdote…
27 Amén.