1 Viviana Monterroza Montes A la hora en que escribo estas líneas, mi hija ha empezado a tocar media docena de notas en su flauta. Las repite una y otra vez hasta que parecen quedarse pegajosamente prendidas en el ambiente silencioso de la casa a esta hora, las cinco y media de la mañana. Entonces caigo en la cuenta de la variedad de actividades a que está obligada esta cabecita. Anoche antes de acostarse, buscamos la historia de Vasco de Gama; otros días la he visto manejar plastilinas para reproducir sobre una tabla su versión del sistema digestivo, ayer recitaba una y otra vez nombres que yo había sepultado en mi memoria y que me recuerdan viejas lecciones de biología Y sé que esta noche, cuando regrese de mi trabajo la encontraré en el escritorio de su cuarto haciendo alguna tarea o repasando para una evaluación, asistida por su madre que nunca parece cansarse. EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Javier Darío Restrepo
2 Viviana Monterroza Montes EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Si fuera a pensar con egoísmo de padre, protestaría porque unos extraños me están quitando a mi hija, pero la verdad es que le están dando muchas cosas que yo no le puedo dar. Y no me refiero solamente a los conocimientos que trabajosamente asimila en sus clases y repasos. Eso es importante, pero para mí no es lo definitivo. Por ejemplo, si mi hija entra en la vida con dificultades para multiplicar o dividir, o para manejar fraccionarios, eso significa que no deberá optar por una ingeniería en la universidad, y que mejor lo hará en una carrera en que las matemáticas no sean la columna vertebral...Pero si en las clases de matemáticas ella no aprende a amar la exactitud, el dato preciso. La belleza de lo verdadero. Lo justo y lo armonioso, eso sí le hará falta toda la vida y entrará a la edad adulta cojeando fuertemente de un pie y de su espíritu…Sí.. cuando la veo trabajar en sus ejercicios matemáticos no me preocupa tanto que adquiera habilidad con los números; en cambio me entusiasma que así aprenderá a amar lo exacto, lo verdadero, lo justo.
3 Viviana Monterroza Montes EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Lo mismo me pasa cuando la veo dibujar mapas y aprender nombres de otras regiones. Sé que en esa cabeza se va armando la idea del mundo que hay más allá del horizonte familiar, de su ciudad y su región; pero sé que al mismo tiempo está aprendiendo que hay otras gentes, otras costumbres, otros idiomas, otras formas de vida, y eso le amplía el espíritu y se lo dispone para la comprensión y el respeto de los demás. Y esto para mí es lo más importante, aunque eventualmente se le confundan los nombres, las capitales de Austria, Sudáfrica y Vietnam. El otro día la familia asistió al nacimiento de un retoño de fríjol que debía llevar como tarea, la mamá tuvo mucho que ver con el voluminoso herbario, y por ahí han aparecido en frascos y cajas de cartón cucarrones y mariposas…todo para la clase de ciencias. A eso se agregan unas largas sesiones-siempre con la incansable mamá – en que se trata de fijar en esa cabecita nombres y descripciones de las criaturas de la naturaleza. Que si todo esto le sirve para aprender a amar a todas las criaturas vivas y también las inertes, estarán bien invertidos los esfuerzos del aprendizaje.
4 Viviana Monterroza Montes EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Pero si en esa cabecita se quedan grabados nombres, clasificaciones, definiciones y más…y en el corazón no se forma un enorme amor por lo creado y la costumbre de ver en cada cosa la huella de un dios amoroso que las hizo para el beneficio de todos los seres humanos, si eso no le queda, poco me importa que mi hija salga convertida en una despampanante científica. Más bien la querría un poco ignorante en ciencias naturales a cambio que fuera una chiflada por todas las criaturas que viven bajo el cielo. Cuando la veo recordar cada domingo una noticia del periódico, en la que trabaja hasta descubrir la idea principal y las secundarias, confieso que me siento entusiasmado. Sé que es una manera de introducirla en esa innegable floresta de las palabras en donde se disfrutan tantas sorpresas. Me alegra verla manejar el diccionario y descubrir allí, como piedras preciosas, los sentidos de las palabras; seguí de cerca su juego de imaginación el día que escribió su primer cuento, lo dibujó como un libro….
5 Viviana Monterroza Montes EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Pero todas esas actividades de su clase de español serán casi una pérdida de tiempo si ese contacto con las palabras no le crea el respeto por las palabras y la comunicación. Pienso que las palabras se hicieron para tener puentes de comprensión entre los seres humanos, por eso su manejo constante en las clases de español tiene que dejar una afición por la comunicación con los demás y un profundo culto por la verdad, que es el alma de las palabras. Si después de todos sus ejercicios gramaticales mi hija resulta con una alta calificación, pero acostumbra a usar palabras para ofender, para engañar o para disfrazar y ocultar sus pensamientos, si hace uso de la palabra para mentir, yo tendré que pensar que ha perdido una bella materia. Y así podría seguir reflexionando a propósito de todos esos trabajos que integran su pénsum de estudiante de cuarto año.
6 Viviana Monterroza Montes EL OTRO APRENDIZAJE DE MI HIJA Tengo que admitir que todos esos enciclopédicos datos que diariamente trabaja me importan menos que el enriquecimiento que supone cada una de esas materias. Los datos pasan pero su formación como persona permanece. Al fin y al cabo ella, y todas las de su generación, son hijas del mundo en que la cibernética ha destruido muchas dependencias. Ellas dispondrán de todos los recursos que da la informática y las computadoras de modo que una operación matemática, el hallazgo de un dato, el cruce de informaciones, el estudio de unas variables los podrán hacer las máquinas por ellas. En cambio lo bueno, lo justo, lo verdadero, lo espiritual, lo armonioso, eso sólo lo podrá hacer su corazón… Si es que en estos años que estrena corazón, sensibilidad e inteligencia, aprende a hacerlo.